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Carmen Beatriz Fernández
Holanda no fue la segunda...
Carmen Beatriz Fernandez
16 MARZO 2017 Ver más artículos publicados  Volver
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Holanda no fue la segunda...

Empezaba el año 2017, apenas poco más de un mes después de la sonora victoria de Donald Trump, y un programa de TV holandés hacía una divertida sátira política que invitaba a ser los segundos en la lista. Ante el eslogan de campaña de Trump, “America Primero”, los holandeses querían ser los segundos en racismo, xenofobia, misoginia y construcción de muros (o diques en la versión holandesa). El video se titulaba "Los Países Bajos dan la bienvenida a Trump en sus propias palabras", imitando la voz presidencial utilizaba pródigamente las frases y los temas que le hicieron epicentro de la agenda política norteamericana durante 2016, culminando con una petición a Trump para agregar "The Netherlands Second" a su lema "America First".

El video rápidamente se convirtió en viral, logrando más de 15 millones de visitas en su primera semana y llegó a superar en total los 30 millones de reproducciones. Son cifras muy considerables tomando en cuenta que ayer estaban convocados a votar 12,6 millones de electores del país. Con igual velocidad, aunque no tanto éxito, se hicieron varios vídeos parodias en todos los países europeos, en una suerte de feroz competencia humorística por “ser el segundo”, usando un mensaje que ridiculiza el lenguaje populista y xenófobo.


 

Masivamente acudieron a votar ayer los holandeses, con los mayores indices de participación de los últimos 30 años, por encima del 80%. A las 5 de la tarde de la jornada electoral la ciudad de Amsterdam y otros sectores del país se quedaban sin papeletas de votación y hubo que reimprimir a toda velocidad. Estos inusualmente bajos niveles de abstención evidencian que no se percibía ésta como una elección cualquiera. Hacía tan sólo un par de meses la candidatura de Geert Wilders punteaba en las encuestas, en un escenario electoral muy fragmentado.  La prensa le comparaba con Trump en una analogía fácil, pero no del todo adecuada. Wilders tiene un discurso fuertemente anti-islámico y antieuropeista, con propuestas de veto de la inmigración de los países musulmanes, la prohibición del Corán y la salida de la Unión Europea. Pero pese a ciertas semejanzas de estilo y mensaje, dificilmente Wilders pudiera haber armado gobierno, pues se trata de un agente libre, un político solitario, cuyas posturas son rechazadas por el resto de los actores politicos.

El parlamento escogido ayer es más fragmentado y multicolor que el que le precedió. El partido más votado es claramente el partido de gobierno, de corte liberal, y le siguen tres bloques de parecido tamaño: la Democracia Cristiana histórica, los Demócratas 66, de corte social y liberal, y el partido de extrema derecha de Wilders. Los Países bajos tienen una monarquía constitucional como régimen de gobierno y la cámara baja recién electa cuenta con 150 parlamentarios, de los que se require el acuerdo de al menos 75 para constituir gobierno. La tarea no luce fácil, pues los primeros resultados asoman que hará falta el acuerdo de al menos cuatro agrupaciones políticas para lograrlo.

Vendrán ahora días de negociaciones en los que el monarca tendrá cierta influencia política. Similarmente a lo que vivimos recientemente en España, aunque más habituados a ello, el jefe de Estado ordenará a un político que trate de formar un gobierno. La monarquía ofrece ese soporte difuso al sistema que definió hace ya décadas David Easton. El soporte difuso está ligado a la legitimidad del sistema, en forma amplia, mientras que el soporte específico está más ligado a la ejecución y la gestión, a los vaivenes de la calidad del gobierno.

La elección holandesa era la primera elección del viejo continente tras el triunfo de Trump y luego del referéndum del Brexit. Es el abreboca de dos elecciones muy importantes para la subregión: la francesa y la alemana. Tenía por ello un valor simbólico para Europa mucho mayor del que representa el país en el concierto europeo. Adicionalmente Endorgan puso la lupa sobre la elección haciendo que el tema musulmán tomase un rol más importante y la contienda adquiriera mayor carácter internacional. Aunque en teoría la intrusión de Endorgan haciendo campaña pro-musulmana podría haber favorecido a Wilders, la respuesta rápida y firme del primer ministro neerlandés, Mark Rutte, pudo en cambio beneficiar electoralmente a su partido en el agitado cierre de campaña.


Wilder no es Trump, pero si en algo se le parece es que durante la campaña el candidato extremista recibió desproprocionada cobertura comunicacional, dentro y fuera de sus fronteras. Existe una equivocada percepción entre los holandeses sobre la importancia relativa de la población musulmana dentro de sus fronteras. Sólo un 6% de la población que vive en los Países Bajos es musulmana, pero ante la pregunta “De cada 100 personas viviendo en el país, cuántos son musulmanes” los encuestados sobrevaloran la proporción y calculan 19% (IPSOS 2016). Puede Wilder ser xenófobo, populista, irresponsable e irritante, pero gracias a ello con frecuencia logra convertirse en el epicentro de la campaña. Los medios rechazan al monstruo, pero lo alimentan.

Era casi imposible que Geert Wilders llegase a estar al frente del gobierno neerlandés, sin embargo tan solo la posibilidad de que el “wild” Wilders se hiciera con la mayor de las minorías en el parlamento hizo saltar las alarmas del continente. Los resultados de ayer frenaron esa posibilidad y Wilders obtuvo un resultado sólo ligeramente mejor del había tenido en la elección anterior. Europa hoy respira aliviada, sin embargo es claro que los temas migratorios e islámicos han llegado para quedarse en las contiendas europeas.

Este artículo fue preparado para el diario económico Expansión

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