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Erika Gallo
#ArgentinaElectoral: La política es la piedra que Sísifo empuja
Erika Gallo
23 NOVIEMBRE 2019 Ver más artículos publicados  Volver
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#ArgentinaElectoral: La política es la piedra que Sísifo empuja


“iba conduciendo la piedra hacia la cumbre de un monte; pero, cuando ya le faltaba poco para doblarla, una fuerza poderosa hacía retroceder la insolente piedra que caía rodando á la llanura”
Homero – La Odisea

Lo que define a los clásicos es su perenne actualidad, incluso cuando nos hablan de traiciones a los dioses y castigos eternos en el inframundo. Es el caso de Sísifo, comerciante griego con importantes vinculaciones, fundador de Corinto y sometido por las deidades a cumplir una condena que lo obligaba a cargar consigo una piedra hasta la cima de una montaña, con la inevitable mala fortuna de que la piedra caía cuesta abajo antes que alcanzara la cima con ella.

Miles de años después, el mito de Sísifo puede ser útil para pensar en la Argentina contemporánea. La asunción de Mauricio Macri a través de la alianza electoral Cambiemos en diciembre de 2015, significó la llegada del primer presidente proveniente de un Partido Político que no es ni la Unión Cívica Radical (UCR) ni el Partido Justicialista en la historia democrática del país. Con él se fundó entonces una nueva forma de hacer política: una política despolitizada.

La interpelación directa e informal al elector mediante redes sociales, la elusión de figuras y personalidades del pasado (las imágenes de los próceres fueron reemplazadas por animales autóctonos en los billetes desde junio de 2016), el mensaje de alegría y confianza como atributos necesarios y suficientes para la reactivación económica, primaron el discurso oficialista durante buena parte del mandato de Macri.

Al igual que Corinto, Argentina pareció al principio tierra fértil para el Sísifo que la había fundado, estableciendo nuevas reglas y controlando todo lo que allí sucedía. Pero vino el castigo. En el caso del griego, su rebeldía con los dioses le valió la obligación de cargar una piedra. Y en el caso de Cambiemos, por su subestimación a “las viejas formas de la política”, se vio castigado en el escenario electoral. Como la piedra de Sísifo, la política tampoco se deja doblegar.

La coalición de gobierno hizo todo por diseñar modelos, planificar posibles resultados, entablar diálogos y acuerdos sobre premisas estudiadas por técnicos de renombre. Sin embargo se olvidó de la política. El PRO, como partido dominante de la alianza, descuidó el diálogo con propios y ajenos, y actuó con la convicción de que los resultados de la gestión serían suficientes para que los ciudadanos entiendan sus bondades y los sigan eligiendo. Si la piedra era empujada con el suficiente entusiasmo, la cima sería un objetivo alcanzable.

Por ejemplo en la elección provincial de Córdoba de 2019, el presidente priorizó los resultados de las encuestas por encima de la construcción de alianzas políticas, perdiendo la posibilidad de conquistar el segundo distrito electoral más grande del país. En el ballotage presidencial de 2015 la fórmula de Macri obtuvo en Córdoba el 71% de los votos. Sin embargo, en 2019, el sello de Cambiemos ni siquiera pudo competir en las elecciones regionales de la provincia. Viejos enfrentamientos internos en la UCR (Integrante de la coalición Cambiemos) vieron la luz, y como resultado de ello no hubo acuerdo para designar el candidato que competiría por Cambiemos. La respuesta del equipo del presidente fue apadrinar al candidato que tuviera, según las encuestas, mejor imagen. El resultado fue un fracaso rotundo: no sólo que la UCR presentó dos candidatos, quebrando la alianza Cambiemos en un distrito electoral donde Macri siempre pisó fuerte, sino que los dos candidatos de la UCR sumaron juntos un 30% de los votos, contra el sobrado 57% que obtuvo el peronismo cordobés con Juan Schiaretti a la cabeza.

Aunque el conflicto entre las ramas de la UCR fue anticipado en Córdoba, no hubo una voluntad política de negociación y cierre de filas dentro de Cambiemos que le permitiera al oficialismo dar pelea ni retener el gobierno en la segunda ciudad más grande del país. Las encuestas no lograron empujar la piedra de la política.

Un escenario similar es el que se plantea en el Barrio 31 de Retiro, uno de los asentamientos informales más tradicionales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Nunca en la historia un gobierno invirtió tanto en la urbanización y la mejora en las condiciones de vida de sus habitantes como el actual. Entre 2016 y 2019, se edificaron más de 1200 viviendas que fueron adjudicadas a vecinos mediante créditos blandos, y se transformó el paisaje urbano mediante la construcción de bicisendas, escuelas, canchas de futbol, etc. No obstante, las urnas le mostraron a Cambiemos que nada de eso alcanza para construir gobierno. Si bien Rodríguez Larreta (actual jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y abanderado de la imagen cambiemista) resultó reelecto para continuar con su cargo, en el Barrio 31 el resultado fue adverso: apenas el 31% de los votos fue a Rodríguez Larreta, mientras que el candidato por el Frente de Todos, alianza que contiene a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, logró el 63%. Al igual que en Córdoba, faltó la política como elemento aglutinante de las acciones de gobierno.

Cambiemos vio rodar la piedra bajo la colina una vez más. A medida que el año electoral se fue desarrollando, el optimismo de antaño se tradujo en tensas estrategias que buscaron acortar las ventajas obtenidas por el Frente de Todos en las elecciones primarias para lograr una segunda vuelta. Para ello Cambiemos activó medidas para llevar alivio a una clase media golpeada por las sucesivas crisis económicas y devaluaciones, acordándose quizás demasiado tarde que algunas cosas sólo se ganan con política. De terminar su mandato en tiempo y forma, Macri se convertirá en el primer presidente argentino no peronista en finalizar su mandato desde 1928. Su reelección, aquello que podría haber sido una hazaña, se convirtió en una tragedia griega.

Cambiemos emprendió su última trepada a la montaña, con la esperanza de quebrar el maleficio que persiguió a Sísifo hasta el fin de sus días. Resta ver si desde su nuevo lugar de oposición logran doblegar la política, permitiéndole llegar a la cima de una vez por todas.
 

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