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La modernidad y la democracia, a prueba
Ra├║l Alfons├şn
07 JULIO 2001 Ver más artículos publicados  Volver
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El ataque masivo a los Estados Unidos insta a proteger los valores de Occidente, pero tambi´┐Żn a revisar sus pol´┐Żticas dogm´┐Żticas e intransigentes.

Entre los interrogantes e inc´┐Żgnitas que siguen aflorando entre los escombros, las vidas perdidas y tanto dolor y consternaci´┐Żn por el acto de barbarie inconmensurable ocurrido en los Estados Unidos, cabe en este instante una reflexi´┐Żn necesaria sobre lo que verdaderamente est´┐Ż en juego de aqu´┐Ż en m´┐Żs, no solamente en el escenario de la pol´┐Żtica internacional sino tambi´┐Żn para el futuro de nuestra civilizaci´┐Żn.

Porque los ataques terroristas perpetrados contra emblemas del poder mundial fueron tambi´┐Żn un golpe asestado en el plexo de principios y valores compartidos mucho m´┐Żs all´┐Ż de las esferas de dominio de los Estados Unidos y mucho m´┐Żs adentro de lo que ese poder significa desde el punto de vista econ´┐Żmico, pol´┐Żtico y militar.

Debemos saber distinguir, por ello, entre nuestras diferencias con la pol´┐Żtica que llevan adelante los gobiernos norteamericanos y nuestro compromiso con los valores y principios que debemos saber defender y hacer que prevalezcan en la comunidad internacional.

Bastante se ha analizado en estos d´┐Żas, todav´┐Ża por cierto, bajo los efectos de la conmoci´┐Żn y el estupor, acerca de tres escasas certezas en medio de tanta confusi´┐Żn.

La primera es que ha quedado al desnudo, en un instante, la extrema vulnerabilidad de lo que, se supon´┐Ża, eran fortalezas inexpugnables y expresiones mayores de la principal potencial mundial.

La segunda es el car´┐Żcter an´┐Żnimo o inveros´┐Żmil de los responsables de la tragedia.

La tercera, es la dificultad en asimilar la indefensi´┐Żn frente a la imprevisibilidad de la locura.

De inmediato, surge entonces la pregunta: c´┐Żmo defenderse, c´┐Żmo reaccionar, d´┐Żnde buscar al enemigo, y c´┐Żmo evitar que lo que ha ocurrido se transforme en un terrible presagio del mundo en el que habremos de vivir en este nuevo milenio.

En nuestras convicciones m´┐Żs profundas y tambi´┐Żn en lo mejor de nuestras tradiciones pol´┐Żticas podemos encontrar algunas respuestas y algunas certidumbres a estos interrogantes.

Pertenecemos a Occidente porque formamos parte de un tipo particular de civilizaci´┐Żn que tiene como valores centrales el respeto por la dignidad humana, la tolerancia frente a la diversidad, la libertad de opiniones y el reconocimiento de los diferentes credos, la igualdad en el goce de los derechos civiles y sociales. Al reivindicar nuestro sentimiento de pertenencia a Occidente, al adherir a sus valores constitutivos, no hacemos otra cosa que asumir como propia, con decisi´┐Żn pero tambi´┐Żn con tolerancia, una forma particular de enfrentar los desaf´┐Żos de un presente caracterizado por vientos de crisis y de mutaci´┐Żn hist´┐Żrica. Esa opci´┐Żn no puede ser impuesta de manera violenta con esp´┐Żritu de cruzada, porque negar´┐Ża aquello mismo que la fundamenta. Pero puede ser justificada racional y ´┐Żticamente y defendida con las armas de la legitimidad y el compromiso internacional.

Una sociedad proteica

En efecto, es en Occidente donde surgi´┐Ż una sociedad susceptible de examinar y poner en tela de juicio sus propias instituciones "aun las que parec´┐Żan m´┐Żs intocables y sagradas" y de discutir lo bien o mal fundado de sus decisiones. En Occidente naci´┐Ż una sociedad capaz de juzgarse, acusarse y transformarse a s´┐Ż misma; porque tambi´┐Żn fue de su seno donde, adem´┐Żs de los m´┐Żs impresionantes avances tecnol´┐Żgicos, sociales y pol´┐Żticos, salieron y se desarrollaron formas particularmente inhumanas de explotaci´┐Żn econ´┐Żmica y de crueldad genocida. Asimismo, ha sido en Occidente donde, por vez primera, la cr´┐Żtica de las instituciones establecidas fue llevando paulatinamente al reconocimiento de la igualdad de derechos de todas las culturas.

Es por eso que, as´┐Ż entendida, la civilizaci´┐Żn de Occidente no puede ya desde hace mucho ser considerada como una entidad geogr´┐Żfica o geopol´┐Żtica cerrada o distintiva de unos pueblos respecto de otros. Esos valores se difundieron por el mundo y buena parte de lo que es hoy Oriente, como tambi´┐Żn obviamente nuestra Am´┐Żrica latina, junto con millones de seres que en todo el planeta aspiran a un reconocimiento y una vida m´┐Żs digna, pertenecen de alguna manera a ese conjunto de valores que podemos y debemos compartir, por encima de las diferencias ´┐Żtnicas, religiosa y culturales.

Porque si Occidente no es una regi´┐Żn del mapamundi ni tan solo una coalici´┐Żn de pa´┐Żses poderosos, tampoco puede ser entendido ya como un dato congelado, un hito est´┐Żtico e inconmovible. Es un proceso abierto, una construcci´┐Żn social y cultural en la que ciertos principios civilizatorios se han ido elaborando "y se seguir´┐Żn perfeccionando" a trav´┐Żs de una larga pr´┐Żctica colectiva.

Existen enemigos, por cierto, de estos principios y valores, pero ellos no pueden ser asimilables a un pueblo, a un conjunto de pa´┐Żses con intereses encontrados, a una religi´┐Żn o a un grupo de sectas de peligrosos fan´┐Żticos. El mundo ha visto proliferar distintas clases de fundamentalismo y amoralismo capaces de provocar un inmenso da´┐Żo y los ´┐Żltimos diez a´┐Żos de capitalismo y desestatizaci´┐Żn desenfrenados y una globalizaci´┐Żn insolidaria han incubado pliegues de tenebrosas redes criminales. Es, por ello, hacia dentro y no s´┐Żlo hacia fuera donde es preciso mirar para entender c´┐Żmo ha podido ocurrir aquello que resultaba impensable.

El ataque terrorista tuvo el efecto de someter a la cultura de la modernidad, la civilizaci´┐Żn occidental y la lucha por la democracia a una encrucijada vital, tal como ocurri´┐Ż en la d´┐Żcada del 30 del siglo pasado, frente al desaf´┐Żo nazifascista. Pero no enfrentamos en este caso a un contendiente con entidad y alcances a´┐Żn discernibles, ni tenemos un ej´┐Żrcito o pa´┐Żses "enemigos" en quienes descargar y concentrar el objetivo de la batalla.

Es cierto que se trata de una batalla global. Pero ella se librar´┐Ż tambi´┐Żn en nuestra capacidad para modificar las conductas y pol´┐Żticas de intransigencia, dogmatismo y soberbia que han contribuido en mucho a generar el tipo de injusticias, conflictos y laceraciones que vienen padeciendo muchas regiones del planeta, y tambi´┐Żn, ahora, el coraz´┐Żn del mundo desarrollado.

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