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Carmen Beatriz Fernández
Rabia y tiraje (sobre el libro de Woodward)
Carmen Beatriz Fernández
19 SEPTIEMBRE 2020 Ver más artículos publicados  Volver
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Rabia y tiraje (sobre el libro de Woodward)

Las campañas suelen ser buenos momentos para vender libros. Así lo calcularon Mary Trump, sobrina del presidente, y John Bolton, quien fuera uno de sus diplomáticos estrellas, antes de caer en desgracia. El libro de la sobrina vendió un millón de copias el primer día en que salió al mercado. El de las memorias de Bolton, algo menos exitoso, unos 780 mil ejemplares en la primera semana.

Pero el impacto editorial del libro Rabia (Rage en el título original) del periodista y editor de Washington Post Bob Woodward tiene otra escala. A un 27% de los votantes norteamericanos les gustaría leer el libro (The Economist/YouGov, Sept. 13-15). Esta cifra traducida al tamaño del mercado americano arroja la bicoca de 65 millones de potenciales lectores. Tres de cada cuatro votantes han oído hablar del libro de marras. Por cierto, muchas más personas de las que tienen una opinión formada sobre el propio periodista Woodward, de quien sólo opinan el 55% de los electores (32% positivamente y 23% de manera desfavorable).

Otra diferencia fundamental entre RABIA y los otros dos libros mencionados está en que Trump quería que este libro se escribiera, y por eso le concedió al periodista 18 entrevistas. Mery Trump y Bolton podían tener sus motivaciones para hacerle daño al presidente, pero ése no parece ser el caso de Woodward. Desde que saltara a la fama en 1972 por sus reportajes sobre el caso Watergate, que a la postre acabara con la presidencia de Nixon, el periodista ha escrito unos veinte libros. Siempre sobre temas presidenciales: varios sobre el caso Watergate, incluido el pionero y muy famoso “Todos los hombres del presidente”. Cuatro sobre George W. Bush, dos sobre Clinton, hasta llegar a el penúltimo, Fear, sobre la elección de Trump en 2016.

Evidentemente cuando Trump concedió a Woodward la posibilidad de escribir un segundo libro sobre sí, estaba plenamente convencido de que sería reelecto. La economía iba por muy buen camino, y el presidente era considerado su artífice. Sabido es que en la conducta electoral una buena situación económica premia a los gobiernos, cosa que se ha convertido casi en un axioma del profesor Lewis-Beck.  Ahora, sin embargo, la situación es muy distinta: la pandemia se ha convertido en el epicentro de la agenda pública y la economía viene sufriendo sus embates. La crisis del Covid19 desnuda la inexistencia del sistema sanitario de los Estados Unidos y reivindica los esfuerzos del Obamacare de la gestión demócrata Obama-Biden.

Además la entrevista devela que el presidente Trump ocultó la verdad sobre la pandemia. Las entrevistas grabadas con Trump muestran claramente que el presidente pensaba una cosa y le decía otra a los votantes. Proteger es el valor más importante de todas las poblaciones, no sólo entre humanos, sino también entre animales. Se escoge al más inteligente de la manada, o al más hábil, porque con ello la sociedad puede tener su subsistencia mejor asegurada. Si la verdad científica es vista, en el marco de la grave coyuntura, como un factor que protege a la población, es natural que se plantee que el liderazgo sea reemplazado por otros líderes que abracen el conocimiento científico y la verdad, como valores claves en la conducción de la sociedad.

Más allá del impacto sobre el mercado editorial del libro, que es indudable, está por verse si tendrá también un impacto electoral. De momento Trump ha argumentado que ocultó la verdad porque no quería desatar el pánico de la población, cosa que puede sonar como una justificación convincente. Entre los 65 millones de electores que desean leer el libro de marras se encuentran el 44% de los votantes de Biden, pero sólo el 8% de los votantes de Trump, por lo que pareciera que el libro tendría el mismo efecto que la prédica entre conversos, es decir, muy poca incidencia en lo electoral…

Trump le intenta quitar protagonismo a la obra aduciendo que se trata de “un libro muy aburrido”. Debe serlo. Mucho más divertido viene siendo el ejercicio de la presidencia y su cobertura periodística cotidiana. A fin de cuentas, como dijera el novelista sureño Erskine Caldwell; “un buen gobierno es como una digestión bien regularizada, mientas funciona, casi no la percibimos”.

Cuánto añoro los gobiernos aburridos!

 

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