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Carlos Andrés Pérez
#ColombiaElectoral: sin ganador a la vista en 2018
Carlos Andrés Pérez
23 AGOSTO 2017 Ver más artículos publicados  Volver
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#ColombiaElectoral: sin ganador a la vista en 2018

Las elecciones presidenciales de 2018 en Colombia tienen muchas incógnitas por despejar: ¿quiénes de los casi veinte aspirantes tienen oportunidad real de llegar a la final?, ¿cuál será el issue de campaña?, ¿qué papel jugarán las recién desmovilizadas FARC?

Pocas veces en Colombia se habían tenido tantos candidatos a la presidencia de la República. La tradición hablaba de un máximo de cinco, con dos realmente opcionados. Sin embargo, las elecciones de 2018 arrancan con casi veinte aspirantes en el partido y, si bien de entrada se sabe cuáles tendrán su pase a la semifinal, no deja de ser inquietante el boom que se vive en el mundo político del momento.

Los dos partidos tradicionales (Liberal y Conservador) que hasta 1998 marcaron la pauta y determinaban quién sería el nuevo gobernante, ahora hacen parte del juego de posibles alianzas; es decir: sus posibles candidatos, si bien son dirigentes reconocidos y con amplia trayectoria, no registran en los primeros lugares en las muy tempranas encuestas que a esta altura —casi un año antes de la elección— ya publican los medios.

Por ahora la coyuntura muestra que el issue por el que podrían decantarse los colombianos a la hora de dejarse seducir por un candidato, es la corrupción: los escándalos de Odebrecht, que tocan a buena parte de los partidos, han generado un rechazo todavía más alto por la clase política y eso en teoría podría fortalecer las aspiraciones de quienes han abanderado esos temas, en particular el exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, que aunque todavía no es una figura de reconocimiento nacional, ha demostrado encuesta tras encuesta que puede crecer y ganar espacios.

De otro lado, la experiencia histórica en otros procesos de negociación con grupos al margen de la ley en Colombia ha mostrado que luego de estas desmovilizaciones se generan nuevas bandas criminales y se disparan los índices de inseguridad en las ciudades —donde se concentra el mayor número de votantes—. Esto llevaría a pensar que, tras la salida de las FARC como actor armado, con la consecuencia lógica de llegada de nuevos actores de delincuencia común, podrían incrementarse los índices de inseguridad hasta niveles determinantes para una decisión de voto. Incluso las cifras reportadas mes a mes por las grandes ciudades ya evidencian esa situación.

Entonces, indudablemente la corrupción es un issue de campaña que puede movilizar muchos votantes, pero si se pone en una balanza con la inseguridad, la reacción ciudadana podría leerse a partir de las teorías (probadas) de Abraham Maslow cuando explicaba que invariablemente se tiende a resolver los problemas más apremiantes y luego se pasa a otros que aunque sigan siendo complejos, podrían tener consecuencias menores.

En ese sentido, si al momento de elegir presidente en 2018 los dos temas son corrupción e inseguridad en las ciudades —como parece ser—, los votantes sin duda optarían por resolver el segundo. La razón: los políticos corruptos generan rechazo social, pero su accionar no tiene el efecto inmediato que sí tiene el vivir en medio de la incertidumbre de ser víctima de robos o lesiones personales; esto último es algo que destruye la tranquilidad personal.

En el tiempo que falta habrá que ver la evolución de los candidatos que tengan mano dura y cómo logran transmitir ese mensaje. Por ahora se ven dos opciones: de un lado, el exvicepresidente Germán Vargas Lleras, y del otro, un candidato apoyado por el expresidente Álvaro Uribe.

Por lo novedoso habría que considerar a las FARC como otro actor en esta contienda; sin embargo, el alto rechazo que genera en todas las encuestas, con cifras superiores al 85 %, no le augura un aterrizaje plácido en la política nacional. Tal vez en estos primeros ejercicios democráticos puedan empezar a conquistar presencia institucional en los lugares del país donde ya habían estado como insurgentes.

Si bien según la costumbre colombiana se tiende a empezar las campañas con bastante anticipación, aún faltan muchas jugadas y posibles alianzas que solo se empezarán a concretar en los tres primeros meses del próximo año. Por ahora, las cartas están echadas pero no hay juego ganador todavía.

El autor es Doctor en Ciencia Política. Este artículo fue originalmente publicado por Diálogo Político

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