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Marta Forero Testor
Llegó Biden, ¿qué puede esperar Cuba?
Marta Forero Testor
03 FEBRERO 2021 Ver más artículos publicados  Volver
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Llegó Biden, ¿qué puede esperar Cuba?

Si hay un proceso electoral que afecta la vida de los cubanos esas son las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Debido al embargo (o bloqueo, como se conoce en Cuba) que EE. UU. ejerce sobre la isla, las decisiones que toma el inquilino de la Casa Blanca tienen repercusiones directas en el día a día de todos los cubanos.

Donald Trump endureció estas sanciones a cambio del apoyo del lobby cubano que tanta influencia tiene, sobre todo, en el estado de Florida. Pero, ahora que Joe Biden ya es presidente de los Estados Unidos de América, ¿qué horizonte se dibuja para Cuba?

De todos los hombres que han pasado por el Despacho Oval desde 1959, el que planteó las relaciones con Cuba de forma más disruptiva fue Barack Obama. Obama supo aplicar su concepción multilateralista de la política exterior en la isla. Entendió que lo que no cambia en medio siglo no va a cambiar a menos que algo cambie. Así, volvió a haber relaciones diplomáticas entre ambos países y se comenzaron a aliviar algunas de las presiones que se ejercían sobre el comercio exterior y el turismo de la isla. En definitiva, parecía que por fin se desenredaba esta maraña de disputas tras medio siglo de sanciones económicas y políticas infructuosas. Biden fue vicepresidente durante las dos legislaturas de Obama. Por tanto, es de esperar que dé marcha atrás en las medidas que se endurecieron bajo la firma de Trump y que, al final, apueste por canales de negociación alternativos a los que lleva habiendo en las últimas seis décadas. Eso sí, de hacerlo, no lo hará a corto plazo, puesto que su prioridad es la reconstrucción de un país profundamente dividido y que atraviesa la pandemia más grave del último siglo.

Por su parte, Cuba actualmente se enfrenta a un desabastecimiento generalizado ante la falta de divisas extranjeras como consecuencia del parón del sector turístico con la crisis de la covid-19. Si no hay divisas, no hay importaciones y, si no hay importaciones, no hay productos. Ante esta situación, a Cuba le viene francamente bien que se levanten, poco a poco, las medidas impuestas por el bloqueo. No solo para abastecer a la población, sino, también, para conseguir, a medio-largo plazo, atraer y retener una mayor inversión extranjera que les ayude en su captación de divisa

No obstante, más allá de estas sanciones, Cuba hace frente a un mastodóntico entramado burocrático, que desemboca en otro bloqueo: el interno, solo que este, a diferencia de su análogo, se vive en silencio.

No hay mal en Cuba que no se explique situando en el punto de mira al imperialismo estadounidense. ¿No hay champú? Culpa del bloqueo. ¿No hay petróleo? Culpa del bloqueo. ¿No hay jeringuillas para inyectarte la anestesia antes de una operación? Culpa del bloqueo.

El desmantelamiento del bloqueo y un acercamiento por parte de la Administración Biden dejaría sin muchas de las líneas narrativas al relato institucional del Gobierno de Miguel Díaz-Canel.

De este modo, que Biden continúe con la vía Obama y replantee las relaciones con Cuba generaría grietas dentro de la elefantiásica estructura de un caduco y canceroso régimen que en muchas ocasiones sólo encuentra su razón de existir como oposición semántica a la actividad que Estados Unidos ejerce sobre la isla. Así, el gobierno de Cuba perdería uno de sus pilares más fundamentales a la hora de desarrollar relatos narrativos que justifiquen las cada día más precarias condiciones a las que tienen sometido a un pueblo entero.

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