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Fernando Gonzalo
El gobierno y la dignidad de la Persona Humana
Fernando Gonzalo
14 NOVIEMBRE 2017 Ver más artículos publicados  Volver
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El gobierno y la dignidad de la Persona Humana

Antes de iniciar esta reflexión sobre la manera de gobernar y la dignidad de la persona humana, queremos adelantar la idea de que los venezolanos debemos afincar nuestra lucha en la convicción y en el dolor de que nuestra dignidad ha sido pisoteada salvajemente por el régimen.

Ningún “Proceso”, ni movimiento de masas representa el significado último y la medida de la Historia Humana.  Solo el Hombre lo es (el significado último), en tanto solo en él están investidos derechos que son inalienables, verdaderos e imperecederos. Después de ellos, todo lo demás puede estar sujeto a las demandas y pretensiones de la sociedad.  Esta es la primera enseñanza cristiana de la Historia.

En efecto, esa enseñanza comienza con “la naturaleza del Hombre: una criatura, con alma inmortal, cuyo destino descansa a través de la Historia hacia la eternidad”.  Es así como se define el origen y la naturaleza de la dignidad y la santidad de la Vida Humana.

En este sentido,  pensadores de esta corriente (Emmanuel Mounier y Jacques Maritain), coinciden en que “la política (body politic) existe para el hombre en tanto él es mucho más que un individuo….es una persona….y por tanto la sociedad, de la cual es un miembro, debe estar basada en el bien común, el cual incluye valores culturales y espirituales, así como valores materiales”.  De allí, de esa concepción de la naturaleza del hombre y de su papel como persona en la sociedad, emerge claramente el ideal democrático desde su raíz primaria.  Es decir,  “El ideal democrático tiene su origen en la palabra de Dios”.  En esa misma dirección, y en refuerzo de la dignidad de la persona del ciudadano, se argumenta que los derechos naturales del hombre son el fundamento -la partida- de todos sus derechos civiles.

En el mismo orden de ideas, pero en torno a la Revolución Francesa, como acto de liberación y transformación de la sociedad humana, Tomás Paine -pensador agnóstico- dice que es indispensable examinar y reconocer el carácter del hombre para poder saber el gobierno que le es consustancial.  Su carácter consiste, dice Paine, “en las cualidades que lo hacen lo que él es; persona”.  Sus extensas consideraciones, sobre la persona, se refieren al hombre creado y equipado por la Naturaleza para la vida social. 

Dice Paine que la Naturaleza le dio al hombre, necesidades, deseos y aspiraciones naturales mayores que sus fuerzas individuales.  “Por lo tanto ningún hombre es capaz, sin ayuda de la sociedad de satisfacer sus propias aspiraciones deseos y necesidades” y en consecuencia esos sentimientos, “actuando sobre cada individuo los propulsan a todos ellos a reunirse en sociedad…..tan naturalmente como la gravitación actúa hacia el centro de la tierra”.  Por otra parte también ha sido dotado el hombre de efectos sociales (posesiones y propiedades) no necesarios para su existencia pero “esenciales a su felicidad”.

Siguiendo su camino hacia su conceptualización de la clase de gobierno que se ajusta al hombre según su naturaleza, (esbozada anteriormente), el fundamento filosófico en cuestión, plantea lo que llama “un principio fundamental de las sociedades y la civilización”.  Según ese principio el amor, o más bien apego, por la sociedad nunca deja de actuar en el hombre.  Y es así como, de manera consensuada (¿inconsciente?) y recíproca ellos producen “millones” de canales por los que circulan millones de sus intereses.  Así es como esos flujos incesantes, dan vida -vigorizan- a la sociedad civilizada.

Habría pues que entender que esta condición -equipamiento- natural del hombre, para interactuar socialmente,  es fuente de fuerza virtuosa….”es fuerza mucho más efectiva y beneficiosa que la que el mejor gobierno pueda producir”.

En aquel momento -de la revolución-  se estaba argumentando contra el poder de la monarquía absoluta y en favor de la libertad, la igualdad y la fraternidad.  Hoy esos mismos argumentos están vigentes en el enfrentamiento de la Democracia contra la tiranía del totalitarismo en Venezuela.

De todo lo dicho anteriormente parece evidente una coincidencia capital entre la interpretación cristiana y la agnóstica sobre -más que el condicionamiento-  la determinación perfecta de la forma de gobierno que corresponde con la naturaleza del hombre…en tanto en él están investidos derechos que le son inalienables, verdaderos e imperecederos.

El totalitarismo, en su definición más abreviada, es el sistema que concentra y ejerce todo el poder en forma descarada por parte de una camarilla –“la nueva clase”- sin divisiones y restricciones y ahoga la libertad y la ciudadanía.  Eso es precisamente lo que hoy impera en nuestro país con todos los vicios actuando al unísono…una aterradora combinación de desprecio y crueldad…..el más alto grado de corrupción y un inexplicable delirio de prostitución de la verdad y la justicia.  La descarada manera cómo opera, es la prueba de que no podrá sostenerse en el poder.

Por la reconquista de la Democracia, los venezolanos debemos adelantarnos ante el mundo, con la convicción y el dolor de que nuestra dignidad está siendo pisoteada salvajemente por el régimen castrochavista.

Fernando Gonzalo

Noviembre 3, 2017

 

 

 

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