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Carmen Beatriz Fernández
#VenezuelaElectoral: una maqueta de la democracia
Carmen Beatriz Fernández
11 FEBRERO 2018 Ver más artículos publicados  Volver
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#VenezuelaElectoral: una maqueta de la democracia

Varios artículos relevantes sobre qué hacer ante la coyuntura política venezolana se han escrito en estos días. Con claridad cartesiana Fernando Mires disecciona las "Opciones de la oposición venezolana". Tambien ha escrito Roberto Casanova un pertinente artículo titulado “Un presidente rebelde”, allí Casanova intenta ofrecer claves para salir del atolladero en que se encuentra Venezuela. En síntesis lo que Roberto plantea, y en eso estamos plenamente de acuerdo, es realizar unas elecciones singulares que adquieran un valor que vaya más allá de la escogencia misma del candidato único, y que se conviertan en un hecho político importante.

Tras el fracaso de los últimos esfuerzos razonables por tener condiciones electorales mínimas, hecho en República Dominicana, es imposible que la elección presidencial ofrezca condiciones competitivas y equilibradas. Será lo contrario del deber ser de un sistema electoral justo: habrá normas flexibles y un resultado muy predecible: la reelección del presidente más impopular que recuerde la historia. Sin embargo, del proceso de negociación en República Dominicana hay al menos un par de esfuerzos rescatables: el primero que en la decisión final haya privado el espíritu de cuerpo de la Unidad Democrática. Y segundo, que existan un par de documentos que hacen explícito el “deber ser” de unas elecciones, que pueden servir como buenas bases de partida.

Esa propuesta que avalaron todos los cancilleres y que el gobierno no quiso firmar puede concretarse en una maqueta de la democracia y una movilización unitaria, que se convierta en una visibilización concreta del sistema electoral que se quiere y se propone. Una maqueta electoral debe incluir la conformación de un árbitro electoral equilibrado, con experticia técnica e imparcial. En esa maqueta deben participar todos los candidatos inhabilitados y/o exiliados que deseen hacerlo. Tambien en esa maqueta debe poder elegir la diáspora, sin otro requisito que su identificación plena como registrados ante el padrón electoral. Una maqueta de la democracia necesaria debería también proponer una representación del exilio elegida en el proceso. Puede estar acompañada de observación internacional, y puede tener procesos de auditoría llevados a cabo por entidades académicas. Casanova va incluso un paso más allá, aplicar un sistema de doble vuelta instantánea en el cual el elector priorice de acuerdo con sus preferencias, a dos o tres candidatos.

Una maqueta es un montaje funcional, a menor escala de un objeto que se propone. Solemos pensar en arquitectura, cuando hablamos de maquetas, pero una maqueta de la democracia necesaria es perfectamente posible. Unas primarias amplias que diseñen el modelo que se quiere para la democracia venezolana tendrían el rol de ese "demo" a menor escala. Sería una maqueta que defina un nuevo sistema electoral, al tiempo que potencia a la figura política alternativa. Al "primus inter pares" de los muchos y muy valientes liderazgos opositores. En esa maqueta deberían participar como candidatos Henry Ramos Allup, Maria Corina Machado, Julio Borges, Claudio Fermín, Andrés Velásquez y Henri Falcón. Incluso Lorenzo Mendoza. Pero también tendrían que participar  Henrique Capriles Radonski y Leopoldo López, los líderes “inhabilitados”, pero que son hábiles como pocos para liderar. Así también podrían medirse líderes exiliados como Antonio Ledezma y Ramón Muchacho. Yendo más allá, podrían además contarse Ramírez Torres y Luisa Ortega Diaz.

La maqueta puede ser un evento vital, impactante y global; colorido y esperanzador. De alguna manera parecido a lo ocurrido el #16J, quizás el acto más importante que se haya hecho en la historia política reciente de Venezuela, pero que se aprovechó muy poco. Al respecto dice Casanova que "La formidable experiencia de la consulta ciudadana del 16 de julio del 2017 nos demostró que somos capaces de organizarnos masivamente, dentro y fuera del país, en poco tiempo, para decidir sobre asuntos colectivos"

Sabemos que la elección presidencial venezolana no será una elección convencional; sin embargo importará mucho, mal que nos pese. Será una elección hecha a la medida del traje de dictador que estrena Maduro. Una elección con los principales liderazgos del país inhabilitados, sin que puedan sufragar los más de dos millones de electores que recientemente emigraron, sin renovación ni equilibrio en el árbitro electoral, con una observación internacional no cuestionadora que disfrute las mieles del “turismo electoral” ofrecidas por unos anfitriones gobierneros. Ante ello la oposición no puede limitarse a jugar entre los barrotes de la para-institucionalidad madurista. Es necesario tener una propuesta rompedora.

En ese sentido la propuesta de la maqueta es para escoger al liderazgo, más que para participar en unas elecciones amañadas. Si se decide o no participar en ellas es un aspecto secundario. Hay razones de sobra para no participar, y activar una "Abstención activa", como la que plantea Christian Burgazzi. Pero también hay muy buenas razones para participar de forma simbólica, como mecanismo de agitación política y social. Pero lo realmente importante es que, el participar o no, sea decidido en Unidad. No será para ganar que se participe, si se decide hacerlo. Tras lo sucedido en República Dominicana resulta bastante claro que cuando la oposición a Maduro actúa en Unidad puede convertirse en un contundente hecho político. Maduro solo podrá vencer (y cada vez a mayor costo) mediante la represión. Pero jamás llegará a convencer. Ni dentro ni fuera. No puede. Y con una Unidad Democrática que actúe con el espíritu de cuerpo demostrado en República Dominicana las posibilidades de juego de la dictadura se irán minimizando progresivamente.

Hace falte escoger una figura que encarne nuestras demandas como sociedad, y que, una vez electa sea acompañada por la necesaria estructura política. Si bien es cierto que partidos políticos fuertes son necesarios en democracia, en dictadura lo son más aún. En una elección como la que veremos en Venezuela, con las preferencias políticas tan bien definidas, hace falta un buen mensaje y el correcto mensajero que conecte con las necesidades sentidas. Pero no es el marketing político lo más importante. Además de ello será vital la presencia de estructuras, la lógica y disciplina de partidos que actúe con fuerza en el control electoral. Ninguna candidatura en un régimen como el venezolano es viable si la figura no se respalda por una estructura política fuerte. Y si esa estructura de soporte dada por los partidos políticos venezolanos es legal o está ilegalizada es quizás lo de menos…

Maduro puede adelantar elecciones, puede darle un nuevo giro de tuerca al sistema electoral que ha pervertido para lograr una máquina de dominación social. Puede incluso ganar esas elecciones amañadas. Lo que nunca podrá tener es un ápice de legitimidad si la Unidad juega sus cartas como debe jugarlas. 

"El gran arma de la dictadura es nuestra desesperanza" afirma Casanova en su artículo de marras, y con ese colofón no podría estar más de acuerdo.

 

Una versión preliminar de este artículo fue publicada en La Patilla

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