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Octavio Avendaño
#ChileElectoral 🇨🇱: Cinco propuestas para fortalecer los partidos
Octavio Avendaño
20 MAYO 2022 Ver más artículos publicados  Volver
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#ChileElectoral 🇨🇱: Cinco propuestas para fortalecer los partidos

Existe en la actualidad un claro debilitamiento de los partidos políticos chilenos, acompañado de fuertes críticas y cuestionamientos en la opinión pública. ¿Es posible revertir este debilitamiento? ¿Cómo? este artículo busca contribuir al debate en virtud de su necesidad para un normal funcionamiento de la institucionalidad democrática. Esto último reviste especial relevancia tomando en cuenta, por un lado, lo que se discute actualmente en la Convención Constitucional y, por otro, la necesidad de anclaje de la institucionalidad que sea definida por la nueva Constitución.

Durante las dos últimas décadas se ha ido agudizando la distancia entre los partidos y el conjunto de la sociedad. De manera reiterada, la opinión pública ha venido manifestando una baja evaluación al rol que desempeñan los partidos y el Congreso Nacional. Los partidos han dejado de ser reconocidos como interlocutores válidos, en relación al protagonismo que alcanzan diversas formas asociativas de la sociedad civil, las que van desde grupos de interés y movimientos sociales, algunas de los cuales han adquirido protagonismo y capacidad de incidencia en los procesos de toma de decisiones (PNUD, 2014; PNUD, 2019). El deterioro que evidencian los partidos trae enormes repercusiones desde el punto de vista de la representación, generando a su vez una situación deficitaria que, junto a otras limitaciones y derivaciones del pasado autoritario, afectan al conjunto del sistema democrático en nuestro país (Huneeus, 2014).

Por cierto, la situación que afecta a los partidos chilenos es comparable a lo que ocurre en otros países latinoamericanos, e incluso en varias de las democracias europeas, que registraron en años anteriores el colapso de sus sistemas de partidos, la aparición de movimientos de protestas y de fuerzas antipartidos (Linz, 2004; Ignazi, 2004; Levitsky y Zavaleta, 2019). Con excepción del receso y la proscripción que sufrieron los partidos en los años del régimen autoritario (1973-1990), en Chile no se han conocido situaciones de crisis ni de colapso del sistema de partidos, como ocurrió en Perú, Venezuela y Bolivia, en el transcurso de las tres últimas décadas. Lo más cercano a la crisis ha sido el aumento de la fragmentación en dos importantes momentos de la trayectoria del sistema de partido: en las elecciones parlamentarias de 1953 y de 2017. La fragmentación derivada de la elección de 1953 logró ser revertida en dos de las contiendas parlamentarias sucesivas --de 1957 y 1961--, con la reunificación de algunos partidos, como el socialista, y los efectos que trajeron consigo los acuerdos y reformas electorales de 1958. Como es sabido, aun está pendiente la posibilidad de revertir el cuadro de fragmentación que actualmente afecta al sistema de partidos, cuyos efectos se han manifestado en términos de representación, la ausencia de una adecuada rendición de cuentas (accountability) y problemas de gobernabilidad.

¿Es posible revertir esta situación? Cinco propuestas

La crisis que atraviesan los partidos chilenos en la actualidad se genera bajo el presidencialismo. Si bien, con excepción de los dos gobiernos de Piñera, los partidos conservan un rol decisivo en la definición de los principales cargos públicos, de ministros, subsecretarios, intendentes y gobernadores, van reduciendo el espacio de acción en la gestión de gobierno, propiamente tal. Desde la época del presidente Ricardo Lagos (2000-2006) observamos una clara intención de establecer un distanciamiento entre los partidos y el gobierno, algo que se acentúa en las administraciones posteriores.

  1. De ahí la necesidad de redefinir la forma de gobierno, pensando en la posibilidad de promover mayores espacios para el desenvolvimiento y la mayor participación de los partidos en las decisiones que se adopten desde el Ejecutivo. A diferencia del presidencialismo, el sistema parlamentario incentiva de mejor manera la colaboración y la disciplina partidaria. Se evita con eso el comportamiento díscolo o personalista, porque la suerte de los parlamentarios queda atada a la suerte del gobierno y del primer ministro. Si cae el gobierno, caen también los parlamentarios (si eventualmente se debe llamar a nuevas elecciones). Si se modifica la forma de Estado, hacia algo más descentralizado, se podría pensar en fortalecer la presencia de los partidos en el ámbito subnacional, sin que eso significa fragmentación o debilitamiento de la dimensión nacional de la representación. 
  2. Por otra parte, se hace necesario mejorar los incentivos para el acceso a cargos públicos y de representación popular. El establecimiento del sistema proporcional fue un avance en términos de revertir anteriores problemas de representación y permitir que ella refleje la diversidad política y cultural del país, sobre todo en la Convención Constitucional. En base a la realidad geográfica y demográfica de todo el territorio nacional, la fórmula mixta tiende a ser la más pertinente, para permitir en algunos distritos elegir en base a un sistema uninominal y en otros (de manera plurinominal) en base a la proporcionalidad. 
  3. Reafirmar la necesidad de mantener el financiamiento público, aunque la buena política implique más gasto, para de ese modo evitar la relación entre dinero y política. En la actualidad, más que más regulación o vacíos legales, pareciera existir falta de criterio en algunas decisiones y formas de rendición de cuenta.
  4. Complementado con lo anterior, discutir sobre el financiamiento de medios, prensa alternativa, ya sea escrita o digital. Se trata de una discusión pendiente, a propósito de los cuestionamientos y posturas que surgieron en los años noventa, como aquella de que “la mejor política de comunicaciones era la no política de comunicaciones”.
  5. Por último, se debe apuntar hacia un mayor reconocimiento de la importancia que tiene la carrera política y de la profesionalización de la actividad política, en sentido weberiano. No resulta concebible que la actividad política sea con frecuencia denostada desde el propio sistema político, en circunstancias que la profesionalización está presente en todo tipo de ámbitos: se asume de manera profesional la actividad gremial, se asume en términos profesionales la actividad sindical, hoy existen hasta agitadores sociales profesionales, pero sin embargo, como dice de manera magistral Juan Linz (Linz, 2004) al político se le exige actuar como si fuera Cincinato. Es decir, como aquel noble dispuesto a volver a su arado después de cumplir su misión. Nada peor que las limitaciones de la reelección para impedir la carrera política y para obligar a que la política no sea una actividad dedicación exclusiva, sino que sea, finalmente, para quienes la puedan costear.   
     

Este artículo resume el ensayo del autor sobre el mismo tema que puede leerse completo en la sección Atlas Electoral de este portal

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