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Reglas de Oro de la Estrategia Electoral
Andrés Valdez Zepeda
07 JULIO 2006 Ver más artículos publicados  Volver
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Reglas de Oro de la Estrategia Electoral: Dardos Letales para Derrotar a la Competencia

 

La democracia es un sistema pol�tico sustentado en la pluralidad de actores y grupos pol�ticos que compiten, en un marco de libertad y legalidad, por ocupar o conservar posiciones de poder. En este sentido, es un sistema de competencia, en la que el individuo, grupos de individuos o formaciones partidistas que mejores ventajas competitivas tengan y logren conservar ser�n los que ocupen la titularidad en los diferentes puestos de representaci�n p�blica.

En estos sistemas de competencia, las estrategias pol�ticas ocupan un lugar privilegiado, ya que el �xito o fracaso en la lucha por el poder, depende, muchas veces, del tipo de estrategia utilizada.

La democracia, como sistema de competencia, implica la celebraci�n peri�dica de elecciones, en la que diferentes candidatos y partidos pol�ticos buscan obtener la mayor�a de los votos de los ciudadanos. Para obtener estos sufragios se impulsan las campa�as electorales, que no son sino procesos intensos de proselitismo y persuasi�n pol�tica orientados, por un lado, a obtener una mayor cantidad de votos de los electores y, por el otro, a impedir que los opositores ganen los comicios. Es decir, toda campa�a requiere un frente de atracci�n de sufragios y un frente de repulsi�n de votos para los opositores.

Si bien el objetivo principal de toda campa�a electoral es conquistar o conservar el poder, tambi�n cumplen otra serie de prop�sitos, como el influir en el propio poder, construir mayor�as electorales estables, hegemon�a y consensos sociales, incidir en la toma de decisiones, coadyuvar en el desarrollo y el progreso de la gente, articular el debate de los principales problemas y temas de inter�s del elector, difundir los pensamientos, ideas y propuestas de los partidos y candidatos participantes, as� como, a trav�s del estruendo medi�tico que estos procesos generan, dar visibilidad y reconocimiento a los candidatos participantes.

Es decir, toda campa�a es un proceso complejo, que implica atacar, al menos, cinco diferentes frentes. El primero, es el del conocimiento. Requiere el conocimiento profundo del elector, sus motivaciones, emociones y expectativas. Lo que le preocupa y lo que sue�a. Sus principales problemas y necesidades. Su nivel cultural, sus filias y sus fobias. Implica, tambi�n, el conocimiento del terreno en el que se dar� la competencia, as� como el conocimiento profundo de la elecci�n. Es decir, conocer de qu� tipo de elecci�n se trata, en el sentido heur�stico del t�rmino. Implica, tambi�n, el conocimiento de los adversarios, sus fortalezas y sus debilidades, sus aliados, sus otros contrincantes, su historial y sus fuentes de financiamiento. En suma, implica conocer para vencer.

El segundo frente, es el de la organizaci�n. Esto implica la construcci�n y afianzamiento de una estructura electoral, distribu�da territorialmente, para organizar a los militantes y simpatizantes del partido y del candidato. Esta estructura electoral es la responsable del trabajo proselitista y de persuasi�n pol�tica, el contacto de la campa�a con la gente. La organizaci�n de la sociedad y sus diferentes grupos, as� como la presencia de la campa�a en los m�s diversos n�cleos sociales son objetivos centrales que busca alcanzar este frente. En suma, implica organizar para triunfar.

El tercer frente es el de la comunicaci�n. Implica el dise�ar, difundir y evaluar los mensajes proselitistas del partido, del candidato y de la campa�a utilizando todos los medios al alcance, principalmente los electr�nicos. Una comunicaci�n inteligente, persuasiva, diferenciada, orientada a movilizar sentimientos y emociones. Una comunicaci�n que genere votos para nuestra causa y le quite a los adversarios. Implica, adem�s, la comunicaci�n interna para hacer m�s eficaz el trabajo del equipo de campa�a, el del candidato y el del propio partido. Una comunicaci�n organizacional que se convierta en ventaja competitiva y que permita superar a la competencia. En suma, implica comunicar para ganar.

El cuarto frente es el de la persuasi�n. Implica la seducci�n, sugesti�n y atracci�n de votantes leales, que no s�lo otorguen su sufragio a la causa del partido o del candidato, sino que realicen tambi�n un proselitismo din�mico e intenso en su n�cleo social de influencia. Una persuasi�n inteligente, creativa y trascendental, que parta del conocimiento de las motivaciones profundas del elector y de la psicolog�a de masas, para luego implementar acciones contundentes orientadas a ganar la elecci�n. En suma, implica, persuadir para subir.

El quinto frente es el de la movilizaci�n electoral. De nada sirve investigar, comunicar, organizar y persuadir a los electores, sino se es capaz de movilizarlos a las urnas el d�a de las elecciones. Implica capacidad operativa y organizativa. Nadie gana una elecci�n s�lo con encuestas favorables o una alta popularidad. Para ganar se requieren votos y estos s�lo se logran si existe una alta capacidad para movilizar a los electores a las urnas el d�a �D� y obtener el sufragio a nuestro favor. En suma, implica movilizar para ganar.

Para lubricar estos frentes y articular las operaciones se necesitan estrategias. Las estrategias son los ejes que posibilitan que la campa�a llegue a buen puerto y que determina las posibilidades de �xito o fracaso de la misi�n emprendida. Toda campa�a demanda estrategias, ya que estas nos determinan el c�mo alcanzar los prop�sitos buscados. Sin estrategias o con estrategias equivocadas, mal articuladas o p�simamente implementadas, lo m�s seguro es que se pierde no s�lo la elecci�n, sino incluso hasta el registro partidista. Las estrategias son el arte de saber jugar bien en la pol�tica, el arte de saber hacer bien las cosas para ganar y hacerlo con contundencia.

Principios de estrategia

Toda campa�a implica un juego estrat�gico que responde a una serie de principios y fundamentos pol�ticos. Estos principios rectores ayudan a fundamentar y determinar la pauta de la intervenci�n pol�tica, as� como sirven como marco de reflexi�n para la implementaci�n de las acciones y estrategias pol�ticas.

Estos principios ayudan, adem�s, a entender la importancia de las estrategias en las campa�as electorales y la necesidad de valorar, en su justa dimensi�n, el papel que la astucia, tenacidad y pericia pol�tica juegan para obtener resultados positivos en las contiendas electorales.

Los principios de estrategia, muchos de ellos, datan desde la antig�edad y otros han surgido en los tiempos modernos, ligados a los sistemas pol�ticos democr�ticos. A continuaci�n, se enumeran y describen dichos principios, para luego pasar al abordaje especifico del juego estrat�gico. 1. Las campa�as electorales se ganan a nivel estrat�gico y t�ctico. Las elecciones las ganar�n aquellos candidatos y partidos que sean m�s astutos, creativos e inteligentes, los que sean m�s h�biles en el manejo del juego estrat�gico. 2. Como en el f�tbol, solo hay dos tipos de estrategias. Las de ataque y las de defensa. El verdadero juego estrat�gico consiste en hacer una adecuada combinaci�n de ambas. El ataque siempre es pro-activo y la defensa reactiva. 3. Toda estrategia busca alcanzar un objetivo. Con la mirada siempre puesta en este, se debe planear, implementar, evaluar y retroalimentar peri�dicamente las estrategias. Es recomendable, adem�s, buscar siempre una correcta alineaci�n, sincronizaci�n y practicidad en el juego estrat�gico durante la campa�a. 4. Las estrategias se dise�an antes del inicio de la campa�a y se pueden cambiar en el transcurso de la misma. Sin embargo, se sugiere no hacer tantos cambios de estrategia, a no ser que sean muy necesarios. En todo caso, lo que se sugiere cambiar son las t�cticas. 5. Toda estrategia debe proporcionar ventajas sobre los competidores. Estas ventajas deben ser, preferentemente, permanentes y orientadas a debilitar a los adversarios. El ser conocido, querido, seguido, apoyado y votado son ventajas competitivas muy importantes que todo pol�tico debe buscar obtener. 6. Toda estrategia debe estar direccionada, para alcanzar objetivos particulares. La estrategia es como un dardo, cada uno debe dirigirse a alcanzar un blanco espec�fico. El �xito de toda estrategia consiste en conseguir peque�as victorias, bien focalizadas y concretas, que al sumarse y acumularse, dan contundencia al triunfo definitivo. 7. No hay una sola estrategia, sino muchas y m�ltiples estrategias. En su conjunto estas se deben articular y coordinar. Las m�s comunes son las estrategias del candidato, del partido y del gobierno en turno. Existen adem�s, estrategias de organizaci�n, comunicaci�n, mercadotecnia, proselitismo, construcci�n de imagen, movilizaci�n electoral, construcci�n de alianzas y estrategias de ataque y defensa. 8. Cada proceso electoral es �nico, por lo que las estrategias deben dise�arse, aplicarse y evaluarse de acuerdo al tipo de campa�a. Una estrategia que fue exitosa en una campa�a, puede no serlo en otra. 9. Sino se tiene la capacidad de poner por escrito la estrategia, lo m�s seguro es que no se tenga. Poner por escrito la estrategia ayuda a darle estructura, forma y coherencia a la misma, posibilitando, tambi�n su evaluaci�n y retroalimentaci�n. En materia estrat�gica, la cultura de la escritura requiere imponerse sobre el verbo y la palabra. III. Cat�logo estrat�gico La estrategia implica el arte de derrotar al adversario, someti�ndolo a partir de sus �reas vulnerables. Refiere, por un lado, a acciones de construcci�n de consensos sociales y, por el otro, de derrocamiento de la oposici�n. Toda estrategia est� orientada por principios y fundamentos que dan vigencia a un cat�logo de recomendaciones pr�cticas que se deben poner en operaci�n con sigilo y sentido de oportunidad. A continuaci�n, se enlistan este cat�logo, bajo la advertencia que en muchos casos son s�lo gu�as o ideas para la acci�n pol�tica y el proselitismo electoral.

1. La mejor estrategia es atacar la estrategia de los adversarios. Para ello, se requiere estudiar e informarse con detalle sobre las estrategias de los opositores y monitorear todos sus movimientos. Al echar por tierra la estrategia del adversario, las posibilidades de avance y triunfo se incrementan.

2. La mejor estrategia consiste en confrontar nuestra principal fortaleza con la principal debilidad del adversario. Para ello, se sugiere hacer un an�lisis FODA, para determinar, por un lado, en qu� aspectos somos fuertes y cu�les son las debilidades del adversario; mientras que por el otro lado, este tipo de herramientas nos ayudar�n a conocer �reas de oportunidad y posibles amenazas que se pueden presentar en la campa�a.

3. Las campa�as electorales no se ganan por los aciertos, se pierden por los errores. La determinante del �xito electoral no es la publicidad, sino los errores y esc�ndalos que se cometen por los candidatos, los partidos y sus equipos durante la campa�a.

4. Las campa�as negativas generan ventajas competitivas a sus impulsores, incidiendo, determinantemente, en la decisi�n de la orientaci�n del voto de los electores, contribuyendo, por lo tanto, a ganar las elecciones. En algunos casos, ante una mala gesti�n y articulaci�n, las campa�as negativas, quitan votos y se pueden revertir f�cilmente. Sin embargo, mal gestionada una respuesta est�s pueden ser eficientes (el pa�s est� lleno de perdedores que no supieron responder un ataque).

5. Cuando se es blanco de una campa�a negativa y se ha decidido que es pol�tica y electoralmente m�s conveniente no emprender la defensa con otra campa�a negativa, se debe responder a los adversarios con elegancia. Las siguientes frases pueden usarse en su oportunidad. �Hay quienes utilizan piedras para atacar, yo las uso s�lo para construir! �Yo soy de la idea de que en la pol�tica como en el golf gana quien menos golpes da! �Yo no voy a responder a los ataques, mi campa�a es de propuestas e ideas, no de calumnias o descalificaciones!

6. La gente com�nmente dice que no hay propuestas en las campa�as. Los partidos y candidatos saben que s�. Lo que pasa es que no saben comunicarlas. Centre su esfuerzo en comunicar, creativa e inteligentemente, sus propuestas e ideas, pero no descuide la organizaci�n y movilizaci�n electoral.

7. La pol�tica, en la era moderna, es el arte de saber gestionar adecuadamente los afectos de la gente. El voto es anat�mico. Pocos �votan� por el cerebro, muchos por el h�gado y la mayor�a tomando en cuenta lo que les dicta el coraz�n. Gestione el afecto de la gente, logre una conectividad emocional con los votantes. Recuerde que la mejor estrategia est� orientada a movilizar los sentimientos ben�volos (o mal�volos) de los votantes, aquella que toca las cuerdas sensibles del elector.

8. La mejor campa�a es aquella que logra construir y conservar m�s y mejor las diferentes ventajas competitivas en las �reas de investigaci�n, comunicaci�n, imagen, gerencia pol�tica y movilizaci�n de votantes. Ganar� la elecci�n aquel partido o candidato que logre construir y conservar el mayor n�mero de ventajas competitivas.

9. Las campa�as electorales en el mundo se articulan, de una u otra forma, con base a la generaci�n y a la institucionalizaci�n del miedo. Por un lado, miedo a que las cosas empeoren y se pierda lo que se tiene o ha logrado, o que se amenace el sistema de creencias y valores predominante. Por el otro, como garant�a de seguridad p�blica, militar, econ�mica, jur�dica o social y salvaguarda ante las amenazas y peligros, reales o imaginarios, existentes.

10. La principal derrota de sus adversarios es la derrota psicol�gica. Las alianzas, las encuestas favorables, las grandes concentraciones p�blicas y los apoyos masivos, son dardos que da�an la moral de los contrincantes.

11. Una estrategia que funciona muy bien, ante la actual crisis de la pol�tica y ante el predominio de un elector esc�ptico y descontento, es hacer pol�tica criticando a la pol�tica y a los partidos tradicionales. La idea es hacerlos responsables de los actuales problemas y convocar al cambio con rumbo. Se recomienda, por lo tanto, criticar a la pol�tica tradicional que representan sus opositores (corrupci�n, demagogia, manipulaci�n, enga�o, incumplimiento, ineptitud, autoritarismo, etc.) y proponer que los ciudadanos y nuevos pol�ticos sean los que lleguen al poder.

12. La gente tiende a estar con las mayor�as y seguir a los individuos exitosos. Pres�ntese como la opci�n de las mayor�as y como una alternativa exitosa de gobierno. Recuerde, nadie sigue a un fracasado.

13. La mejor estrategia para un partido en el gobierno es hacer (comunicar) un buen gobierno. La mejor estrategia para un partido en la oposici�n es mostrar (publicitar y dar razones convincentes) que se tiene un mal gobierno, para que los votantes opten, sin vacilaci�n, por el cambio.

14. La estrategia del voto �til es muy �til en la �ltima etapa de la campa�a. Convoca a no desperdiciar el voto, a darle sentido al sufragio y lograr una real transformaci�n del sistema pol�tico. La estrategia correcta es presentarle a los electores un solo dilema: m�s de lo mismo o un cambio verdadero.

15. Toda campa�a debe contar, desde un inicio, con un mapa de ruta (plan estrat�gico y operativo de campa�a), que incluya, entre otras cosas, el diagn�stico, los objetivos, definici�n del mensaje, selecci�n de grupos objetivo, planificaci�n de medios, imagen, presupuestaci�n, estrategias y administraci�n de los tiempos. El plan estrat�gico da rumbo y direcci�n a la campa�a, el plan operativo posibilita la concreci�n de resultados.

16. La pol�tica del rumor genera dividendos pol�ticos. Los rumores, bien manejados, producen un gran impacto persuasivo entre la gente. El rumor tiene un alto nivel de credibilidad y se transmite en forma �viral,� llegando, incluso, a convertirse en �epidemia.�

17. El mejor pol�tico es aquel que promete poco y hace mucho. El peor pol�tico es aquel que promete mucho y hace poco. Las expectativas creadas entre los ciudadanos, durante la contienda electoral, determina la valoraci�n que haga de su gobierno. Durante la campa�a, no prometa lo que sabe es imposible cumplir.

18. Las elecciones se tratan de valores, perjuicios y estereotipos. Los valores tienen que ver con lo que a la gente le importa, lo que le da valor. La explotaci�n de los prejuicios y estereotipos es un arma �til para ganar adeptos o retir�rselos a los oponentes.

19. Toda estrategia debe sustentarse en el conocimiento. Conocer nuestro candidato y partido, conocer nuestros adversarios, conocer los electores (qu� es lo que quieren) y conocer la elecci�n.

20. La comunicaci�n en la campa�a debe ser una comunicaci�n emocional, dirigida a movilizar emociones y generar el afecto a favor de nuestra causa y el rechazo en contra de los adversarios.

21. La construcci�n de redes incrementa las posibilidades de �xito. En una campa�a se puede impulsar la creaci�n de redes sociales, redes familiares, redes de inter�s y redes pol�ticas. La mejor campa�a es la que se hace en red.

A manera de conclusi�n

Las campa�as electorales definen el car�cter de la representaci�n p�blica y dan legitimidad al ejercicio del poder en todo sistema democr�tico. Estas acciones proselitistas, que se organizan de manera peri�dica bajo una serie de normas y procedimientos, constituyen los conductos legales y leg�timos, para disputar los espacios de representaci�n p�blica.

Estas campa�as se ganan y se pierden a nivel estrat�gico y t�ctico. Esto es, en toda campa�a electoral, el tipo y calidad de la estrategia puede ser la diferencia entre el �xito y la derrota. Una campa�a exitosa, generalmente lo es, por el tipo de estrategias utilizadas con respecto a la competencia. Por su parte, una campa�a sin estrategias o con estrategias equivocadas es una campa�a usualmente perdedora.

La astucia, creatividad, inteligencia, habilidad y tenacidad en el manejo de las estrategias ayudan a conquistar los objetivos y derrotar a los adversarios. Si su campa�a no tiene estrategias, est�n mal estructuradas o no se implementan correctamente lo m�s seguro es que pierda la elecci�n.

Finalmente, es importante recordar que lo m�s dif�cil de una estrategia no es pensarla, planearla o escribirla, sino articularla, implementarla, ponerla en operaci�n.

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* Andr�s Valdez Zepeda es maestro en administraci�n p�blica y doctor en estudios latinoamericanos con especialidad en ciencia pol�tica por la Universidad de Nuevo M�xico (USA). Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, autor de los libros Campa�as electorales inteligentes (2004) y El Arte de ganar elecciones (2006). Actualmente labora como catedr�tico de la Universidad de Guadalajara. azepeda@cucea.udg.mx

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