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Fernando Gonzalo
The Wall…y la identidad nacional de Estados Unidos
Fernando Gonzalo
08 FEBRERO 2019 Ver más artículos publicados  Volver
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The Wall…y la identidad nacional de Estados Unidos

Mi amigo Ernesto me dijo: “cada vez que veas pasar un americano me avisas”

Estábamos sentados descansando en uno de los amplios corredores de uno de los Centros Comerciales más grandes de Houston.   Eso fue unos pocos días antes de las Navidades.  Desde allí sentados, mientras las esposas compraban los regalos para hijos y nietos, aquel corredor pintaba un paisaje aparentemente muy contradictorio.  Estábamos en Texas, en Estados Unidos y desfilaba, ante nosotros, un rio de gente de muchas otras latitudes.  Después de largo rato, viendo lo que nos resultó un espectáculo, mi amigo y yo, coincidimos que habíamos visto allí, un escaso diez por ciento de “gringos”.  Esa experiencia puntual resultó tema de conversación en los días siguientes y se me ocurrió indagar algunas cifras sobre los ingredientes que se han fundido en el célebre “crisol de razas” con el que se ha hecho tradicional referencia a la “identidad americana”.

Entre otras. la más reciente y precisa referencia está en una publicación de National Geographic de Julio de 2018.  El reportaje en cuestión, se titula “How Latinos Are Shaping  America’s  Future”.  Desde el comienzo de su lectura, en el contexto de la experiencia que acabamos de relatar, ha estado construyéndose una idea.  Se trataría de una posible explicación al apoyo conseguido por Donald Trump, en su carrera hasta la Casa Blanca.

En los Estados Unidos vive hoy una población, llamada “Latinos”, que suma 57.4 millones de personas.  Nada menos que el 18% del total de 320 millones de habitantes.  Esa “largest US minority” se concentra en la mayoría de las principales ciudades del país:

1) en Los Angeles 5.932.000 = 45% del total
2) en Nueva York 4.770.000 = 24% del total
3) en Miami 2.573.000 = 43% del total
4) en Houston 2.355.000 = 36% del total
5) en Chicago 2.058.000 = 22% del total
6) en Dallas 1.959.000
7) en Phoenix 1.354.000,
8) en San Antonio 1.277.000 = 55% del total
9) en San Diego 1.076.000
10) en San Francisco 1.024.000. 

 

Hay otras localidades donde la “latinidad” es notoria: En Whittier, suburbio de Los Angeles de la tradicional clase media alta y “donde Richard Nixon asistió a la escuela” es ahora 66% latino.  Un ejemplo de la penetración hacia el norte es la pequeña población de Wilder en Ohio, con un 76% de latinos.  Allí los cinco miembros del “City Council” son de origen latino.  En Los Angeles, el alcalde y los líderes de ambas cámaras de la legislatura son de origen latino.

Este dinámico fenómeno de creciente latinidad y de marcadas consecuencias socio-políticas no ha pasado inadvertido para los especialistas.  Samuel Huntington (1) publicó en 2009 un libro que ha tenido gran repercusión.  Se titula WHO ARE WE?.  Antes, el profesor Huntington había publicado otros dos libros relacionados, entre otros aspectos, con la creciente movilidad internacional de personas y sus consecuencias globales.  En 1993 público “The Clash of Civilizations” y en 1996 “The remaking of world order”.

Estamos ante un fenómeno global de movimientos migratorios que no son otra cosa que la interacción de sociedades de desarrollo desigual y en algunos casos por conflictos bélicos.  Son “diásporas de comunidades nacionales que mantienen lealtad a sus patrias de origen”.  “Los inmigrantes ya no se funden en el crisol de razas”.  En sustitución del clásico “melting pot” se ha acuñado un nuevo término; “sopa de tomate” donde los ingredientes están juntos pero no mezclados. 

Se ha dicho que la cordura del grupo social descansa en la continuidad de su memoria y de sus tradiciones y que un rompimiento de esa cadena puede producir una reacción neurótica.  Habría que preguntarse si, en los Estados Unidos, la élite intelectual también esté sufriendo una reacción neurótica.  En todo caso, el sentir de buena parte de la población parece haber encontrado, en las más altas esferas, su correlato.  En ese sentido, el profesor Huntington ha dicho: “Necesitamos reafirmar los valores esenciales que nos hacen americanos.  Nada menos que nuestra identidad nacional está en juego”.  Señala que hay un auge de las ideologías multiculturalistas y que “la tercera oleada migratoria” -después de los años 60- no es europea, sino asiática y latinoamericana que mantienen lealtad a sus países de origen.

Ese “credo de valores” que constituyen la identidad nacional americana –y que estarían en juego- está basado en “la libertad, la igualdad, el individualismo, la ética del trabajo, el moralismo y la defensa de la Democracia”.  A eso se agrega que, como ha sucedido históricamente, con las sociedades más desarrolladas, los Estados Unidos se atribuyen “la calidad de términos del proceso evolutivo o modelo socio-cultural hacia donde marcharían todos los pueblos” (2).  Han heredado el convencimiento de la civilización occidental europea que se considera la corriente central de la evolución humana y que el sentido del progreso consiste en ayudar otros pueblos en su misma dirección.  En otras palabras, buena parte del pueblo americano pudiera estar intuyendo una latente desviación de su destino y una desfiguración de los valores constitutivos de su cultura e identidad nacional.  Y allí podría estar, en buena medida, la explicación del actual panorama político de ese país .... .incluída una pared (the wall) en términos ineludíbles.

En relación a lo anterior, vale la pena destacar un rasgo característico de una cultura de cierta proyección.  Es su capacidad para responder positivamente a influencias (ideas, innovaciones, costumbres), en todo caso inevitables, para adoptarlas y adaptarlas conforme a su bienestar y a su elevación cultural, sin menoscabo de su cohesión social.  Porque en cualquier caso la cultura –el entramado socio-cultural- es un activo vivo.  Es un proceso permanente de construcción de experiencias compartidas, inherentes al desarrollo humano.  Cultura –del latín cultus- significa cultivo.

Ante esa dinámica de interacción cultural natural, la sociedad americana ha sabido reaccionar en álgidas situaciones anteriores.  Sobre ellas podría escribirse abundantemente.  Me refiero, por ejemplo, a la llegada de inmigrantes en 1850 y al movimiento “Know Nothing” basado en el odio a los católicos irlandeses e italianos.

El caso más reciente de conflicto socio-cultural en Estados Unidos, y que no tiene que ver con flujos migratorios, es la contracultura Hippie, anarquista y antibelicista, de los anos 60.  Este movimiento está relacionado con la guerra de Vietnam.  Una guerra que costó 200 mil millones de dólares, 58 mil muertos y 160 mil heridos.  La juventud americana se enfrentó a sus mayores.  Se negó a ir a la guerra. La contracultura se inspiró en drogas alucinógenas -LSD- y se expresó agresivamente en la moda, en las artes gráficas y en la música especialmente. (3)

Fue una alienación de valores tradicionales rompedora de la identidad nacional y del mantenimiento del orden social.  Se promovió abiertamente el “amor libre”, modos espirituales no occidentales, el ecologísmo y el Rock contestatario.  Se llegaron a denominar “una sociedad alternativa”.

Me atrevo a decir que el heterogéneo raudal humano que, por largo tiempo, Ernesto y yo vimos pasar en un Centro Comercial de Houston, no debería inquietar demasiado a la sociedad americana.  En ese rio de gente había también representantes de la “Diáspora venezolana” como consecuencia del nefasto Socialismo del Siglo XXI.

Enero 22, 2019


(1) Las tesis de Huntington tienen una conexión con “La Decadencia de Occidente” de Oswald Spangler y con los Ciclos históricos Civilizatorios de Arnold Toynbee
(2) Walt Rostow, “Teoría del Desarrollo por Etapas” 1961
(3) En 1959 el Festival de Woodstock reunió 500 mil personas

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