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Jose Rafael Vilar
Chile 2017, con certezas e ilusiones
José Rafael Vilar
07 JULIO 2017 Ver más artículos publicados  Volver
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Chile 2017, con certezas e ilusiones

«Piñera Tiempos Mejores»

Con eslogan en positivo y marcando diferencia con la Administración Bachelet hacia adelante pero también hacia atrás, Sebastián Piñera Echenique se impuso contundentemente en las primarias de Chile Vamos —coalición de los partidos Unión Demócrata Independiente (UDI, derecha), Renovación Nacional (RN, centroderecha, en el que militó Piñera Echenique hasta asumir la Presidencia en 2010), Evolución Política (Evópoli, centroderecha) y Partido Regionalista Independiente (PRI, centro)— y marcó una gran diferencia con el otro movimiento político en primarias, el Frente Amplio.

Con 58.36%, Piñera Echenique superó ampliamente a sus dos contendores —senador independiente Manuel José Ossandón Irarrázabal (ex Renovación Nacional): 26.24%; diputado  Felipe Kast Sommerhoff (Evolución Política, Evópoli): 15.40%—, que juntos no le alcanzaron, y quedó claramente investido como el candidato de la centroderecha-derecha para las elecciones chilenas del próximo noviembre.

En la acera opuesta, los sectores más a la izquierda de la oficialista Nueva Mayoría agrupados en el Frente Amplio —integrado por los partidos Revolución Democrática (RD) y Humanista (PH), además de una larga decena de movimientos y partidos no registrados de izquierda y ecologistas— también dieron un claro candidato, aunque a mucha distancia de Piñera Echenique: la periodista Beatriz Sánchez Muñoz ganó con 67.56% de los votos emitidos en la primaria del Frente Amplio al sociólogo Alberto Mayol Miranda (32.44%). Lo relevante —al margen de denuncias, principalmente de personeros del Frente Amplio aunque también de Chile Vamos— de errores en las listas entregadas por el Servicio Electoral (Servel), lo relevante es que, previo a las primarias, se estimaba que votación de 500 mil simpatizantes sería un éxito y de 300 mil un fiasco; el resultado final fue de 327.613 votantes, lejos de los 1.417.637 que fueron a las de Chile Vamos —y que superaron la mejor expectativa de un millón, además de crecer en 600 mil sobre los convocados por la coalición de centroderecha-derecha Alianza (en general, conformada por los mismos partidos de Chile Vamos) para las primarias de 2013: 808.002— e incluso de los obtenidos por Piñera Echenique: 827.347.

Panorama hasta noviembre

Con estas primarias, las candidaturas presidenciales de los dos polos políticos quedan conformados claramente y sólo les faltaría definir sus legislativas —en el Frente Amplio hasta ahora monolítica tras Sánchez Muñoz y en Chile Vamos sólo Ossandón Irarrázabal aparentemente indeciso entre la coalición que lo llevó a primarias y la Democracia Cristiana, aunque no tiene que ser la decisión de sus votantes.

Y en el medio, la oficialista Nueva Mayoría, heredera de la coalición de centro-centroizquierda Concertación de Partidos por la Democracia —partidos Democracia Cristiana (DC, centro-centroizquierda), Socialista (PS, centroizquierda-izquierda), Radical Social Demócrata (PRSD, centro-centroizquierda) y Por la Democracia (PPD, centroizquierda)— que gobernó Chile desde el retorno a la democracia en 1990 hasta 2010 y que para 2014 se movió más hacia la izquierda-centroizquierda con la inclusión de los partidos Comunista (PCCh, marxista), Izquierda Ciudadana (IC, izquierda) y MAS Región (izquierda neomarxista), entre otros.

Para el oficialismo hay una situación inédita porque, a hoy, su panorama es con dos candidatos presidenciales y la incertidumbre de presentar una lista parlamentaria única. Incertidumbre que, con mucho, es el resultado de la ampliación, más ideológica que partidaria, de la Nueva Mayoría que, por un lado, creo crisis de pertenencia en algunos integrantes de la Concertación —sobre todo en la Democracia Cristiana— y mayor dificultad en mantener cohesionada la coalición y sus grupos parlamentarios, sobre todo en temas conflictivos de las reformas “estrella” de la Administración Bachelet Jeria. Las candidaturas presidenciales del senador sociólogo y periodista Alejandro Guillier Álvarez —apoyado por todo el bloque Nueva Mayoría excepto la DC— y la también senadora Carolina Goić Boroević, en solitario por la Democracia Cristiana.

El proceso tiene un detonante cercano: La bajada de candidatura para estas elecciones del expresidente Ricardo Lagos Escobar —representando al PPD— tras la decisión de la cúpula socialista de apoyar directamente al precandidato radical —aunque independiente— Guillier Álvarez, lo que truncaba una primaria equilibrada. Razón similar que incidió en la postulación directa de Goić Boroević, aunque también fuera motivada por la relación poco armónica dentro de la coalición desde su ampliación en 2013 y por la aducida pérdida de identidad propia de la DC dentro de la Nueva Mayoría

Lo que pude convertirse en crisis para la centroizquierda chilena —los partidos de la original Concertación— tiene un antecedente arrastrado desde 2013. La incorporación a la nueva colación de partidos de izquierda y marxistas —Comunista, Izquierda Ciudadana y MAS Región— y las posteriores posiciones más a la izquierda de socialistas y radicales fueron un factor importante de desavenencia para la DC —y, en menor grado hasta ahora, para el PPD—; otro que ha gravitado en toda la actual administración —cuya aprobación a junio pasado era de 18% y la desaprobación de 57% (CEP)— ha sido el de las reformas estructurales propuestas por la campaña de Bachelet Jeria: educativa —“educación pública, gratuita, de calidad”—, tributaria —aumentar la recaudación fiscal para financiar los cambios en el sistema educativo— y constitucional —para redactar una nueva Constitución que reemplace la vigente desde el gobierno militar. Otras tres reformas propuestas fueron las del sistema previsional, de la unión civil para homosexuales y el derecho al aborto.

La reforma tributaria fue aprobada al comienzo de su gobierno, aprovechando que necesitaba una mayoría simple. Por el contrario, la reforma educativa ha presentado permanentes tropiezos —ha avanzado parcialmente— y la reforma de la Constitución —necesitaba 3/5 de Congreso— quedó abandonada —aunque avanzó en reformas colaterales, como el fin del sistema binominal que daba espacios a la segunda fuerza en una elección (lo que beneficiará en aspiraciones legislativas al Frente Amplio pero, paradójicamente, podrá afectar sensiblemente al actual oficialismo si las tendencias hacia Chile Vamos se confirman) y la aprobación de la Ley de Partidos Políticos, así como la cuota de género en el legislativo. La reforma del sistema de pensiones está prácticamente estancada y de las otras dos no estructurales, la unión civil fue aprobada pero la despenalización del aborto sigue en discusión con objeciones de conciencia.

La ausencia de primarias en la Nueva Mayoría le restó la oportunidad perdida para aprovechar las opciones legales de campaña en la calle y la televisión en ese período, presentando sus propuestas a la ciudadanía y confrontando con los otros sectores; esta ausencia le favorecía más al Frente Amplio —destino de descontentos a la izquierda con el gobierno actual— que a Chile Vamos, que podría tener más afinidades con el electorado de la DC que con el del resto de la Nueva Mayoría. También la misma candidatura de Guillier Álvarez está en suspenso por la necesidad, aún incumplida, de alcanzar las firmas necesarias —33.493 depuradas— para registrarse como candidato independiente por no haberse registrado en ningún partido dentro de los nueve meses anteriores al plazo para presentar las candidaturas; de no alcanzarse hasta fines de julio —con dificultad tanto de la apatía del electorado (no olvidemos que Bachelet Jeria fue elegida en ballotage por el 25,57% de los electores habilitados debido a que su 62.17% obtenido  se remitía a una muy baja participación efectiva: 41,13%) como de los mayores requisitos que la nueva Ley impuso a las organizaciones políticas—, la Nueva Mayoría tendría que decidir apoyar la candidatura democristiana o, lo peor, quedarse sin candidato presidencial.

La batalla en noviembre

Hasta hoy —7 de julio—, es probable que el 19 de noviembre próximo se enfrenten por la Presidencia de Chile Piñera Echenique, Guillier Álvarez —superando el escollo de la inscripción de candidatura—, Goić Boroević y Sánchez Muñoz —éstas con pocas opciones reales—, además de otros candidatos menores —en las de 2013 se presentaron 9— pero las opciones al presente apuntan a la victoria de Piñera Echenique.

Quizás la batalla principal no esté en el primer frente sino en las legislativas, cuando se elijan 23 senadores de 50 —aumento de 12 tras la reforma electoral— para el período 2018-2026 y 155 diputados —35 más— hasta 2022.

Para la Nueva Mayoría, es crucial lo que decidan sobre llevar una lista única de candidatos parlamentarios —una figura original de dos candidatos presidenciales pero única de parlamentarios— o no porque, más allá de las avenencias o no, se calcula que la división podría llevarlos a perder hasta 20 puestos.

La definición de Ossandón Irarrázabal, aunque diste de ser decisoria para sus votantes en las primarias, pudiera darle un aire adicional al candidato que apoyo —o podría ser su fin político.

Sánchez Muñoz y el Frente Amplio, más que aspirar a victoria, su meta deberá ser afianzarse. A pesar de su discurso cercano al socialismo del siglo 21 y al trasnoche de la década del 70, su presencia en el Congreso tenderá a mejores y más amplios debates.

La relectura de su electorado por la Democracia Cristiana chilena, al margen de apartarlo de la contienda efectiva por la Presidencia y de reducirle escaños, podrá ser importante para su identidad programática.

Por último, Piñera Echenique ya siente que pasó de presidenciable a presidencial y eso le puede favorecer, tanto en cohesión de su coalición como en adhesiones —de grupos y electores. De ganar, esta vez gobernará fuera del superciclo del Big Push —aunque al final de su gestión vivió su declive— pero, a diferencia del segundo gobierno de Bachelet Jeria —en plena caída económica—, él entraría en una fase de estabilización de precios. En lo internacional, enfrentar las decisiones de la Corte Internacional de La Haya sobre sus litigios con Bolivia y mantener —o mejorar— su posicionamiento regional.

Si no hay cambios radicales, ése sería el panorama a esperar.

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