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Daniel Zovatto
#ElSalvadorElectoral: El triunfo de Bukele: fuera lo viejo, bienvenido lo nuevo.
Daniel Zovatto
10 ABRIL 2019 Ver más artículos publicados  Volver
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#ElSalvadorElectoral: El triunfo de Bukele: fuera lo viejo, bienvenido lo nuevo.

No hubo sorpresa. Nayib Bukele, el joven y carismático candidato de origen musulmán, de la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), triunfó cómodamente en la primera vuelta del pasado domingo, con el 53.02% de los votos. El segundo lugar le correspondió al empresario Carlos Calleja, candidato de la alianza derechista Por un Nuevo País (ARENA, PCN, PDC y DS), con el 31.7%. En un distante tercer lugar se ubicó el ex canciller Hugo Martínez, candidato oficialista del izquierdista FMLN, con el 14.4%.

El candidato anti-sistema

El contexto salvadoreño fue terreno fértil para el surgimiento de un candidato anti sistema, como el mismo Bukele se autocalificó. El 34% de la población vive en condición de pobreza y el crecimiento económico es mediocre: el BM proyecta 1.8% para 2019 y 1.9% para 2020.

Según el Indice Democrático de la Unidad de Inteligencia del semanario britéanico The Economist, el régimen politico salvadoreño es una “democracia imperfecta”, cuyos partidos, según el Latinobarómetro, tienen el nivel de apoyo más bajo de toda la región (6%), A lo anterior debemos agregar altas tasas de criminalidad y de corrupción. Cabe recordar que los últimos tres presidentes (Francisco Flores, Antonio Saca y Mauricio Funes) fueron procesados por este grave delito: el primero falleció bajo arresto domiciliario; el segundo se encuentra preso cumpliendo una condena de 10 años; y el tercero se fugó y vive asilado en Nicaragua bajo la protección del régimen autoritario de Ortega.

Los indicadores de cultura política son muy preocupantes. Con 28%, El Salvador ocupa, junto a Guatemala, el último lugar en materia de apoyo a la democracia.  Tiiene , asimismo, uno de los niveles más bajos de satisfacción con la misma y el porcentaje más alto de indiferentes (entre sistema democrático y autoritario) de toda la región: 54%.

A todo ello debemos agregarle un gobierno muy desgastado, que encabeza el ex gerrillero Salvador Sánchez Cerén, como consecuencia del débil crecimiento y la falta de resultados.

Fue precisamente este caldo de cultivo el que, similar a lo que hemos visto en otros procesos recientes (México y Brasil), facilitó la irrupción de la candidatura de Bukele, quien apoyado en su carisma y juventud (37 años), su fama de gestor competente como exalcalde de San Salvador, una campaña iconoclasta con foco en la lucha contra la corrupción, y un uso inteligente e intensivo de las redes sociales, sacó provecho del profundo enojo ciudadano con los partidos tradicionales, obtuvo un triunfo aplastante y puso fin al bipartidismo que estaba vigente desde 1992. En efecto, la pérdida de votos sufrida por los principales partidos tradicionales, respecto del caudal de votos que habían obtenido en la elección presidencial de 2014, fue descomunal: 675.000 ARENA  y 1.1 millón el FMLN.   

Gobernabilidad compleja

Pese a su triunfo arrollador, Bukele, quien asumirá el 1 de junio, deberá hacer frente a importantes desafios y a una gobernabilidad compleja. Los retos económicos y fiscales son mayúsculos: aumentar el crecimiento, controlar la deuda pública (que ya repreenta el 70% del PIB), reducir el défict fiscal y, de manera prioritaria, mejorar la productividad. Sin una economía fortalecida no habrá recursos suficientes para financiar el ambicioso programa de infraestrucura prometido ni las políticas sociales necesarias para reducir la pobreza ni generar los empleos que la ciudadania demanda con urgencia. Y sin todo lo anterior, no será posible mejorar la seguridad ciudadana y detener la migración.

Para dar respuesta a las enormes expectativas creadas durante la campaña, Bukele necesita articular un plan de gobierno y ensamblar un talentoso equipo de colaboradores que genere confianza, respetar la institucionalidad y, sobre todo, construir gobernabilidad, mediante acuerdos con otras fuerzas políticas, como consecuencia del débil respaldo que tiene en la Asamblea Legislativa (GANA tiene solo 10 diputados de un total de 84); Asamblea que fue electa el año pasado para el período 2018-2021, y en la que dominan las bancadas de la oposición.

El proceso en clave regional

En el plano regional, esta elección marca el inicio del maratón electoral 2019 compuesta de seis elecciones presidenciales: El Salvador; Panamá el 3 de mayo; Guatemala el 16 de junio; y Argentina, Uruguay y Bolivia en octubre.

El triunfo de Bukele en primera vuelta, rompe con la tendencia de los competitivos balotajes que definieron las elecciones de Ecuador y Chile en 2017, y de Costa Rica, Colombia y Brasil en 2018; países en los cuales fue necesario ir a una segunda vuelta para elegir presidente.

Este resultado representa una nueva y significativa derrota de la izquierda, que debilita aún más al ALBA y que provocará importantes cambios en la política exterior salvadoreña con los regímenes autoritarios de Ortega (a quien equiparó con Somoza) y de Maduro (a quien llamó dictador) en un momento en que ambos atraviesan por graves crisis de legitimidad y un creciente aislamiento internacional. Habrá que ver, asimismo, qué impacto tendrá esta elección en los próximos comicios de Guatemala y Panamá, así como en la lucha contra la corrupción en América Central. Cabe recordar que Bukele ha prometido establecer una comisión internacional de lucha contra la corrupción similar a la Cicig de Guatemala y que ha sido muy crítico , en relación con este tema, con los presidentes Jimmy Morales de Guatemala y Juan Orlando Hernández de Honduras.

Resumiendo: el mensaje central que emerge de esta elección es una clara y firme condena al bipartidismo: “fuera lo viejo, bienvenido lo nuevo”. Pero, para dar cumplimiento a este mandato, Bukele deberá resolver una paradoja: la de un presidente que llega al poder gracias a un discurso anti-sistema y en contra de los partidos tradicionales, pero que ineludiblemente necesitará, para poder gobernar, llegar a acuerdos con esos mismos partidos a los que descalificó y derrotó, debido a que éstos son los que tienen, al menos hasta 2021, el control de la Asamblea Legislativa. Caso contrario le resultará imposible conseguir la mayoría simple de 43 votos para adoptar nuevas leyes o la mayoría calificada de 56 votos para aprobar prestamos internacionales. Tamaño desafío.

Fitch Raitings alertó esta semana que esta integración de la Asamblea Legisaltiva podría significar un mayor riesgo de polarización entre el presidente electo y el Congreso.  

Tendrá Bukele la capacidad para hacer frente a este reto? Acaba de probar que es muy eficáz ganando elecciones. Ahora debe demostrar que es igualmente competente para gobernar y cumplir con sus promesas.

Daniel Zovatto, Director Regional de IDEA Internacional
 

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