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Fernando Gonzalo
Is Venezuelans suicide OK? (o la fuerza que impulsa al caminante de Caracas a Lima)
Feernando Gonzalo Gabaldón
31 OCTUBRE 2018 Ver más artículos publicados  Volver
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Is Venezuelans suicide OK? (o la fuerza que impulsa al caminante de Caracas a Lima)

En sus "Dos Tratados sobre Gobierno", John Locke imaginó un estado natural en el cual los individuos dependían, para subsistir, sólo de sus propias fuerzas.  Luego describió como la gente abandonó esa condición precaria y aceptó un contrato social cuya legitimidad descansa en la garantía de protección de sus ciudadanos.  A este lo llamó "estado de la sociedad civil".

En el estado de la sociedad civil, dice Charles Van Doren (1) "un asesino no puede salir libre bajo el pretexto de que él no acepta la jurisdicción y la decisión de la corte que lo juzga".... En cambio las naciones pueden y hacen eso precisamente hoy, por ello puede decirse que ellas -las naciones- conviven en una jungla salvaje internacional, donde estados forajidos, como Venezuela viola descaradamente los derechos humanos de sus ciudadanos.  El  mundo necesita hoy, más que nunca, un estado de sociedad civil entre naciones, con mecanismos capaces para obligar el cumplimiento de los derechos humanos y de principios democráticos en todo el mundo.

Esta idea de superar, entre naciones, la jungla salvaje para garantizar los derechos humanos es una muy vieja idea.  En el siglo V San Agustín lo propone en "La Ciudad de Dios" y más tarde Emmanuel Kant, en su "Perpetual Peace" (1796) propone lo mismo.

Sirva lo anterior como introducción a lo que vive hoy Venezuela ante la indecisión del resto del mundo.  Esa indecisión queda patentemente expresada en un interesante ensayo reciente de Moisés Naím y Francisco Toro titulado, equivocadamente, "Venezuela's suicide” (2).   Ese título implica, erroneamente, que el desastre que nos ha conducido al abismo es de carácter autodestructivo. La sociedad venezolana no ha querido destruirse. 

Está claro que, al  contrario del suicidio, se trata en el caso de Venezuela,  de la perpetración de un acoso sostenido en el tiempo, un asalto traicionero y una violación salvaje por parte del castrocomunismo, como hemos argumentado en otras ocaciones con abundancia suficiente (3).  En ese sentido baste aquí agregar lo dicho recientemente por Carlos Alberto Montaner: “Cuba sujeta hoy a Venezuela fuertemente por la entrepierna”.  En lenguaje criollo eso quiere decir que la tiene agarrada por donde no puede soltarse, es decir “por los testículos”.  Y, en uno de sus informes, Luis Almagro apunta que “22 mil cubanos se han infiltrado... Los servicios de inteligencia y otras ramas militares de Cuba controlan totalmente a Venezuela”.  Por otra parte, y a pesar del yugo extranjero,  la lucha del pueblo para rescatar la libertad, en todos estos años, ha sido constante y aguerrida en determinadas circunstancias. Es evidente que Venezuela no se ha querido suicidar, pero también  se ha hecho evidente que la expulsión del ejército de ocupación y del cártel del narcotráfico exige la intervención  de la comunidad internacional.  Entre líneas, el ensayo de Naím y Toro lo admite -la intervención- y al propio tiempo la niega, como tratamos de fundamentar en este artículo.

El ensayo de marras (Naím y Toro) dice textualmente: “un asalto militar liderado por los Estados Unidos no tendría problemas en derrocar a Maduro rápidamente”.  De seguidas expresa escuetamente que “lo que vendría después sería mucho peor, como lo saben muy bien los iraquíes y libanéses”. Este último pronóstico adolece de un mínimo razonamiento.  ¿Acaso los escenarios de Iraq y Líbano son, en alguna medida, similares a Venezuela y su contexto geopolítico? ¿Acaso no existen antecedentes que demuestran lo contrarios? (4)

Es importante cuestionar la manera automática con que muchos -no todos-  descartan la intervención de la comunidad internacional.  Curiosamente  acompañan el descarte con una serie de otras opciones, en contra del régimen, en las cuales, por propia confesión, no existe posibilidad de derrotar la dictadura y que ella seguramente permanecerá por largo tiempo.  Tal es el caso del ensayo de Naím y Toro.

Esto del largo tiempo es importante en todo sentido.  Quien descarta la intervención y al mismo tiempo admite que sin ella el régimen permanecerá mucho tiempo parece ignorar las catastróficas consecuencias para el país y principalmente el sufrimiento de la gente.  La dimensión del sufrimiento de la gente es de tal inhumana magnitúd que se ha convertido en una fuerza capaz de impulsar a las familias que caminan desde Caracas hasta Lima. Así de inmensa es el hambre y el sufrimiento que se padece, a toda hora, cada día que pasa….y no cesa.  Más bien crece sostenidamente bajo la ocupación extranjera.

El ensayo de Naím y Toro se contemplan otras opciones -actuaciones- para oponerse al régimen. Como decíamos antes, a ningúna de ellas le concede posibilidad alguna de éxito. Entre otras las siguientes:

  • Las sanciones contra personeros no son suficientes y destruir la economía “es redundante, el régimen lo hace eficientemente”

  • Todos saben que las negociaciones “only play into Maduro’s hands” y que “cuando los chavistas negocian es porque se están preparando para la siguiente hola de represión”.

  • Un embargo de armas global y presionar a los pocos que aún apoyan al régimen es una estrategia “con escasas posibilidades de éxito”

  • La cohorte de países (Brasil, Argentina, Chile, Colombia y Peru) “tienen nulas opciones reales contra el régimen…la diplomacia tradicional no ha funcionado…and has even backfired…. Esos países no tienen idea de qué hacer con Venezuela…es poco lo que pueden hacer”

  • Pudiera haber “un cambio de caras, pero no del sistema”. Tal cambio “sólo significaría una más estable petro-kleptocrácia  dominada desde el exterior”.

Como respuesta a los que descartan la intervención, a pesar del costo político, económico y especialmente humano que tal posición “principista” acarrea, ha habido pronunciamientos, bien fundamentados, en contrario.  Uno de ellos, a principios de año, de Ricardo Hausmann titulado deliberadamente “El día D para Venezuela”. Ese título reclama, sin complejos, la liberación de su país de la ocupación extranjera.  Otro escrito, en el mismo sentido, es “Intervención en Venezuela y la doctrina de la Guerra Justa” (e-lecciones.net).  Allí dice Edgar Cherubini: “la urgencia de detener la sistemática violación de Derechos Humanos, podría forzar a sus ciudadanos desarmados y víctimas de un Estado criminal, a clamar por la intervención de otros gobiernos en una coalición bajo la doctrina de la Guerra Justa…hipótesis que cobra fuerza a medida que se acentúa el drama”.

 

En Julio de 2017 se publicó aquí un escrito nuestro titulado “Vigencia de la Doctrina Betancourt”.  Ese escrito comenzaba con palabras del ex presidente de Venezuela.  Decía: “Regímen es que no respeten derechos humanos y violen la libertad de sus ciudadanos deben ser erradicados por  la acción colectiva de la comunidad jurídica internacional…la promoción internacional de la democracia es el único e irrenunciable medio de asegurar los derechos y la dignidad de los ciudadanos y favorecer su extensión a todos los pueblos de la tierra”.

 

(1) Charles Van Doren, “A history of knoledge”, Ballantine Pub. 1991
(2) Moisés Naím y Francisco Toro, “Venezuela’s suicide”, issue Nov.-Dic.2018 de Foreign Affairs
(3) F. Gonzalo, “Fidel director de orquesta” en e-lecciones.net, mayo 2017
(4) F.Gonzalo “Vigencia de la Doctrina Betancourt” en e-lecciones.net, julio 2017

 

 

 

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