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Fernando Gonzalo
Venezolanos, ir a Roma y preguntar por Bernini
Fernando Gonzalo
03 MAYO 2019 Ver más artículos publicados  Volver
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Venezolanos, ir a Roma y preguntar por Bernini

“Todos los caminos conducen a Roma” y a Roma siempre hay que volver.
 

 

El emperador Augusto –en él año 20 a.C.- hizo levantar en el Foro Romano el “Milliarium Aureum”.  Era una gran columna en la que se grabaron los nombres de las principales ciudades del imperio, indicando las distancias que las separaban de Roma.  Como se conoce hoy en día, ese era el kilómetro cero que hoy, en Madrid es “Puerta del Sol” y en París la “Ile de la Cité”.  Ese era el punto de partida y de llegada de todos los magníficos caminos del imperio; “la calzada romana”.  Esa red que permitió la vertebración y florecimiento del imperio, sirvió al final para facilitar las invasiones de los bárbaros. En el año 410 los Visigodos, comandados por Alarico saquearon a Roma.

El anhelo de todos de encaminarse hacia Roma, en tiempos del imperio, se me ocurre que es parecida a la aventura que hemos emprendido ahora, los venezolanos, hacia la libertad.  Pero esa aventura nuestra enfrenta un recorrido doloroso.  En Venezuela la red de caminos hacia la libertad ha sido destruída por los bárbaros. Y la Democracia, garante del Estado de Derecho, ha sido saqueada.  Así como a Roma siempre hay que volver, a la libertad también.  Es una aventura –no es un derrotero seguro-   hacia la libertad por falta de caminos.  Pero ella –la libertad-   no acepta extravíos.  No importa que los caminos institucionales hayan sido destruidos. La Libertad es una idea inquebrantable y su renacimiento es incontenible.

Históricamente se registra el inicio del Renacimiento en el año 1420 (1).  Habían pasado más de mil años desde el saqueo y destrucción de Roma por los bárbaros.  La institución medieval de la Comuna había sido desechada y las ciudades volvieron a florecer, a ser centros de vida urbana, de artesanías y de comercio, sustituyendo las “cortes medievales” -los “enchufados” y los “enchufadores” de entonces-    No sólo hubo un cambio en la estética artística.  También en la mentalidad de las personas.  Ahora el “hombre era el centro de todo”.  En el eje de aquel acontecimiento palpitaba un sentimiento de liberación.  Ese sentimiento hizo posible el “Renacimiento”.

Roma inició con fuerza la recuperación de su antiguo prestigio y su vitalidad.  La nueva dirigencia (2) lideró la reconstrucción.  Son un sinnúmero de obras emblemáticas las que, desde las ruinas, devolvieron su esplendor a la ciudad eterna.  Ellas abarcan desde el “Tempieto” de Bramante (1499), pasando por la “Piazza Capitolina” de Miguel Angel (1538) y los puentes sobre el Tiber de Sixto IV, hasta el inmenso legado de Bernini como “arquitecto para obras públicas de Roma”

Bernini

Ocho años después de terminada la cúpula de la Basílica de San Pedro, nació en Nápoles Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), quien también se convertiría en el último gran arquitecto de la Basílica de San Pedro.  En 1629, mientras Bernini ejecutaba el “heroico” vaciado en bronce de su “Baldacchino” (3), el jefe de las obras de la basílica en aquel momento, Carlo Maderno, falleció.  Urbano escogió a Bernini para sustituirlo, nombrándolo también arquitecto para obras públicas de Roma.  Ejerció esos cargos durante 51 años hasta que murió a la edad de 82 años.

Bernini hizo de Roma su taller de trabajo llenándolo con sus palacios, piazzas, fuentes, iglesias y esculturas.  Él le dio a Roma Piazza di Spagna con su fuente Barcaccia, Piazza Barberini con la fontana del Tritone, Piazza Navona con la fontana de los Cuatro Ríos, Piazza de la Minerva con su fantástico elefante y obelisco y remodeló el Puente Sant´Angelo.


En 1655, con la elección del Papa Alejandro VII, bajo la dirección de Bernini se cerrará el círculo de la construcción de la Basílica. Son obras como la “Scala Regia”, una de las dos fuentes de la plaza y la “Cathedra Petri” o Silla de San Pedro, “escultura de mágico esplendor barroco”.  Pero la más brillante de sus últimas creaciones es la Piazza di San Pietro y la “colonata” que la envuelve. En los diarios de Alejandro VII están anotadas las varias ideas conversadas con Bernini para la creación de una gran antesala a la Basílica o “teatro de los pórticos”.  Conceptualmente, según apuntes del Papa, la “columnata” debía enmarcar la plaza que recibiría a los visitantes como un abrazo y exaltaría la Basílica en perspectiva.  Fue necesario hacer varias maquetas para acordar la solución adoptada.  “Es un espacio del tamaño del Coliseo Romano de forma elíptica que tiene 284 columnas y 88 pilares, cada uno de 17 metros de alto”.  hay 140 estatuas de 4 metros cada una.  Es una “nube de testigos de la plaza” en el tope de los pórticos.  Cuando Alejandro VII murió, en mayo de 1667, diez años después de haber aceptado el diseño de la plaza, la “columnata” estaba casi terminada.

No sé si mi imaginación se ha desbocado... quise establecer un paralelismo entre la destrucción de Roma causada por el bárbaro Alarico en el año 420 y la infligida a Venezuela por el socialismo del siglo XXI.  Y, sobre todo, la tarea “renacentista” que nos espera en favor de nuestro país.
 

Los hombres y mujeres del Renacimiento venezolano, como Bernini entonces, están a las puertas de la Historia.

(1) 1420 es el año en que Bramante proyectó la “perspectiva” según reglas de la geometría. Treinta y tres años antes de la caída de Constantinopla y 72 años antes del descubrimiento de América en 1492.
(2) Incluido el Vaticano a partir del papa Sixto IV
(3) Palio o Dosel para cubrir el “Confessio” de San Pedro, debajo de la cúpula de 140 metros de alta.

 

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