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Carmen Beatriz Fernández
Maduro, hermanito del ´Big Brother´
Carmen Beatriz Fernández
13 MAYO 2020 Ver más artículos publicados  Volver
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Maduro, hermanito del ´Big Brother´

Maduro, hermanito del ´Big Brother´: Bigdata y la lucha por el relato en el medio de la pandemia.
 

Cuando con serenidad, en unos meses, nos sentemos a evaluar el impacto de la pandemia probablemente los indicadores se concentren en dos órdenes: el sanitario con su número de fallecimientos y pacientes con secuelas, y el económico, con cifras de merma en el crecimiento económico, empresas quebradas y el desempleo. Pero será tremendamente importante ponerle la lupa a una tercera consecuencia, acaso más importante que las dos anteriores: la relativa a los cambios en la calidad de la democracia.

En estos duros tiempos de pandemia se libran varias luchas sin cuartel: en los hospitales y las camas de los enfermos por la vida, desde laboratorios clínicos por soluciones de inmunización, y desde los grandes actores políticos por el relato. Si bien del “paciente cero” del COVID19 no se sabe mucho, desde el minuto cero China estuvo consciente de la importancia fundamental de imponer un relato que pudiera contener su reputación global, e incluso mejorarla. De allí el énfasis en hacer ver su abordaje tecnificado de contención del Coronavirus como imprescindible. Ese abordaje está centrado en dos pivotes: el Estado Vigilante, o Surveillance State, y el oligopolio de la información. Ambos constituyen claras amenazas contra la democracia liberal.

Algunas tácticas del régimen venezolano en el abordaje de la pandemia forman parte también del modelo de Estado Vigilante. Hace ya tiempo que el gobierno de Maduro vincula los programas de suministro de alimentos con la carnetización digital, y ésta a su vez con el sistema electoral, construyendo poderosas bases de datos de control y vigilancia. En las elecciones de mayo 2018 en las que fuera reelecto Nicolás Maduro, y que Occidente desconoce, fueron un claro ejemplo de cómo podía usarse el hambre como mecanismo de opresión social y de dominación desde el Poder Ejecutivo. No es en lo absoluto sorprendente que en la creación de la plataforma del Carnet de la Patria, como se denomina el carnet digital, haya intervenido ZTE, la gigante china, a través de un convenio celebrado con la operadora local de telefonía CANTV  que alcanza los 2.000 millones de dólares. El “gran hermano” chino tiene en el régimen de Maduro a su hermanito menor que le admira y a quien gustaría imitar.

La supervisión de un Estado sobre la sociedad, a través de la recopilación de inteligencia, información y grandes datos, es justificada para ejercer sus potestades de seguridad, pero sólo puede hacerlo a costa de las libertades individuales. Son parte del Estado Vigilante las muy sofisticadas técnicas de reconocimiento facial para el control social del gobierno chino, que permiten, entre otras novedades, reconocer y someter al escarnio público a quienes infringen las normas. Algunos semáforos inteligentes  conocidos como skywalkers están ya ubicados en las ciudades principales chinas y permiten detectar violaciones a las normas del peatón, y exhibir el rostro y las señas de identidad de los transgresores en pantallas gigantes. "Una vez que se confirma la identidad del delincuente, su foto se publicará en una parada de autobús cerca de donde se cometió el delito" .  La reciente epidemia de Coronavirus ha develado los avances del estado de vigilancia chino que no habían sido públicos hasta ahora, como la posibilidad de medir masivamente la temperatura corporal de los ciudadanos y enviar alertas tempranas de los síntomas del virus. Las principales ciudades chinas están ya equipadas para el ejercicio de la vigilancia a gran escala, aunque aún no se hayan implementado medidas masivas. En la ciudad de Rongcheng se ha llevado a cabo una prueba piloto de control social a escala masiva. Para los estándares chinos es una ciudad pequeña, pues cuenta “sólo” 700 mil habitantes. Allí se ejerce un casi total control sobre todos sus habitantes a través de un mecanismo sofisticado de puntuaciones de crédito social, probablemente como un ensayo piloto de o que pudiera implementarse a escala nacional (Larson, 2018). Esa prueba piloto de Rongcheng tiene su par caribeño en la prueba de control de la movilidad, con el otorgamiento de unos salvoconductos que permiten salir a la calle en la populosa parroquia Catia, en Caracas. Hasta ahora la prueba de Catia ha sido poco tecnificada y ha fallado notablemente, pero la intención salta a la vista.

Son enormes las posibilidades positivas del Big Data. Cuando hacemos minería de datos a gran escala se pueden identificar patrones de conducta muy certeros, aplicados a la biología, la conducta humana y las ciencias sociales en general. En 2009, cuando el Virus N1H1 amenazaba con convertirse en pandemia, los centros sanitarios de todo el mundo tenían órdenes de tabular la información y compartirla, pero ese proceso llevaba dos semanas de atraso respecto a la realidad. Y dos semanas para un virus que se contagia agresivamente es una enormidad de tiempo. No parecía haber forma de superar esta asincronía cuando Google diseñó un modelo predictivo a partir de las 45 palabras de búsqueda que mejor correlacionaban con el brote N1H1. En función de los patrones de búsquedas se determinó en tiempo real cómo se comportaba y se desplazaba geográficamente la epidemia.

China se apalanca sobre el sistema de vigilancia tecnológica para acorralar al coronavirus, pero lo hace sobre el control social, tratando de mantener al mismo tiempo el monopolio de la información, y el aquí donde está la diferencia clave con lo ocurrido en 2009. También en Venezuela la nomenklatura madurista se ha ocupado de mantener el control de la información de una manera férrea. A semejanza del modelo chino, la lucha de Maduro contra el virus se libra más en las salas de redacción que en los laboratorios clínicos. Un muy reciente informe de la organización venezolana SNTP (Sociedad Nacional de Trabajadores de la Prensa) se titula “Pandemia de la desinformación” y refiere que, en lo referido al COVID19, “publicar información distinta o tan siquierra complementaria a la contenida en el boletín que se lee en los medios del Estado, y que replican los medios privados, le ha valido el encarcelamiento a una veintena de periodistas”.

Además el virus ha dejado en evidencia las contradicciones del sistema político chino: 10 académicos chinos pidieron libertad de expresión tras la muerte del doctor Li Wenliang , quien fuera censurado y amonestado tras haber sido el emisor de la primera advertencia sobre el virus. Cuando existe gente que teme toser en público, o gente que no puede buscar en Google sus síntomas por temor a ser localizado, se impide que el bigdata pueda convertirse en solución. Este aspecto es clave, y apunta a una incompatibilidad de fondo entre el capitalismo y el control social totalitario. Apple y Google planean lanzar este mes de Mayo una app que facilita el rastreo de contagios, siendo respetuosa de las libertades individuales . Al convertirse el coronavirus en pandemia global, pronto habrá una oportunidad de contrastar el uso del bigdata entre el modelo chino y el de Occidente.

En la acumulación masiva de datos convergen ya muchas industrias, con información acerca clientes, proveedores, servicios y operaciones.  Gigantescas bases de datos con información de movilidad, registros médicos, elecciones o impuestos, pero los reyes de la BigData vienen del análisis de redes sociales y las aplicaciones de teléfonos celulares: Google, Twitter, Facebook, el GPS de nuestros celulares, y todas aquellas apps que muchos de nosotros usamos varias veces al día con nuestros teléfonos inteligentes. Hoy China busca fortalecer el modelo de control global apalancándose sobre la pandemia, empleando un relato de superioridad tecnológica aparejada con inevitabilidad del modelo, anteponiendo la seguridad por encima de otros valores occidentales como la libertad y la equidad. Las sociedades democráticas deben estar doblemente atentas para conseguir inmunizarse contra las pandemias: tanto la del COVID, como la del absolutismo, pues quizás la posibilidad más distópica del BigData sea el totalitarismo digital.  Preparémonos para responder la pregunta de la década: ¿Qué tanta libertad estamos dispuestos a entregar a cambio de nuestra seguridad?

Este artículo fue originalmente publicado por la revista Política Exterior con el nombre Venezuela y China: la lucha por el relato en mitad de la pandemia

Sobre este tema conversaremos en la #cibertertulia del viernes 29 de Mayo 2020 "Las mascarillas no son bozales", desde el canal  http://bit.ly/e-lecciones

Las mascarillas no son bozales

 

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