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Artículos de Opinión
 

Paulina Gamus
Aquí no hay quién viva
Paulina Gamus
04 FEBRERO 2013 Ver más artículos publicados  Volver
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   Foto: Google

“Aquí no hay quien viva” es una popular serie de la televisión española, que con un humor bastante grueso presenta las peripecias cotidianas de los vecinos que comparten un condominio. El tema central es la chismografía que invade la vida privada de cada uno de los habitantes del edificio y los desacuerdos y confrontaciones entre ellos. Pero hay algo en lo que todos coinciden y es en criticar al presidente del condominio, acusarlo de ineptitud y entre muchas otras cosas, de lucrarse con el cargo. No soy adicta a la serie, pero en los últimos tiempos me ha dado por sentir la necesidad de verla. Es que se me parece cada vez más a la actitud de muchos analistas y opinadores de oficio (y sin oficio) con respecto a la MUD o Mesa de la Unidad Democrática.

Hay sin embargo dos diferencias importantes entre los vecinos de la serie española y lo que ocurre en la mayor parte de los condominios venezolanos. Aquellos no se pierden una asamblea porque es la gran oportunidad para lanzarse dardos y arremeter contra el presidente de la comunidad. Pero también sobran aspirantes a sustituirlo. La primera norma venezolana en relación con la propiedad horizontal es la apatía; cuando se convoca una asamblea de propietarios, si éstos son cuarenta y asisten diez es un gran éxito. La otra cualidad muy criolla es la negativa de la mayoría a participar en la junta de condominio. Pero esos mismos que ni asisten ni aportan una idea ni asumen responsabilidades, son prolíficos en críticas ácidas, dicterios y hasta veladas acusaciones de lucro indebido, contra aquellos que aceptan sacrificar su tiempo y salud mental en beneficio del colectivo.

Siempre he participado de las juntas de condominio en los edificios en que he vivido y he sido testigo una y mil veces de la indiferencia y la desidia de una gran parte de mis vecinos. En las siempre escuálidas asambleas de propietarios mi comentario habitual es que si se tratara de elegir candidatos a concejales, alcaldes o diputados, sobrarían quórum y aspirantes. Por consiguiente no dejo de preguntarme cómo es que unas personas a quienes no les preocupa la defensa de su propiedad contra el deterioro de las áreas comunes, las filtraciones, la inseguridad, la basura y otras calamidades, pueden aspirar a resolver los problemas de su cuadra, de su parroquia y en última instancia, del país.

Si imaginamos a la oposición venezolana como un gran condominio en el que la presidencia de la junta administradora la ejerce la MUD, es fácil entender la consigna de moda que parece ser ¡disparen contra ella! Es casi imposible toparse con una columna de prensa o una entrevista radiotelevisiva en que no se acuse a sus dirigentes de miedosos, débiles, paralíticos y de cosas peores como estar infiltrados por izquierdistas que se niegan a denunciar la injerencia cubana en nuestro país ó de ser francamente colaboracionistas. Algunos de los anti-MUD, que por cierto guardan gran semejanza con los Notables que fueron sustento del acceso de Chávez al poder, han llegado al extremo de fundar organismos paralelos con los que esperan crear un movimiento de masas que remueva los cimientos del país. Nadie sabe cómo lo harán, ni ellos mismos. Si cada uno de esos criticones y divisionistas ofreciera su receta mágica para quitarnos de encima el yugo del chavismo -con o sin Chávez- podríamos concederles algún respeto y hasta credibilidad, pero son puro blablá y heroísmo de micrófono.

Del otro lado no sabemos cuánto se odian Diosdado y Maduro o cuántos aspiran suceder a Chávez, lo que salta a la vista es que entendieron perfectamente que a pesar del poder que tienen, si se dividen pierden. Sin ser perfecta, la MUD es la más exitosa de las acciones emprendidas por la oposición desde hace catorce años, es la única entidad que ha actuado con sindéresis y coherencia ante la aplanadora del chavismo que arrasa con todo y aplasta constitución y leyes, instituciones y valores como el respeto al prójimo y la decencia. Pensemos por un momento en lo que nos espera si seguimos insistiendo en debilitarla y en minar la confianza que millones de venezolanos depositaron en ella. Por lo que veo y sin ser pitonisa, nos sale chavismo hasta el final de los tiempos.

 

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