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La delicada ofensiva
Jose Mari Etxebarria - Euskadi
07 JULIO 2001 Ver más artículos publicados  Volver
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Hace escasamente diez años, tras la caída del muro de Berlín, el padre del actual Presidente, Bush proclamó solemnemente "un nuevo orden mundial" en el que los EEUU, liberado de las amenazas del pasado bipolar, serían la única fuerza hegemónica. Por consiguiente, los valores de la seguridad, libertad y bienestar entronizados en su suelo norteamericano se expandirían de manera que avanzaríamos hacia un mundo más justo. ¿Porqué EEUU no ha sabido bajo su supremacía configurar un modelo más equitativo para el planeta, y porqué con su política, aún suscitando la admiración en algunos lugares ha avivado, sobre todo, resentimientos en su contra?. El problema reside en que los EEUU, al faltar una especie de gobierno mundial efectivo cada vez más necesario, se ven obligados a ejercer un papel de líder mundial al mismo tiempo que tratan de evitar la percepción de que persiguen imponer arbitrariamente sus designios, sobre todo, a los Países en vías de desarrollo.

Dos características subrayaría en la reciente era de las relaciones exteriores de EEUU. Primeramente, han subordinado principios morales fundamentales en favor de sus intereses estratégicos, sobre todo, en Latinoamérica. Invasión de Granada, intervención en la Panamá de Noriega, apoyo a la Chile de Pinochet....Por otra parte, tras su implicación directa en conflictos cuyos intereses vitales están en juego, los abandona a su suerte, cuando creen haber ahuyentado el peligro, mediante la implantación de un régimen afecto. Esto último es lo que ha ocurrido en Afganistán, tras el derrumbe soviético.

Sin embargo, no creo tampoco en los posicionamientos demagógicos que condenan irreflexivamente a EEUU en toda su política pasada y presente. Es cierto que entre la población, en general, como en su clase política existe una ignorancia o falta de curiosidad notable sobre todo lo que existe y sucede más allá de sus fronteras. Ignorancia que conduce a una insensibilidad y falta de empatía con los problemas de los más desheredados de las sociedades menesterosas. Pero no todo es malévolo en la política norteamericana. Sin retrotraernos a las guerras mundiales del siglo XX y su intervención decisiva a favor de la libertad, hace poco tiempo, bajo su liderazgo, y ante una inoperante Europa, se frenó a la satrapía impune del cristiano ortodoxo Milosevic impidiéndole la comisión de más crímenes de indefensos kosovares musulmanes.

EEUU, aunque es impopular el reconocerlo, es además un polo de prosperidad que ha sido foco de atracción de muchísimos ciudadanos maltratados en sus propios Países, habiendo constituido un País de sueños y oportunidades sin parangón en la historia reciente.

No obstante, la mayor fuente de resentimiento y odio en el mundo árabe hacia EEUU reside en la extendida percepción que existe de no aplacar lo suficiente a Israel en su masacre a la población civil en el contencioso con Palestina, y sobre todo, la imposición de la miseria diaria y los miles de muertos de niños árabes que el embargo ha supuesto para el régimen de Sadam. Se le ve, en consecuencia, arbitrario, así como portador de unos valores que corrompen el camino hacia su Dios.

Sin embargo, actualmente no existe el choque de civilizaciones, como predijo Samuel Huntington, como conflicto de culturas que su desarrollo aislado, origina una incompatibilidad en los valores, que desembocaría en una conflagración entre humanos. Sin embargo, existe un riesgo importante que el desarrollo de la ofensiva militar desemboque en una forma de conflicto entre culturas, que anticipada y reiteradamente es negada por la Alianza. Como con temor a que lo peor ocurra reiteran sin cesar: No es una guerra al Islam, sino al terrorismo.

Lo que sucede es que la alianza tan unánime con EEUU es engañosa. Por dos razones. La mayoría de los Países árabes llamados moderados, aunque varios de ellos sufran también los zarpazos terroristas de sus guardianes celosos del Islam, no son democráticos. Es decir, carecen de la legitimidad popular para apoyar a EEUU. Muchos ciudadanos tienen una postura contraria a la de sus gobiernos. Si la guerra se prolonga con la muerte de inocentes y las ofensas y humillaciones se generalizan puede haber desafecciones a EEUU e insurgencias internas que convulsionen más este atribulado Oriente Medio. Asimismo, varios de los gobiernos se han visto forzados a integrarse, en la Alianza, no tanto con la motivación de derrotar al terrorismo de raíz musulmana, sino para garantizarse la no intervención de EEUU en sus Países y con la aspiración de obtener ventaja en sus contenciosos más cercanos y vitales para ellos. Solamente dos botones de muestra. India y Pakistán además de haberles sido levantadas las sanciones impuestas, no quieren quedarse rezagados en sus apoyos a la alianza multinacional porque les urge no perder posiciones en el sempiterno conflicto cruento que mantienen en torno a Cachemira. El desgarramiento interno que puede suponer en Pakistán este apoyo a EEUU amenaza al gobierno golpista y a la estabilidad de la región. Del mismo modo, Putin espera que tras el apoyo prestado Occidente y EEUU le respalden y ayuden en su improbable victoria definitiva sobre los musulmanes chechenos.

Es sabido que EEUU es recordado continuamente por sus aliados europeos y árabes para que mida los potenciales efectos perniciosos de una operación de envergadura que contraiga bajas civiles. La tarea es muy compleja, no solamente porque Afganistan es una escombrera abrupta, sino por lo intrincado de unas relaciones políticas, carentes de sustrato democrático en la zona. Como advierte el escritor afgano Tamin Ansary: "Las nuevas bombas tan sólo revolverán escombros de viejas bombas. En el Afganistán de hoy, sólo los Taliban comen, solo ellos se pueden movilizar. Al sobrevolar Kabul, y dejar caer bombas, solo añadirían más dolor y maltrato al ya causado por los talibanes a su gente, durante varios años". Sugiere que la única manera de extraer a Bin Laden es avanzar por Afganistán con tropas de tierra., a pesar de los sacrificios que puedan suponer para los soldados norteamericanos.

En definitiva, si la coalición multinacional se enzarza en el fragor de la batalla, sin arriesgarse a perder efectivos, optando por lo más fácil y seguro para el atacante, matando víctimas inocentes desde el aire, los propósitos esquizofrénicos escritos por Bin Laden, de provocar una guerra entre Islam y Occidente, así como las sombrías predicciones de S. Huntington adquirirían un carácter más creíble.

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