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Jose Rafael Vilar
Ucrania 🇺🇦: Los fantasmas de Scrooge sobrevuelan desde la tundra
José Rafael Vilar
24 MARZO 2022 Ver más artículos publicados  Volver
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Ucrania 🇺🇦: Los fantasmas de Scrooge sobrevuelan desde la tundra

El 4 de marzo pasado escribí en mi artículo “Claves para entender el putinismo y la ‘Guerra de Putin’” (E-lecciones.net) que: «el Putinismo es la consecuencia del fracaso de Rusia en la transición a la democracia en los años 90 más su legado histórico imperial, ahora convertida en una suverennaya demokratiya», un remedo de democracia, una “democracia imitativa” más que la “democracia soberana” —porque es profundamente antidemocrática— que en 2006 anunció el ideólogo del putinismo Vladislav Surkov.

Hoy, veinte días después de ese artículo y un mes del inicio de la “Guerra de Putin” —la invasión a Ucrania— hay cuatro claves que son verdaderas pesadillas para Putin. Revisémoslas.

  • La guerra ya se perdió

Rusia perdió la “Guerra de Putin” en varios frentes cuando entró en Ucrania hace un mes.

La perdió cuando el avance triunfal hasta Kviv —Kiev para los rusos—, una “campaña quirúrgica”, se convirtió en una agonizante incapacidad para avanzar y tuvieron que sustituir el ganar terreno por los bombardeos indiscriminados cada vez más contra la población civil ucraniana, la misma que no los recibió como los “libertadores” que anunciaba Putin; la perdió cuando su tan celebrada y temida potencia militar encontró un ejército muchísimo más pequeño —y voluntarios decididos a defender su país— enfrentándoseles con bastantes éxitos y haciéndoles retroceder en ocasiones; igual la perdió cuando su temida fuerza aérea no tuvo la capacidad de dominar el espacio aéreo ucraniano, aun sin que hubiera exclusión —¿será que la VVS rusa (la Voyenno-vozdushnye sily Rossii, su fuerza aérea) retacea sus ultramodernos aviones “estrella” (MiG-35, Su-35, Su-57, Su-75 o, inclusive, Tu-160), muchos ya usados en su guerra en Siria, por miedo a perderlos y no poder reponerlos?

También la perdió cuando la logística militar rusa de guerra —de la que hablaremos nuevamente— colapsó. Así pasó cuando los estrategas militares rusos olvidaron la raspútitsa: el mar de lodo —tierra y lluvia o deshielo— que en Ucrania, Bielorrusia y Rusia empantanó los cañones y —años después— los blindados y camiones y frenó y destruyó las invasiones de Napoleón y Hitler. Y, por más, la perdió cuando envió al matadero un ejército de jóvenes conscriptos que no sabían que iban a la guerra sino a unas largas maniobras.

Por eso se ha perdido la Guerra de Putin.

Thomas L. Friedman (“Putin Has No Good Way Out, and That Really Scares Me”, New York Times) pronosticaba el 9 de marzo que, de las opciones que tenía Putin de perder su Guerra “pronto y poco” o “a lo grande y tarde”, la más probable es que perdería “pronto y a lo grande”.

Ocupar Ucrania permanentemente —mix de Lebensraum y fronteras seguras que Putin ha defendido hace años para, desde allí, “recuperar” su Russkiy Mir (Mundo Ruso: el Lebensraum putinesco) anterior al Tratado de 1922 de la URSS— significaría una fuerza de ocupación mucho mayor que los 150 a 190 mil soldados rusos que ahora invadieron el país, imponiendo un gobierno títere enfrentado a su población mayoritariamente opuesta —y estos días ya conocemos los firmes arrestos de los ucranianos— y eso con una imposible economía rusa en función de todo ello, sin contar que Rusia ya es el paria del resto del mundo.

Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord, príncipe de Benevento y uno de los políticos más importantes de Europa en su época, le dijo a Napoleón Bonaparte tras el golpe de Estado que éste ganó el 18 de Brumario (7 de noviembre de 1799): «Sire, on peut tout faire avec une baïonnette, sauf s'asseoir dessus» («Con las bayonetas, señor, puedes hacer cualquier cosa, excepto sentarte sobre ellas»).

  • Rusia es una potencia de papier mâché

Dos razones válidas y contundentes: un ejército de pacotilla y sin economía para sustentarlo.

A toda la argumentación sobre la milicia rusa que entró a Ucrania, quizás sólo me falte agregar algunos pocos más: La logística militar rusa de guerra —y no hablo de armamento sino de alimentación (raciones escasas y vencidas años atrás), transporte, repuestos: las orugas de los tanques rusos, de fabricación china, no tenían stock suficiente de recambio— colapsó (¿acaso no recuerdan la “famosa” columna de blindados rusos de 40 a 60 kilómetros de largo que no ha avanzado en su camino a Kviv?). También la tropa improvisada: un ejército de jóvenes conscriptos —sin experiencia y, seguro, sin moral de batalla— que no sabían que iban a la guerra sino a unas largas maniobras y son la carne de cañón de esta invasión, los muertos de la Guerra de Putin; ¿Qué pensarán las madres o las esposas de estos muertos?

Seis generales muestos hasta el 22/03/2022 acompañan a los soldados fallecidos: cerca de 10 mil muertos y más de 16 mil heridos según el tabloide ruso proKremlin Komsomolskaya Pravda citando fuentes oficiales del Ministerio de Defensa, rápidamente borrado (el Kremlin sólo publicó 498 desde la primera semana). Mientras el periódico en línea ucraniano The Kyiv Independent publicó que serían unos 15.000 rusos fallecidos y prisioneros, sin contar heridos. Por su parte, la inteligencia estadounidense calculaba hasta entonces 7 mil soldados rusos fallecidos y cerca del triple de heridos (si la invasión fue con 150 a 190 mil soldados rusos, más del 10% estaría de baja, sin contar prisioneros ni desertores).

Por último, el 23 la OTAN calculaba 15 mil muertos y otros 25 mil entre heridos, prisioneros, desertores y desaparecidos. Tomando 7 mil como moderado cálculo, esa cifra en un mes representa el 50% de las pérdidas del ejército soviético primero y ruso después (15 mil fallecidos) en su invasión a Afganistán, que duró diez años entre 1979 y 1989. Incluso entonces menos generales murieron. Pero si tomamos la cifra de las 40 mil bajas totales que da la OTAN, sería más del 20% de la fuerza invasora (y, conste, que todos los invasores no son combatientes). A los generales muertos se suman altos mandos purgados por errores, entre ellos del Servicio Federal de Seguridad de la Federación de Rusia (FSB) “por proporcionar inteligencia deficiente”.

  • ¿Economía del Tercer Mundo?

La Federación de Rusia era en 2021, antes de la guerra y las sanciones, la decimoprimera economía mundial. Su PIB ppa (a precios de mercado) en 2020 fue 1.478.570 millones de dólares americanos (el 9,3% menos que los PIBs de Países Bajos y Bélgica unidos, dos países cuya población suma menos de la quinta parte de la de Rusia). Su deuda pública ese año fue de 285.707 millones de dólares americanos (el 19,28% del PIB) y su déficit público entonces representaba el 4,02% del PIB mientras que su PIB per cápita en 2020 fue de 10.115 dólares americanos (puesto 67 del ranking mundial respectivo).

Hoy, el conjunto de las sanciones impuestas hasta ahora por EEUU, la Unión Europea y sus aliados han “pateado ese tablero” y llevado a una caída pronosticada de su PIB este año entre el 5,1% (según Fitch Ratings) y el 7% (según Goldman ¬Sachs, que es en realidad una caída del 9% respecto a su pronóstico anterior a la guerra de crecimiento ruso del 2%). El rublo ha perdido entre el 30% y el 35% de su valor luego de las sanciones y, en conjunto, han acercado al fantasma del primer default de deuda rusa desde la Revolución Bolchevique de 1917

Paul Krugman, premio Nobel de Economía, auguró ante las primeras sanciones y cuando ya se empezaba a notar que “la marcha triunfal” de Putin no tendría la fanfarria esperada: «La economía rusa se encamina a una caída como la Gran Depresión» (“Wonking out: Putin’s Other Big Miscalculation”, New York Times, 4/3/2022), continuando lo que adelantó pocos días antes en el mismo periódico: «Rusia se revela ahora como una superpotencia Potemkin, con mucha menos fuerza real de la que se ve a simple vista» (“Russia Is a Potemkin Superpower”, 01/03/2022).

La apuesta de sobrevivencia económica de Putin y sus estrategas políticos se asentó sobre la gran dependencia del gas ruso por parte de Europa: el 45% del gas que consume la Unión Europea, sobre todo Alemania, Austria e Italia. Pero aunque Putin pudiera (y no lo creo) haber previsto las sanciones más demoledoras posibles contra un país, no contó con que la guerra se prolongaría sin resultados y que llegaría la primavera, dándole margen a Europa para encontrar soluciones a la dependencia del gas antes del próximo invierno, incluidos el uso de GNL de EEUU y el Oriente Medio, potenciar las energías alternativas y detener el cierre de las centrales nucleares.

  • China sí pero puede que China mejor no

Ante el bloqueo de Occidente, la Rusia de Putin volvió su mirada hacia el único posible aliado importante que le quedaba: China. Pero ante esta orientación, las dos preguntas importantes serían éstas: Para China, más allá de lo político —para nada ideológico—, ¿le convendrá a China apostar al colapso de la globalización y a la posibilidad de quedar aislado? Y para Rusia, ¿le beneficiará la relación ampliamente asimétrica con China?

Para lo primero diré que no sobre la base de nuevo de Krugman y de Hu Wei, importante académico y asesor del gobierno chino. Krugman (“Why China Can't Bail Out Putin's Economy”, New York Times, 7/3/2022) señaló cuatro incordios para ese repotenciamiento de la posible integración: China no podría suministrar muchas cosas que Rusia necesita, sustituyendo los productos que le llegan de Occidente (bienes de capital, bienes intermedios, materiales de alta tecnología, repuestos técnicos y materias primas); China está muy integrada en la economía mundial y, por ayudar a Rusia, no estaría dispuesta a ser aislada del resto del mundo; China y Rusia están muy alejadas geográficamente porque la mayor parte de la economía rusa está al oeste de los Urales, mientras que la mayor parte de la china está cerca de su costa oriental, a más de 5.000 kilómetros de distancia y las conexiones de transporte —hoy y en el mediano plazo— son absolutamente insuficientes; por último, Krugman insiste en «la extrema diferencia de poder económico entre Rusia y China»: la economía de China en 2020 era de 14.866.740 millones de dólares americanos, lo que equivale a decir que era el 1.005% de la rusa —o diez veces más grande.

A ello agregaré yo que los dos productos estrellas de Rusia: gas y petróleo, aunque son apetecidos por China, no existen condiciones hoy para su traslado: el nuevo gasoducto (con capacidad muy inferior al gas ruso suministrado a Europa) empezará a funcionar en 2026. No hay ni siquiera un proyecto de oleoducto entre Rusia y China; Rusia no exporta GNL en cantidades significativas —China fue el mayor importador mundial de gas natural licuado en 2021— y, por último, Rusia no tiene accedo a la inmensa mayoría de los buques de transporte GNL por las sanciones impuestas.

Por su parte, Hu Wei alude a lo que denomina entrecomillado “'operación militar especial' de Rusia contra Ucrania” desde una visión de los intereses de China (“Possible Outcomes of the Russo-Ukrainian War and China’s Choice”, US-China Perception Monitor, 12/3/2022), prediciendo del conflicto que «Putin no pueda lograr los objetivos esperados, lo que pone a Rusia en una situación difícil [porque] la guerra relámpago fracasó y Rusia no puede soportar una guerra prolongada y los altos costos asociados [además de que] una guerra nuclear pondría a Rusia en el lado opuesto del mundo entero y, por lo tanto, es imposible de ganar» y concluye afirmando que «esta acción militar constituye un error irreversible» y que Rusia, perdiendo la guerra o incluso ganándola, «sucumbiría ante Occidente, o incluso sería desmembrado aún más, y el estatus de Rusia como gran potencia llegaría a su fin».

La consecuencia que predice Hu Wei para China en su apoyo a Rusia es que quedará «más aislada [y] se encontrará con una mayor contención por parte de EE. UU. y Occidente [porque cuando] Putin caiga, EE. UU. ya no se enfrentará a dos competidores estratégicos, sino que solo tendrá que encerrar a China en una contención estratégica». Por eso define como «la elección estratégica de China» el descargarse de «la carga de Rusia lo antes posible [dejando] de ser neutral y elegir la posición dominante en el mundo [porque su neutralidad] no se aplica a esta guerra, donde China no tiene nada que ganar [y puede] quedar más aislada por Occidente». En resumen, «evitar que Estados Unidos y Occidente impongan sanciones conjuntas a China», más inclusive con la potencial escalada nuclear de Putin «China no solo no puede apoyar a Putin, sino que también debe tomar medidas concretas para evitar las posibles aventuras de Putin».

Leyendo ambas visiones, me queda una pregunta que Putin y su entorno deberían responderse con urgencia: ¿Es China un aliado “envenenado” para Rusia? La gran asimetría entre ambos países —inclusive lo militar tiene muchas de ellas— ¿no convertiría el Russkiy Mir de Putin en una cola de China?

En conclusión: nihil scriptum est. 

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