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Fernando Gonzalo
Vigencia de la Doctrina Betancourt
Fernando Gonzalo
07 JULIO 2017 Ver más artículos publicados  Volver
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Vigencia de la Doctrina Betancourt

La Doctrina Betancourt y la Doctrina Estrada.

 

“Regímenes que no respeten derechos humanos y violen la libertad de sus ciudadanos deben ser erradicados por la acción colectiva de la comunidad jurídica internacional….la promoción internacional de la Democracia es el único e irrenunciable medio de asegurar los derechos y la dignidad de los ciudadanos y favorecer su extensión a todos los pueblos de la tierra” / Rómulo Betancourt.

 

En 1973 el historiador y novelista Juan Bosch (1909-2001) fundó el Partido de la Liberación Dominicana  (PLD), el cual fue identificado regionalmente, por sus opositores, como una “mezcla de marxismo y populismo”.  Como líder de ese partido, Bosch intentó ganar las elecciones presidenciales de su país, de manera sucesiva, en 1978, 1982, 1986, 1990 y 1994.  En todas ellas fue derrotado por Joaquín Balaguer, un anciano venido de las filas del trujillismo.    Antes, en 1961, en el tope de la ola de popularidad de la revolución cubana, Bosch había sido elegido presidente.  Su mandato duró sólo siete meses.  Fue derrocado y acusado de una alianza con el régimen cubano.  Cuatro años después (24/4/65) estalló una exitosa rebelión militar, liderada por el Coronel Francisco Caamaño Deño,   para restituir en la presidencia a Bosch.  En reunión de urgencia, pocos días después, dos tercios de la Organización de Estados Americanos (OEA) apoyó la invasión de la isla para detener la guerra civil que se había desatado y  “para impedir otra Cuba en el Caribe”(apenas dos años y medio antes se había producido la “crisis de los misiles soviéticos” en Cuba). 

El Secretario General de Naciones Unidas envió un representante (el venezolano Antonio Mayobre) para negociar entre los bandos una tregua al fuego. La fuerza de paz de la OEA, que terminó sustituyendo a las tropas de los Estados Unidos, estaba compuesta por efectivos de Brasil, Paraguay, El Salvador, Nicaragua y policía de Costa Rica.  El conflicto armado había durado cuatro meses (24/4/65 al 31/8/65) cuando fue posible nombrar un gobierno provisorio que llamó a elecciones un año después. El jefe de los militares leales al gobierno anterior a la rebelión (General Elías Wessin) fue designado Cónsul en Miami y el Coronel Caamaño, jefe de los rebeldes,  como agregado militar en la embajada en el Reino Unido de la Gran Bretaña.  Posteriormente Caamaño regresó a Cuba y desde allí organizó una invasión guerrillera de su país.  Fue muerto en las primeras escaramuzas en Febrero de 1973.

Sobre este controvertido episodio, en su libro “No perdamos también el siglo XXI”, Carlos Alberto Montaner dice: “esa intervención, muy censurada en su momento, ha dado a los dominicanos el mas largo período democrático de su historia”.  Según Montaner, otras intervenciones lideradas por Estados Unidos, en la segunda mitad del siglo XX, en el área del Caribe, han tenido también resultados positivos en favor de los intervenidos (Granada 1983, Panamá 1989 y Haití 1994).

En Marzo de 1979, en GRANADA  (una pequeña isla de la Antillas menores ubicada, muy cerca, al norte de Trinidad  con una población aproximada de 100 mil habitantes) Maurice Bishop lideró un movimiento para derrocar el gobierno y establecer un "Estado Sociaista" que fue acusado de marxista-leninista.  Bishop, con ayuda cubana, inició de inmediato la construcción de un aeropuerto de proporciones mucho mas que comerciales.  Por ello se le acusó de la militarización cubano-soviética del Caribe.  Se dijo que el aeropuerto serviría de puente para el transporte de armas a los insurgentes en Centro América y actividades relacionadas con el narco-tráfico.   En  1983, rivalidades al interior del propio movimiento de Bishop llevaron a su detención y fusilamiento. El nuevo jefe de gobierno, un militar de apellido Austin,  proclamó la ratificación del "Gobierno Popular Revolucionario".   El 25 de Octubre de 1983, una alianza de la Organización de Estados del Caribe, Barbados y Jamaica, liderada por Estados Unidos desembarcaron en la isla y derrotaron una resistencia compuesta de tropas granadinas y 800 efectivos cubanos.  Se formó un gobierno interino y en diciembre de 1984 se celebraron elecciones. El aeropuerto iniciado por los cubanos fue terminado y ha servido para triplicar la llegada de turistas a la isla.  Hoy los granadinos disfrutan de amplios derechos civiles garantizados por la constitución.

La mas escandalosa de las últimas intervenciones, en un país del Caribe, es la de 1989 en Panamá.  El dictador Manuel Antonio Noriega llegó al poder en 1983 y hasta 1989  había tenido relaciones con la CIA, con Fidel Castro, con Daniel Ortega y con el narco-tráfico.  La anulación de las elecciones presidenciales de 1989 y la brutal represión de la oposición por parte de Noriega calaron profundamente en la opinión internacional.  Esas violaciones crearon un clima favorable a la intervención.  El 20/12/89 se inició la invasión y el 3/1/90 Noriega se entregó.  Posteriormente fue condenado en Estados Unidos a 30 años por narco-tráfico (relaciones con el cartel de Medellín)  y blanqueo de capitales. Recibió también condenas en Francia (2010) y en Panamá (2011) por lavado de dinero y asesinatos.  El gobierno heredero de Noriega y de la invasión tuvo que enfrentar grandes dificultades políticas y una muy precaria situación económica.  La recuperación fue lenta y dolorosa.  En abril de 2006 se presentó un plan para la ampliación del canal de Panamá y los ciudadanos lo aprobaron en un referéndum nacional con 77 por ciento del voto.  Este evento democrático condujo, en junio de 2016, a la inauguración de una gran obra de infraestructura "de la cual se sienten responsables todos los panameños".  Panamá había enderezado el camino.

De esas intervenciones, cocinadas al calor de la "guerra fría", han pasado mas de 25 años.  Ellas fueron explicadas como necesarias en defensa "del sistema eurocéntrico de civilización" que garantiza la convivencia y la paz en democracia y en contra del totalitarismo soviético de aquel entonces.  También, mas que explicadas, fueron criticadas bajo el principio (la doctrina Estrada) de la "no intervención y el derecho de autodeterminación de los pueblos".

Desaparecida la amenaza soviética en 1991, algunos entendidos alegan el surgimiento de una nueva y doble vertiente en la política exterior de los Estados Unidos: 1) “desinterés (?) por intervenir en asuntos foráneos” y 2) una perdida de la vocación de liderazgo en la defensa de la libertad y de los derechos humanos en el resto del mundo.  Se aduce que la "crisis de Haití" (1993-1996), cuando un golpe de Estado (de signo marxista) derrocó al presidente Aristide, refleja claramente ese nuevo sentimiento  aislacionista.  Por razones aún no bien comprendidas, ese mismo sentimiento a tomar distancia de los problemas internacionales, concretado en política de Estado, se venía observando igualmente en la comunidad democrática latinoamericana.  Desde ese momento se intuye (presente en el ambiente diplomático) "una ingenua superstición de que la democracia ya supero el peligro".  Esto por contraste con el mito de la revolución cubana, trastocado en el socialismo del Siglo XXI que, si activamente y desde entonces "recorre América Latina".

El peligro que amenaza la libertad y la democracia, realmente, nunca pasará del todo.  Muy por el contrario ahora en el mundo y en nuestra región especialmente, la amenaza ha cobrado una nueva dimensión.  Se trata del crimen organizado trasnacional  que se ha introducido en instancias claves de la vida de las naciones  y con fuerza en las instituciones del Estado.  El caso paradigmático es el colapso de un país petrolero como Venezuela, cuyo gobierno ha utilizado el erario público y recursos militares para respaldar la guerrilla colombiana, el narco-tráfico, el lavado de dinero y el terrorismo en sus lazos con Hezbollah en el medio oriente.

Mucho antes de que se llegara a estos extremos, en 1997, Montaner se preguntaba: "¿Que debemos hacer en Latino América si uno de los carteles colombianos liquida las instituciones democráticas de ese país e instaura un narco-gobierno?...  ¿Mantenernos en silencio e invocar el principio de no intervención?".

Al final parece claro que, aunque las circunstancias han cambiado, la práctica militante de la doctrina Betancourt constituye una obligación de las democracias.  Ella sigue siendo bandera y escudo vigentes "para asegurar los derechos y la dignidad de los ciudadanos y favorecer la extensión de la democracia a todos los pueblos de la tierra"…..y que la doctrina Estrada es retorica vacía que ya no sirve para nada.

Caracas 5 de Julio de 2017

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