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Adolfo González Alemán
Apocalipsis: 4 desafíos para la política contemporánea (segunda parte)
Adolfo González Alemán
16 JULIO 2020 Ver más artículos publicados  Volver
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Apocalipsis: 4 desafíos para la política contemporánea (segunda parte)

(Leer aquí la primera parte de este ensayo)

 

Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer viviente, que decía: “Ven”. Miré y ví un caballo negro. El que lo montaba tenía una balanza en su mano.
Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: “Dos libras de trigo por un denario y seis libras de cebada por un denario, pero no dañes el aceite ni el vino”
Ap. 6, 5-6

 

El corcel negro es quien yo creo ha sido representado de manera pobre por la literatura y por los supuestos profetas exégetas de la biblia. Los primeros confundieron su color e interpretaron que se trataba de la Muerte, quien es en realidad otro jinete. Los segundos vieron lo que portaba en su mano y pensaron en la hambruna. Es cierto que el pasaje habla del trigo, la cebada, los vinos y el aceite, pero lo hace en un sentido metafórico. El simbolismo aquí lo que busca es encriptar, camuflar la crítica. Recordemos quiénes perseguían a los cristianos por ese entonces.

La balanza representa la justicia y el tercer jinete del apocalipsis es la corrupción política. El negro ha sido el color que ha distinguido a funcionarios políticos de todo el mundo. Jueces, congresistas, parlamentarios, todos visten trajes oscuros. Lamentablemente, hoy en día sus intenciones suelen estar a tono.

Quien monta el caballo negro lo que dice es que un lado aumentó, mientras que el otro no. De un lado están el trigo y la cebada alimentos que representan al pueblo, porque estos eran su fuente de trabajo (la cosecha) y de sus principales insumos. Del otro lado, están el aceite y el vino que se utilizaban para rituales religiosos y eran un símbolo de estatus social. La balanza entonces estaba desbalanceada. Más que hambre, la causa de este jinete es la injusticia. El hambre a lo sumo será una de sus tantas consecuencias.

En los últimos años hubo un importante desequilibrio entre aquellos que dicen representar al pueblo y los representados. Han ido creciendo en cantidad de funciones, en poderes, en excepciones. No es de extrañar que cada persona desconfíe del sistema, ya que el mismo empieza a carecer de sentido. Con tantos privilegios, es mejor representarse a uno mismo que tercerizar en otro.

La política tendrá que volver a balancear las cuentas, no basta que los números financieros cuadren, sino que se restablezca la confianza en el sistema democrático. Ningún político personalista, por más carismático que sea puede lograrlo solo, y no es trabajo de un partido político determinado. La justicia es un esfuerzo conjunto y de los tres poderes.

El servicio público es una vocación que se debe llevar adelante con hidalguía y compromiso, pero por sobre todas las cosas con desinterés. Porque al igual que el maestro, el oficio sólo puede tener éxito si hay una total dedicación en el otro.

El simbolismo abarca la totalidad de acción política moderna. El poder ejecutivo es un jinete que cabalga, negro no es solo el color del corcel, sino también cómo visten los congresistas y los jueces a quienes se les encarga la justicia; una balanza que debe regir para todos igual sin importar las apariencias.

La corrupción es la que galopa, eso se ha traducido en la desconfianza en el sistema, sin importar la ideología. Los políticos son todos iguales, es la frase que se ha repetido sin cesar en las plazas públicas mientras el pueblo protesta alguna medida determinada. Eso no es cierto pero debería, y es que cuando los políticos sean iguales al pueblo que dicen representar, es que se vencerá la apatía y la justicia social dejará de ser solo un ideal.

 

Miré, y he aquí un caballo bayo, y el que lo montaba tenía el nombre de Muerte, y Hades le seguía: y les fue dada la potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con la espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra.
Ap 6, 8

 


El cuarto jinete cabalga un corcel bayo, un amarillo pálido. El color de un enfermo, dirán algunos. El color del periódico digo yo. El papel desgastado. Quien se sienta encima de su montura tenía el nombre de Muerte. La guerra le sigue y consigo lleva el hambre, los fallecimientos, el odio. Más o menos producen el mismo efecto que las fake news.

La potestad sobre la cuarta parte de la tierra, puede también interpretarse como los medios de comunicación o la prensa, llamada más de una vez como el cuarto poder. Las noticias falsas llevan un tiempo en el mundo, pero este últimamente se han vuelto una verdadera epidemia.

Las noticias falsas o fake news no son simple engaños, sino que buscan realzar una posición política determinada. Intentan que el lector tenga una sensación específica que lo lleve a actuar de cierta manera. Es manipulación a la vieja usanza pero con nuevas metodologías.

 

No es de extrañar que una noticia falsa pueda traer guerra e injusticias de todo tipo, después de todo, ¿No son los supremacistas quienes enarbolan teorías conspirativas e ideas tergiversadas? ¿No son los políticos corruptos y los populistas quienes resaltan ciertas noticias falsas para tomar ventaja circunstancial?

El último de los jinetes es quien exacerba a los otros dos, ya que es quien da material para que sigan latentes. La radicalización es un proceso que se lleva de manera constante, para lograr que el individuo sufra una despersonalización y ponga al grupo por encima de sí mismo. Hay que alimentarlo entonces con noticias y tienen que ser tergiversadas, sin objetividad y que alimenten el odio, la frustración, la antipatía y por sobre todo la indiferencia para quien es diferente.

Las fake news son un acto de odio. No son productos del poco rigor periodístico que pueda llegar a tener una persona, tampoco se trata de un error humano. Son herramientas producidas adrede por grupos de poder para dividir a la sociedad, para separar entre unos y otros. Sirven para tantear a quién se puede cooptar y quien en cambio es el enemigo.

No son una una simple arma, justamente son el caballito de batalla con el que organizaciones de todo tipo buscan corromper y eliminar a la sociedad civil. Por eso es preciso entender la necesidad de luchar de manera activa y eficaz contra esto.
El desafío más grande es sobre uno mismo, ser transparente, claro, honesto, promover el diálogo y el consenso. Porque es la verdad, la objetividad y nitidez de un discurso las que se imponen sobre las mentiras.

Los 4 jinetes del apocalipsis presentan desafíos, son diferentes en cada una de sus expresiones, pero responden a una misma crisis. Requieren entonces una solución conjunta y superadora. Aquellos corceles que son montados de manera galante por las pasiones más nocivas del ser humano, deben medirse con los ideales que llevan adelante a la sociedad.

La democracia es la forma en la que los hombres como grupo, no sólo llevamos adelante nuestra organización social, sino que también es el pilar de los valores con los que enfrentamos a nuestros demonios.

El miedo de alienación y abandono que puede producir una o cualquier crisis sanitaria se aborda con compromiso y un Estado presente. El odio que hoy se refleja en el supremacismo de derecha se atiende con empatía y fortaleciendo a la sociedad civil.

La corrupción política, los personalismos demagógicos que llevan consigo los populismos se enfrentan con vocación y honestidad. Las noticias falsas, o fake news como se les llama se las combate con aseveración y verdad.

 

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