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Adolfo González Alemán
#ArgentinaElectoral: La tragedia de la alegría
Fito González Alemán
06 NOVIEMBRE 2019 Ver más artículos publicados  Volver
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#ArgentinaElectoral: La tragedia de la alegría

Las tragedias griegas tenían el objeto de mostrar a los hombres sus propias limitaciones. En el teatro, la literatura y la mitología enseñaban a no desafiar el designio de los Dioses y aceptar lo que a uno le ha tocado en suerte.

La Ilíada de Homero y Edipo Rey de Sófocles son ejemplos de cómo se instruía en la sociedad helénica acerca de la moral y la ética. El hombre, aún en sus pasiones, nada podía hacer contra lo que se dictaba en el Olimpo.

A los griegos les debemos no sólo el teatro, entre otras tantas, sino también la política. El hombre según Aristóteles es un Zoon Politkon, un animal político. Hacer política es lo que nos distingue del resto del reino animal.

En la antigua Grecia, la política se llevaba adelante en el ágora, que, si tuviéramos que buscar un espacio parecido en la sociedad contemporánea, podríamos decir que la plaza: ese conjunto de baldosas, bancos y bicisendas, son el ágora moderna.

La tragedia es un elemento clave en el mundo helénico para entender el desarrollo y la forma en la que se hacía política. En La Ilíada los hechos narrados, desde la ira de Aquiles hasta cuando la Diosa Hera engaña a Zeus, eran considerados como verdaderos para los griegos y parte de su legado histórico.

Es de esta manera que la política está atravesada por la tragedia. Es una herencia que occidente ha tomado de las polis del mediterráneo. Siglos después, Hobbes va describir un mundo sin política, sin pacto social sumido en el caos, el miedo constante a perder la vida. El mundo de las bestias, animales carentes de política.

No obstante, para la coalición Cambiemos que gobierna la Argentina desde diciembre de 2015, no existió la tragedia. El ágora, la plaza de Mayo en frente a la casa de gobierno fue decorada con banderas y globos del partidario color amarillo, a la espera de la revolución de la alegría. La apuesta de la coalición liderada por el PRO, un partido relativamente nuevo en la idiosincrasia del país, buscaba construir política desde la despolitización. Aquel electorado comprometido que fue a votar en el 2015 y que llevó a Mauricio Macri a la presidencia ya no tenía nada de qué preocuparse.

El presidente había armado un gabinete, el mejor equipo en 50 años, como los propios  partidarios de Cambiemos se jactaban ante la prensa, para llevar adelante la estabilización de la economía, la apertura al mundo y la modernización de todo lo arcaico que quedara. 12 años de kirchnerismo habían dejado al país aislado del mundo y pendiente de muchas reformas.

El gobierno entonces se llevó adelante desde el optimismo, se marcó un nuevo comienzo luego de más de una década entre los gobiernos de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, la pasada herencia, el cual no tenía horizonte. Nació la era de la alegría, de una confianza como nunca se había visto en la Argentina, y para que los frutos fueran abundantes era prioritario que la comunicación estuviese enfocada solo en las buenas noticias. Nada debía romper con la euforia del cambio de época.

El gobierno argentino impulsó desde el comienzo de su gestión una impronta de positivismo con un Mauricio Macri gritándole a la multitud que se había congregado frente a la Casa Rosada, la casa de gobierno, “¡los quiero!” de manera enérgica, con la primera dama a su lado siempre sonriente y la vicepresidente cantando el tema de difunta y popular artista Gilda No me arrepiento de este amor.

 

 

Aquella imagen de 2015 se contrapone con la conferencia de prensa que dio el Presidente Macri casi 4 años después, el 12 de agosto de 2019, luego de enterarse de los resultados de las elecciones Primarias en las que la fórmula Alberto Fernández – Cristina Fernández se impuso por más de 15 puntos. Un Mauricio desencajado, probablemente porque la diferencia fue mucho mayor que lo que señalaban las encuestas, le echó la culpa al electorado que había elegido volver al pasado, o así por lo menos se entendía desde la retórica Cambiemita. La retorica del optimismo chocó con la realidad.

Dos días después, el mismo Mauricio Macri dio una nueva conferencia de prensa. Esta vez fue un mensaje calmo, grabado previamente, en el que ofrece a los argentinos una disculpa por su exabrupto, justificándose en parte que no había podido dormir bien luego de la derrota electoral de ese fin de semana.

Este contraste solo puede interpretarse desde la lógica de Cambiemos, un partido político que trató de reescribir la forma en la que entendemos la política. No obstante, la coalición bien podría aprender una o dos cosas de las polis helénicas que crearon el concepto de democracia hace más de dos mil años.

A Cambiemos lo condenó la falta de tragedia, el pensar que podía esquivar los propios límites de la política y reinventarla a su antojo. Porque no se puede evitar lo inevitable, como aprendió el padre de Edipo, quien al deshacerse de su hijo se condenó a si mismo cumpliendo con lo que oráculo había profetizado. No se puede culpar totalmente al PRO por esto, sino tal vez, a la parte de la sociedad argentina anti-peronista cuyo fanatismo los llevó a considerar que la creación de mito es parte del germen populista y no una característica inherente en la historia del hombre que se ha llevado adelante desde el Siglo V a. C en las primeras polis.

¿Qué ocurrió entre 2015 y 2019? Hubo éxitos y hubo fracasos.  No obstante el gobierno se caracterizó por ser incapaz de comunicar ante la ausencia de un éxito. La gestión llevó adelante una praxis institucional que dictaba a siempre ver el vaso medio lleno. El fracaso no existía, como si el gobierno estuviera condenado al éxito.

No se puede cambiar lo que se dicta en Olimpo, y la tragedia llegó al gobierno que no quiso ver. Ahora no tiene sentido sacarse los ojos ante los eventos sucedidos, la economía que no logró hacer repuntar, y la crisis social que abrió una brecha aún mayor que la que había en 2015. Los triunfos electorales quedaron en el pasado. Lo que desde la alegría no se podía visibilizar, la tragedia lo expuso como obra central.

Foto: “Acrópolis” de Martina Aranguren
Instagram: @The.Curious.Lens

 

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