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Jose Rafael Vilar
ALBA y crepúsculo
Jose Rafael Vilar
07 JULIO 2012 Ver más artículos publicados  Volver
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ALBA y crepúsculo

“Primero el suelo nativo que nada. Nuestra vida no es otra cosa que la herencia de nuestro país.” [SIMÓN BOLÍVAR]

La Alianza (originalmente Alternativa) Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América - Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) fue creada en 2004 por Venezuela y Cuba como “plataforma de integración de Latinoamérica y el Caribe”, a la vez que “alianza política, económica, y social en defensa de la independencia, la autodeterminación y la identidad de los pueblos que la integran”. A estos dos países, se sucedieron las incorporaciones de Bolivia [2006], Nicaragua [2007], Honduras [2008 y retirada en 2010], Dominica [2008], San Vicente y las Granadinas, Ecuador y Antigua y Barbuda [2009]. Otros países de la Región (Haití, Surinam y Santa Lucia) han solicitado este año su incorporación a la Organización. Es significativo que el proceso de expansión de la Revolución Bolivariana fuera de las fronteras de Venezuela se diera ya recuperada la economía del país después de la fuerte caída de los precios del petróleo de 1998 y 1999 y afianzado el presidente Chávez Frías en el poder recuperado después del Golpe de Estado de 2002.

A la ALBA-TCP se une Petrocaribe en 2005, como un Acuerdo de Cooperación Energética orientado a “construir la soberanía y seguridad energética de los países miembros del Acuerdo”. Los países originalmente firmantes fueron Venezuela, Cuba, República Dominicana, Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Dominica, Grenada, Guyana, Honduras, Jamaica, Surinam, Santa Lucia, Guatemala, San Cristóbal y Nieves y San Vicente y las Granadinas, incorporándose posteriormente Haití y Nicaragua [2007] y la importancia de esta organización descansa en que Venezuela asume el financiamiento de una parte muy importante de los costos de consumo de petróleo de esos países: Según datos de Petrocaribe, hasta 2009 Venezuela (a través de su empresa estatal PDVSA) asumió USD 1,4MMM de los USD 3MMM comprados por los 17 países restantes (47% de la factura energética de esos países hasta ese momento), sin duda fundamental para muchos de ellos y del que algunos (Cuba en primer lugar) dependen para su sobrevivencia económica (es muy probable, teniendo en cuenta la recuperación en costo de los precios del petróleo, que ese financiamiento a larguísimo plazo e intereses simbólicos esté cercano o superior a USD 3MMM); en general, la escala de financiamiento es entre 5% y 50% de la factura petrolera, con período de gracia para el financiamiento de uno a dos años y previendo extensión del período de pago de 17 a 25 años e interés a 1% si el precio del petróleo supera los 40 dólares por barril, además de permitir el pago mediante trueque de productos y la posibilidad de hacerlo mediante la moneda de acuerdo sucre, en el caso de los países de la ALBA-TCP. A este Acuerdo, de carácter financiero, se han sumado otros como Petrosur (entre las empresas estatales de hidrocarburos de Brasil, Argentina, Uruguay y Venezuela para desarrollar todo el clúster) y Petroandina (firmado entre Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia y del que Ecuador ha sido el beneficiado por la refinación de su petróleo), integrándose los 3 en Petroamérica como un habilitador geopolítico.

Todo este preámbulo circunstancial era necesario para analizar la permanencia de estas plataformas integradoras después de la salida del poder del Presidente Chávez Frías.

(Y hago un preámbulo importante: Para nadie es un secreto el deteriorado estado de la salud del Presidente Chávez Frías y la manifiesta imposibilidad de ejercer efectivamente el poder, reflejado en su cada vez mayores períodos en tratamiento en La Habana. Consecuencia de ello, con o sin elecciones y que el actual Presidente siga vivo o no, antes de fin de año habrá un sucesor en el Gobierno venezolano, ya sea prochavista u opositor. Claro que si hay elecciones y el ganador es opositor, los cambios serán mucho mayores.)

Ya hemos analizado la significación para la economía venezolana del crédito petrolero a los países pertenecientes a Petrocaribe (alrededor de USD 3MMM). Al revisar los rubros de exportación de los países del ALBA-TCP, la alícuota de exportación de “Combustibles minerales, lubricantes y materiales relacionados” es de 66%, correspondiendo la parte principal a Venezuela, país al que también le corresponde gran parte de las alícuotas de los rubros de importación, al tener una economía básicamente monoproductora y extractora.

Si bien los cerca de USD 3MMM petroleros financiados por Venezuela pueden diluirse en un PIB estimado para 2011 de más de USD 315MMM con exportaciones superiores a USD 94MMM (aunque hay variación entre los datos del BCV y los del INE) pero la perspectiva de análisis cambia cuando conocemos que sus importaciones fueron de más de USD 62MMM (una balanza comercial favorable en USD 32MMM) pero con una deuda pública estimada de más de 36% del PIB y una deuda externa de más de USD 89MMM (he empleado en mis conversiones la tasa oficial de cambio de BsF 4,30= USD 1). 

Estos datos, unido a los gastos que representa la traslación del modelo bolivariano (vehiculado a través de la ALBA-TCP) mediante donaciones de recursos ampliamente a segundos países (miembros o no de la Alianza) y no sólo a la población local (a través, principalmente, de las Misiones), inversiones públicas en esos países (Casas de la ALBA, por ejemplo) y créditos blandos, significa una erogación muy fuerte de recursos (tan no renovables como los del petróleo extraído) para la economía venezolana, más ahora que los precios no se han recuperado a los niveles pico de julio de 2008.

Retomando la posibilidad (muy probable) de una disminución de los recursos destinados tanto a la ALBA-TCP como a Petrocaribe tan pronto como finales de este año o inicios del próximo (sin descartar la conclusión de estos financiamientos), sin duda trae muy preocupados a varios países en ambas organizaciones. En el caso de Cuba (Venezuela es su primer socio comercial y principal proveedor de recursos) y Nicaragua (Venezuela es su segundo socio comercial, después de EE.UU.), miembros de ambas organizaciones, una buena parte de sus economías dependen de los beneficios del comercio y donaciones venezolanas, pero en el caso cubano es fundamental para la supervivencia del modelo económico vigente en el país. Esto motiva que el interés del Gobierno cubano en la recuperación —primero— y en la sucesión —ahora— del Presidente Chávez Frías sea prioritario, resultando en un cada vez más presunto apoyo de la alta dirigencia política cubana —encabezada por los hermanos Castro Ruz— a que el actual Canciller venezolano Nicolás Maduro Moros —afín con Cuba— sustituya en su cargo al Vicepresidente Elías Jaua Milano y se convierta en el candidato presidencial del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) para las elecciones de octubre próximo —si no se cancelan— en detrimento del propio Jaua Milano y de Diosdado Cabello Rondón, actual Presidente de la Asamblea Nacional e, incluso, de las potenciales de su propio hermano Adán Chávez Frías, Gobernador del Estado Barinas, y de Jorge Rodríguez Gómez, Organizador del PSUV (decisión que contaría, además, con el apoyo del General en Jefe Henry Rangel Silva, Ministerio del Poder Popular para la Defensa y titular del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Bolivariana de Venezuela). En ese mismo sentido y ante el peligro de perder su principal aliado y quebrar definitivamente la maltrecha economía de su país, el ex Presidente cubano Fidel Castro Ruz publicó el 28 de abril su artículo “Lo que Obama conoce” en su columna Reflexiones de Fidel, donde predice un baño de sangre de continuar EE.UU. en “promover el derrocamiento del Gobierno bolivariano” ante la constatación de que “la oligarquía jamás podría gobernar de nuevo ese país”, a la vez que proclama “la más estrecha unidad de la dirección de la Revolución Bolivariana” detrás de su líder. 

Como conclusión, retomo la idea antes planteada: El sistema de promover la transferencia del Modelo Bolivariano a través de la inyección de continuos capitales en la ALBA-TCP y Petrocaribe se reducirá significativamente o concluirá pues ha fracasado en ambos sentidos: Para Venezuela, no ha significado la expansión de la Revolución Bolivariana, más allá de éxitos y afinidades temporales, en muchos casos por la prebenda; para los países del ALBA-TCP, no ha significado un desarrollo perspectivo —exceptúo Ecuador, porque no tenía las mismas condiciones que los otros socios—, y para los demás miembros de Petrocaribe ha conllevado deuda a largo plazo —con dependencia, aunque es cierto que beneficiosa en el corto— y la dependencia de un solo proveedor, con las consecuencias potencialmente peligrosas que esto apareja —sin contar la disciplina impuesta por el proveedor único. Tampoco puede olvidarse que la dependencia económica pude llevar a dependencia en decisiones políticas, como confirmara el embajador venezolano ante la OEA y ex Canciller Roy Chaderton Matos en la promoción por parte de Venezuela y sus aliados económicos de José Miguel Insulza Salinas para su elección como actual Secretario General de la OEA.
Cuál de las dos opciones sucede, la sabremos después de lo que suceda en octubre de este año.

El autor es consultor político y miembro de OCPLA

 

 

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