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Jordi Rodriguez Virgili
#EspañaElectoral: campañas decisivas
Jordi Rodríguez-Virgili
10 ABRIL 2019 Ver más artículos publicados  Volver
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#EspañaElectoral: campañas decisivas

El próximo 12 de abril se inicia formalmente la campaña y encaramos un proceso electoral inédito, con dos intensas jornadas electorales en apenas un mes: generales en abril y las europeas, autonómicas y municipales el 26 de mayo. El panorama se presenta volátil, incierto e imprevisible. Todo parece indicar que de las urnas saldrán parlamentos fragmentados de compleja gobernabilidad. Las elecciones se muestran más abiertas que nunca y los resultados se decidirán por pocos escaños, que a su vez dependerán de muy pocos votos.

En España se constatan distintas tendencias electorales globales. La primera, el aumento de la volatilidad del voto, es decir, los ciudadanos están más dispuestos a cambiar, aunque luego no lo hagan. En los próximos comicios puede batirse el récord de 2015 en el que uno de cada cuatro electores cambió su opción de voto durante la campaña (en las andaluzas llegó a ser uno de cada tres). La segunda, el retraso en la decisión del voto. Según los datos del último barómetro del CIS, casi un 30% de los españoles decidirán qué papeleta introducir en la urna durante la campaña e incluso un nada desdeñable 4% lo hará el mismo día de las elecciones. La aparición de nuevos partidos y coaliciones en la oferta electoral reafirma este alto porcentaje de indecisos y aumenta la incertidumbre.

En este contexto, las campañas electorales –más allá de la campaña permanente en la que vivimos- serán decisivas y con ellas las estrategias de los partidos y coaliciones. La movilización del electorado, el dato de participación, será clave para los resultados. Y aquí se corre el riesgo de saturación porque cuando se pide a los ciudadanos que acudan a las urnas de forma reiterada, el cansancio puede provocar el aumento de la abstención. En este sentido, también habrá que analizar qué influencia ejercerá la primera cita electoral sobre la segunda de mayo, tanto por la inercia del clima político como por los pactos o negociaciones que puedan iniciarse en el trayecto.

Como en toda campaña electoral, la principal disputa se centrará en la lucha por la pregunta que los ciudadanos deberán responder a la hora de elegir papeleta. Es decir, ¿de qué tratará cada una de las elecciones?, ¿cuáles serán las cuestiones sobre las que se articulará la nueva disputa política?, ¿la cuestión independentista catalana suplantará al eje Derecha-Izquieda?, ¿serán elecciones de cambio o de continuidad? Parece que dentro de los bloques con opciones de formar Gobierno, uno de los asuntos centrales será el miedo: unos acusarán a otros de pactar con quienes quieren romper España; otros, de complicidad con la ultraderecha radical y ultramontana. La táctica consistirá en señalar la versión más extrema del bloque adversario y generalizarla. Esperemos que la polarización y simplificación dejen espacio a debates más concretos sobre el futuro del país, la Comunidad Autónoma y la Unión Europea.

La aspiración de cualquier campaña es llegar al mayor número de electores posible, pero a través de una comunicación cuanto más personalizada mejor. Y esto es cada vez más viable en el actual sistema híbrido de medios, en palabras de Andrew Chadwick, donde interactúan dos lógicas: la de los medios tradicionales (la televisión y los medios impresos, fundamentalmente), por un lado, y la de los medios digitales, por otro.

Así, en el próximo mes se disparará la presencia de los candidatos en todos los canales y espacios posibles. La televisión siempre ha sido la joya de la corona electoral, el hábitat natural de los candidatos junto a las plazas y los mercados. Los periódicos impresos y las radios intentarán seguir marcando agenda. Pero gana relevancia la presencia digital. En Facebook se ahondará en la microsegmentación para anuncios y mensajes; Twitter seguirá como terreno de enfrentamiento más directo entre candidatos y partidos, e Instagram será la red más novedosa, que reforzará la importancia del vídeo, los memes y la imagen en política.

Con todo, las tendencias en comunicación electoral apuntan a las herramientas de mensajería instantánea como WhatsApp o Telegram como principal novedad. Su eficacia radica en la combinación con otras redes y su capacidad de influencia directa en los votantes. Los partidos han animado a afiliados y simpatizantes a suscribirse a listas de distribución. WhatsApp permite viralizar contenido en texto, imagen o vídeo de forma directa con gran credibilidad o cercanía (te llega por un familiar, amigo, contacto o en todo caso por permanecer en un grupo) y a su vez sirve tanto para pedir tuits o posts en Facebook sobre el tema del día como para movilizar a posibles simpatizante a eventos físicos. Y esta coordinación permite influir en la conversación pública.

Por todo lo dicho y mucho más, las campañas de 2019 serán las más decisivas de los últimos años y tan interesantes para la Comunicación Política.

Dr. Jordi Rodríguez-Virgili, profesor de Comunicación Política de la Universidad de Navarra

(Ilustración de El Confidencial)

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