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Jose Rafael Vilar
¡Ay, ay!, las encuestas falladas…
José Rafael Vilar
11 MAYO 2014 Ver más artículos publicados  Volver
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¡Ay, ay!, las encuestas falladas…

«Si no hubiera habido encuestas, no nos hubiéramos creado la expectativa de ganar en primera vuelta.» [Entrevista a Antanas Mockus Šivickas el 31/05/2010, cuando no ganó en primera vuelta electoral.] relojes de buceo

 

¿Recuerda a Aurelijus Rutenis Antanas Mockus Šivickas —Antanas Mockus, exrector general de la Universidad Nacional  de Colombia (recordado, entre otras anécdotas parecidas, por bajarse los pantalones para enseñar su trasero frente a estudiantes manifestantes que le impedían hablar en la misma Universidad Nacional) y efectivo ex alcalde dos veces de Bogotá— y la pifia de las encuestas para las presidenciales colombianas en 2010?

Mockus Šivickas, candidateando por el centrista Partido Verde —hoy Alianza Verde, antes Partido Verde Opción Centro y heredero de la Alianza Democrática M-19, el izquierdista movimiento guerrillero incorporado a la vida política y desmovilizado en 1990—, fue la gran estrella revelación de las encuestas de las firmas más prestigiosas de Colombia (IPSOS–Napoleón Franco, Centro Nacional de Consultoría, Datexco, Invamer Gallup, incluso Universidad de Medellín) para las elecciones presidenciales de 2010, en un crecimiento que provocó titulares como “el tsunami verde se trepó en las encuestas”…

Las elecciones presidenciales colombianas de 2010 arrancaron realmente el 26 de febrero de ese año —“terremoto” político en la víspera del devastador terremoto físico en Chile— cuando la Corte Constitucional rechazó la posibilidad de una segunda reelección del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez y éste delegó en su ministro de Defensa Juan Manuel Santos Calderón la candidatura por el Partido Social de Unidad Nacional —el oficialista Partido de la U. Santos Calderón arrancó como favorito en las encuestas entre los ocho candidatos; sin embargo, muy pronto Mockus Šivickas logró atraer a su candidatura a una parte de la población y, sobre todo, los jóvenes —su campaña fue líder absoluto en redes sociales—, desatando un fenómeno precomicial que se denominó “la ola verde”.

La primera semana de abril de ese año, Centro Nacional de Consultoría le había dado a Mockus Šivickas por primera vez el segundo lugar con 22% detrás de Santos Calderón (37%) y el 15 de ese mes auguraba, para el ballotage, 44 y 49%, respectivamente; al día siguiente, IPSOS–Napoleón Franco les daba 37 y 45%. Fue, con escasas excepciones, la última vez que las encuestas confiaron ampliamente en la victoria final de Santos Calderón porque el cercano 22 de ese mes Centro Nacional de Consultoría ya daba a Mockus Šivickas como ganador de la segunda vuelta con 50% —Santos Calderón: 44%—; para la primera anunciaba que ambos candidatos empataban técnicamente: Santos Calderón con 35% y Mockus Šivickas con 34%.

El 26 de abril, a un mes de las elecciones del 30 de mayo de 2010,  IPSOS–Napoleón Franco anunciaba que Mockus Šivickas lideraba las intenciones de votos para la primera vuelta con 38% de las encuestas —¡18% más! que la realizada dos semanas antes— mientras que Santos Calderón sólo alcanzaba 29%; como ninguno alcanzaba superar la barrera electoral (50%+1), la misma encuesta auguraba su enfrentamiento en ballotage —segunda vuelta— y en esa instancia, el candidato verde obtenía 50% de las intenciones mientras que Santos Calderón sólo obtenía 37%; el 28, Invamer Gallup anunciaba vencedor en ballotage a Mockus Šivickas con 47,9% de las intenciones —Santos Calderón: 42,2%— y el mes cerraba con otros dos pronósticos para la segunda vuelta: el 29 Centro Nacional de Consultoría le dio 53% a Mockus Šivickas  —Santos Calderón: 42%— y el 30 Datexco le asignó 41,5% —Santos Calderón: 29%.

El 6 de mayo, Datexco difundió un estudio que le daba a Santos Calderón el liderazgo en la primera vuelta con 29,5% y a Mockus Šivickas 24,8%. Ya sólo sobre el ballotage, ese mismo día Centro Nacional de Consultoría le asignó a Mockus Šivickas 50%—Santos Calderón: 43%—; el 7 Datexco anunciaba la victoria de Mockus Šivickas por 52% —Santos Calderón: 30,5%. Dos días después, IPSOS–Napoleón Franco “proclamaba” ganador a Mockus Šivickas con 48% —Santos Calderón: 41%—; el 14, Mockus Šivickas “recibía” la victoria por Datexco con 52% —Santos Calderón: 30,5%—; la Universidad de Medellín el 20 anunciaba 41,4% para Mockus Šivickas —Santos Calderón: 36%—; ese mismo día, excepcionalmente en el período precomicial, Centro Nacional de Consultoría dio como ganador a Santos Calderón con un escaso 1% más —47%, contra 46% de Mockus Šivickas. El 21 Datexco invierte ese 1% y vuelve a anunciar ganador a Mockus Šivickas —45%, contra 44% de Santos Calderón— y el 22, en la última publicada antes de la primera vuelta, IPSOS–Napoleón Franco le otorgó 45% a Mockus Šivickas, que vencía a Santos Calderón quien obtenía sólo 40%.

Tras la primera vuelta, que confirmó a Santos Calderón y Mockus Šivickas como los contenientes en la segunda pero con resultados bien diferentes a los de las encuestas: 46,67% para el primero y 21,51% para el segundo, el fiasco de las encuestas se revierte en dos: el 3 de junio, Centro Nacional de Consultoría dio ganador a Santos Calderón con 61,6% —Mockus Šivickas: 29,8%— y el 10 Invamer Gallup anunció la victoria de Santos Calderón con valores muy cercanos a la anterior: 66,5% —Mockus Šivickas: 27,4%. Los resultados oficiales del ballotage el 20 de junio de ese año fueron 69,13% para Santos Calderón y 27,47% para Mockus Šivickas.

¿Por qué esas desviaciones? Tras el primer momento de perplejidad por las grandes diferencias entre las encuestas electorales y los resultados de la primera vuelta —y descartando manipulación de las encuestas o su empleo como propaganda negra (aunque el estratega de la campaña oficialista era J.J. Rendón [Juan José Rendón Delgado], el especialista venezolano en ella)— se definió lo que fue fundamental: Mockus Šivickas era un hombre que convocaba las inconformidades de la clase media y de los jóvenes urbanos pero no tenía un verdadero plan alternativo; Santos Calderón se apoyaba en el establishment, tenía un plan —el oficialista, con cambios más formales que de fondo en lo común— y llegaba firmemente a las zonas rurales. Nada de eso lo supieron medir las encuestas.

(Como otro detalle del error de las encuestas, Germán Vargas Lleras de Cambio Radical —que para la primera vuelta las encuestas le auguraban 3% de los pronósticos— triplicó lo que ese valor y fue tercero con 10,11%.)

Al fin de cuentas, Mockus Šivickas fue un fenómeno “indignado” virtual. Para las próximas elecciones —ahora militante de Alianza Social Independiente (antes Alianza Social Indígena)— declaró que sí le gustaría apoyar al candidato Juan Manuel Santos y votará por él.

Panamá 2014 y la elección entre Jotas

El 4 de mayo reciente, tres candidatos cuyos nombres empiezan con J se disputaron la presidencia de Panamá en los quintos comicios desde la caída del régimen militar en 1989: José Domingo Arias Villalaz (por la alianza de los partidos Cambio Democrático, oficialista y de centroderecha, y el liberal Movimiento Liberal Republicano Nacionalista, MOLIRENA), Juan Carlos Navarro Quelquejeu (Partido Revolucionario Democrático, PRD, izquierda) y Juan Carlos Varela Rodríguez (de la alianza “El Pueblo Primero” entre los partidos Panameñista, socialcristiano, y Popular, democristiano) —se presentaron otros cuatro sin ninguna posibilidad de votación efectiva: Genaro López Rodríguez y los independientes Juan Jované de Puy, Esteban Rodríguez y Gerardo Barroso. En este período democrático, el PRD —“refundado” tras apoyar la dictadura— gobernó con Ernesto Pérez-Balladares González-Revilla y Martín Torrijos Espino y el Panameñista —ex Arnulfista— con Guillermo Endara Galimany y Mireya Moscoso Rodríguez; el actual presidente, Ricardo Martinelli Berrocal, es el primero de Cambio Democrático.

Como en Colombia cuatro años antes para Uribe Vélez, en Panamá el presidente Martinelli Berrocal no pudo cambiar el precepto constitucional que impedía su reelección inmediata —sí posible después de dos períodos intermedios. Elegido presidente como candidato de Cambio Democrático en 2009 con un abrumador 60,11% de los votos útiles y con la meta de profundizar la bonanza económica del país iniciada con la presidente Mireya Moscoso Rodríguez viuda de Arias —del Partido Panameñista— y continuada con su propio antecesor Martín Torrijos Espino —PRD—, Martinelli Berrocal continuó un fuerte programa modernizador de Panamá con éxitos macroeconómicos importantes —PIB 2012 de USD 36,25MM con crecimiento de 10,7% (8,4% en 2013) versus 2,9% en Latinoamérica promedio, uno de los más altos de la Región; inflación de 4,0%; 4% de desempleo; IDH 0,780 en 2013 (5to. en Latinoamérica y 59vo. mundial, compartidos con Cuba)— pero fracasando en reducir significativamente la pobreza en el país —25,3% en pobreza moderada y 12,4% en pobreza extrema (2011)— y la desigualdad —sexto país más desigual de Latinoamérica, el Ínice de Gini del “Dubái de las Américas” en 2011 fue de 0,531 (incrementado sobre 2010 y similar al de 1991) y 20% de la población con más ingresos (quintil más rico) recibe 48,3% del total de ingresos pero 20% con menos (quintil más pobre) sólo 4,4% (2012)—; además, las acusaciones de corrupción dentro de su gobierno y de fomentar un estilo de gobierno personalista fueron minando su credibilidad ciudadana, a pesar de la bonanza económica.

(Todos los datos fueron tomados de BM, CEPAL y PNUD.)

Frente a las elecciones de este año para elegir presidente y vicepresidente, diputados —nacionales y centroamericanos—, alcaldes, representantes de corregimiento, concejales y sus suplentes y ante su imposibilidad de reelegirse, Martinelli Berrocal depositó en su ministro José Domingo Arias Villalaz la responsabilidad de continuar la gestión pero con un “original candado”: como en República Dominicana, donde el presidente saliente Leonel Fernández Reyna le dejó a su sucesor y correligionario Danilo Medina Sánchez la compañía —y cuidado de intereses— de su esposa Margarita Cedeño Lizardo de Fernández como vicepresidente —inobjetablemente con muy buena preparación para el ejercicio público—, en Panamá el presidente saliente le adosó a la candidatura de Arias Villalaz la de su esposa Marta Linares Brin de Martinelli, sin preparación política para el cargo más allá que su ejercicio de esposa del presiente en ejercicio, lo cual posicionó el concepto de “continuismo indirecto” del presidente saliente.

Durante todo el proceso prelectoral, las encuestas favorecieron siempre con el liderazgo a Arias Villalaz, seguido después por Navarro Quelquejeu y con Varela Rodríguez —vicepresidente del gobierno de Martinelli Berrocal y su ex aliado, ahora crítico— a distancia, aunque los últimos pronósticos de IPSOS el 24 de abril —deadline para publicarlas— en simulación de votación ubicaron a Arias Villalaz, por primera vez, en segundo lugar con 33,9% tras Navarro Quelquejeu con 34,2%, diferencia de 0,3% dentro del margen de error de 2,16% que asumió la encuestadora; el eterno tercer lugar fue para Varela Rodríguez con 29,1%, con diferencia respecto de su inmediato de 4,8 ya fuera del error estadístico.

Fuera de este reposicionamiento entre Arias Villalaz y Navarro Quelquejeu, la preeminencia del candidato de Cambio Democrático había sido permanente: También de IPSOS, el 25 de marzo, Arias Villalaz se mantenía en 33% y Navarro Quelquejeu obtenía 32%, mientras Varela Rodríguez estaba en 26%.

Revisando anteriores mediciones, a mediados de febrero Dichter & Neira le daba a Arias Villalaz 39% contra 29% de Navarro Quelquejeu; Datexco le asignaba 43% al oficialista frente a 34% del candidato del PRD, e IPSOS le daba a Arias Villalaz 34% y a Navarro Quelquejeu, 31%. Las tres ubicaban al candidato panameñista en tercer lugar, con intenciones que variaban entre 15 y 25%. Más cerca de los comicios, el 11 de marzo, IPSOS asignaba 37,8% a Arias Villalaz, 32,2% a  Navarro Quelquejeu y un modesto y reducido 23,4% a Varela Rodríguez.

Dos días antes de las elecciones, el presidente Martinelli Berrocal le aseguraba al analista Daniel Zovatto —encabezando observadores internacionales y como Zovatto refiriera a CNN en Español luego de las elecciones— que Arias Villalaz “iba a ganar con 8% de ventaja”. Sin embargo, los resultados electorales —presentados el mismo día de los comicios— le dieron la victoria a quien había sido siempre el tercero: Juan Carlos Varela Rodríguez, con 39,11% de los votos válidos —segundo fue Arias Villalaz con 31,42% (casi la predicción de Martinelli Berrocal… al revés) y tercero Navarro Quelquejeu con 28,10%—; los otros cuatro candidatos obtuvieron, en conjunto, 1,38% de votos efectivos.

Vencedor Varela Rodríguez con el Síndrome del Patito Feo —el permanente tercero fue el mejor— contra Cambio Democrático —y Martinelli Berrocal en particular— y su eficaz gestión macroeconómica confluyeron la baja reducción de la pobreza —5,7% la moderada y 1,7% la extrema entre 2005 y 2011—, la soberbia y copamiento de la Administración, el descuido y abandono de su aliado político —el Partido Panameñista del triunfador y presidente electo Varela Rodríguez, enfrentados durante gran parte del período presidencial— y las denuncias de corrupción —tampoco sirvió la ingente propaganda oficialista destacando que se habían hecho más obras en los últimos cinco años que en los cincuenta anteriores. De todas formas, la futura gestión de Varela Rodríguez se ha definido como de conciliación, llamando a un gobierno de unidad nacional, muy necesario —como para el nuevo presidente de Costa Rica Luis Guillermo Solís Rivera, otro elegido “sorpresivo”— por la escasa elección de parlamentarios de su alianza: 13 de 71.

Como en Colombia en 2010 —y como también este 2014 pasó en Costa Rica (que ganó Solís Rivera, aunque estaba entre tercero y cuarto en las encuestas para la primera vuelta) y El Salvador (para segunda vuelta, los pronósticos de intención daban a Salvador Sánchez Cerén la victoria sobre su oponente con un margen entre 10% y 18% y la diferencia final fue de 0,22%)—, en Panamá 2014 las predicciones fallaron.

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