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Fernando Gonzalo
La sociedad buena y el siglo de las luces
Fernando Gonzalo
15 ENERO 2018 Ver más artículos publicados  Volver
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La sociedad buena y el siglo de las luces

La gran mayoría entiende y acepta la Democracia, hoy día, descansando en dos pilares fundamentales; la libertad y la igualdad.  Especialmente en países de América Latina, a lo largo del siglo pasado, las diferentes corrientes ideológicas buscaron su clientela política con esas dos banderas.  Sin embargo, sin decirlo abiertamente se concibió la libertad -en general- contraria al logro de la igualdad.  En ese sentido, muchos pensadores, opinaron entonces que "por cada incremento en libertad, ganado en la sociedad, habría una subsecuente perdida en la igualdad y vice-versa".  Y desde allí, de una “injusticia social” imperante en la región, se construyó un andamiaje institucional proclive al gigantismo del Estado, al entorpecimiento de la sociedad civil y a la degradación de la democracia como único vehículo conocido para avanzar hacia la "Sociedad Buena".

Semejante sobre simplificación exaltada del mensaje proselitista de los partidos políticos (liberad vs. Igualdad) ha tenido fatales efectos y ha impresionado de manera enfermiza el imaginario popular.  La última y más grave consecuencia de este falso dilema se concreta hoy, de manera dramática, en la Venezuela chavista del Siglo XXI, en donde no se ofrece, a los individuos, una igualdad política y ante la ley, sino una igualdad abstracta que mitigue complejos raciales y sociales y alimente el reconcomio.  Queda sobrentendido que esa oferta de igualdad idealizada se tiene que traducir-concretar en la invalidación de las libertades públicas.

Lo más sorprendente de todo esto es lo que tendrían que escuchar, partidarios de ambos bandos (libertad e igualdad) de historiadores, científicos sociales y antropólogos: "la libertad y la igualdad están muy lejos de ser valores universales y ancestrales".  En efecto, "el concepto de comunidad y la provisión de eficiencia han sido las funciones centrales de todas las instituciones humanas desde la aparición de los primeros asentamientos humanos", hace unos seis mil años (4.000-4.500 AC).  Estas dos funciones (comunidad y eficiencia), para la ordenada estructuración de la sociedad, fueron y son legítimas para asegurar un constante y suficiente suministro de alimentos y demás necesidades económicas...y sobre ellas vamos a comentar más adelante.

El bochinche reduccionista, entre libertad e igualdad, data sólo de unos 250 años.   Su raíz se encuentra en el “Siglo de las Luces”, en la herencia de los valores de la  Ilustración, que se desarrolló a lo largo del siglo XVIII.  Esa ideología que se llamó "Enciclopedísmo" nace en la cultura de la burgesía y en su lucha contra la nobleza y el absolutísmo.  De allí su obstinación por la libertad y la igualdad –como valores únicos- en detrimento de otros valores ancestrales.

Con la explosión de la población, el colapso del comunismo y las crisis periódicas de recursos, más allá de las fronteras de América Latina, antes de finalizar el Siglo XX, los valores de la comunidad (el corporativismo) y la eficiencia estaban siendo recuperados en su justa dimensión.  Tan fue así que se llegó a decir que las grandes corporaciones (como General Motors por ejemplo) se convirtieron el "organizaciones platónicas".  Por vía de excepción, y salvando espacios políticos, en Venezuela la estatal petrolera PDVSA, en democracia, fue paradigma de meritocracia "platónica".

Sin embargo en el mundo occidental sigue resonando la pregunta: ¿Como es que, a pesar de todos los avances tecnológios y económicos, no terminamos de establecer la Sociedad Buena?   Parece haber un acuerdo en que el problema radica en que, como se han venido tratando, la libertad y la igualdad no son fines en si mismos.  Esos dos valores son más bien medios para el logro de un más alto fin; la Sociedad Buena.

Para Platón la "Sociedad Buena" es un todo "eficiente y harmónico", siendo "la eficiencia el sine qua non de la buena sociedad".  Y para Aristóteles el Estado es "una comunidad política de individuos asociados para un propósito común".  La comunidad empieza con el cumplimiento de las obligaciones familiares, luego con la de los vecinos y "singularmente con los extraños de todas las razas y naciones".  Un poco antes que ellos (Aristóteles y Platón), en China, Confucio había dejado claro que la eficiencia es "la llave" de su planteamiento filosófico que apunta a la estructuración de la sociedad.  Todo esto unos cuatrocientos y tantos años antes de la era cristiana.

En Oriente ese respeto por la eficiencia y la comunidad, con 2.200 años de tradición anterior a la Ilustración se ha mantenido desde entonces.  Japón es el más antiguo ejemplo y Singapur uno de los más recientes.  En esa pequeña isla de la península de Malaca, gobernó (de 1959 a 1990) Lee Kuan Yew.  En ese corto período, Singapur se convirtió en ¨centro de excelencia para la logística, la investigación genética, la nanotecnología y las finanzas¨.  Singapur se convirtió en la nación más prospera de la región.  Entre 1960 y 1980 su PIB per cápita aumentó 15 veces.  El bienestar material de su población y la pulcritud en el ejercicio de su gobierno son reconocidos universalmente.  Según Lee la Eficiencia es el arma más eficaz para derrotar la corrupción.  Casualmente, en estos días me tropezado con el ¨Positivismo¨ de Auguste Comte (1798-1857) quien en ese mismo sentido ya había dicho: "Una nación que no ha hecho esfuerzos para mejorar en términos materiales, tendrá poco interés en su elevación moral".  Por un momento he creído encontrar sintonía entre la ¨Eficiencia¨ de Lee y el "Orden¨ de Comte: "Orden es la condición de todo Progreso.... El Progreso es siempre el objeto del Orden....el Progreso puede verse simplemente como el desarrollo del Orden...el Progreso, por tanto, es en esencia idéntico al Orden y debe ser visto como la manifestación del Orden¨

 El valor de la "Eficiencia" que fue capital antes del ¨Siglo de las Luces¨, junto con el valor de la "Comunidad¨ deberán acompañar a la ¨Igualdad¨ y a la ¨Libertad¨ en el establecimiento de una nueva simetría y un equilibrio entre cuatro valores, todos cuatro indispensables para la construcción de la "Sociedad Buena" en todas partes y … especialmente en la Venezuela a reconstruir pronto.

Al terminar este escrito, recuerdo que una vez alguien me preguntó porque en la bandera de Brasil pone ¨Orden y Progreso¨ y yo no supe responder esa pregunta...

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