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Fernando Gonzalo
¿El triunfo de Occidente? (parte II)
Fernando Gonzalo
09 MARZO 2017 Ver más artículos publicados  Volver
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¿El triunfo de Occidente? (parte II)

 Aquí la primera parte de este artículo

 

El 11 de Septiembre (S-11) resultó un día de esplendor y de júbilo para la Civilización Occidental.  Ese día, a media mañana, se había salvado Europa.  En esa fecha histórica del 11 de Septiembre de 1683 las tropas cristianas, bajo el comando del Rey de Polonia, a las puertas de Viena, habían derrotado el mayor ejército musulmán, desde los tiempos de Saladino.  Europa se había salvado.  Trescientos dieciocho años después, el mismo S-11, se cobró venganza, cayeron las torres gemelas en Nueva York.

Todo PODER terrenal para hacerse sentir, legitimarse y poder afianzarse, debe construir y promover una propuesta cultural.  Esa propuesta cultural arrastrará voluntades y será capaz de aglutinarlas más fuertemente, en la medida de la nitidez de su mensaje. La eficacia de su convocatoria (del mensaje) también dependerá de los términos sencillos y sin ambigüedades con que se plantee el objetivo a conquistar. Puede convertirse en irresistible (el mensaje) a los ojos de una mayoría, si la convocatoria es universal y supone un elevado sacrificio colectivo.  Los medios para “conquistar ese  resplandeciente objetivo” son siempre importantes, pero, a los fines del éxito proselitista, pueden ceder  protagonismo, al objetivo mismo. Así planteado el mensaje, de esa propuesta cultural, un determinado PODER terrenal podrá haber adquirido capacidad potente (ideología política) para impulsar históricamente, un “cantar de gesta”.  Tal ha sido el caso del Islam.

Antes de ahondar en el contenido del párrafo anterior creemos pertinente anotar un par de definiciones:

1) La IDEOLOGÍA política “es un juego ético de ideales, principios y mitos de un movimiento social, clase o grupo grande que explica como la sociedad debería funcionar”, y

2) la RELIGIÓN “es un conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual….”

Todo lo dicho antes es para introducir aquí, la hipótesis (proposición razonada) de que el Islam es, primordialmente, una ideología política.  Parece evidente que el Islam, desde muy temprano y a la luz de sus conquistas territoriales, dejó de lado su razón de ser originaria y la religión terminó siendo un pretexto en favor de la consolidación de una clara ideología de dominación.  Sólo para ilustrar el punto de vista, pudiera llegar a decir que existe un paralelismo (en el tipo de mensaje, en sus aspiraciones globales y en sus métodos) entre la ideología marxista-leninista y la ideología del Islam.  Esta aseveración amerita una cierta elaboración que podríamos intentar en otra oportunidad.  Por ahora estamos en la obligación de documentar nuestro argumento; la histórica vocación del Islam por el poder y la dominación del mundo de los infieles.

Fue en el  635, apenas tres años después de la muerte de Mahoma, cuando los ejércitos de la Media Luna iniciaron LA JIHAD ("Guerra Santa"), en contra de Occidente.  En ese año de 635 d.C. se apoderaron de Jerusalén y del Santo Sepulcro.

En el año 640 conquistaron Persia, Armenia y Mesopotamia (actual Irak). Invadieron Egipto, Túnez, Argelia y Marruecos.

En el año 711, intentaron un asedio, de cinco años, sobre Constantinopla.  Por occidente, desembarcaron en la península Ibérica, se apoderaron de Portugal y España y se quedaron allí durante más de 700 años.  En el 721 pasaron a Francia. Once años duró esa campaña, en la que cayeron Burdeos y Poitier. En el año 732, Carlos Martel logró detener la invasión en el corazón de Francia.

En el 827 desembarcaron en Sicilia, conquistaron Messina y Palermo. La campaña duró veinticinco años y se quedaron allí, dos siglos y medio, hasta que los normandos del Rey Roger los expulsaron.  En el 846 llegaron a Roma, donde expoliaron las basílicas de San Pedro y San Pablo. Para librarse de ellos el Papa Sergio ll pagó altísimos tributos.  Más tarde el Papa León IV debió levantar las Murallas Leoninas.

Para entonces, ese avasallante asedio, ininterrumpido por cuatro siglos, provocó las tan vilipendiadas Cruzadas.  Ellas fueron las respuestas a cuatro siglos de invasiones. Fueron la natural contraofensiva que pretendió bloquear el expansionismo islámico en Europa.

Heredero de los árabes musulmanes fue el Imperio Turco-Otomano que, hasta el año 1700, transformo Europa en su campo de batalla preferido.  En el año 1356, ochenta y cuatro años después de la octava cruzada, los turcos islámicos se apoderaron de Gallípoli, invadieron Tracia, Macedonia y Albania, doblegaron a Serbia y  sitiaron Constantinopla.

En 1444, aseguraron su dominio sobre Moldavia y Transilvania, lo que son hoy día Bulgaria y Rumania. Finalmente, en 1453, Constantinopla se convirtió en Estambul.  El año 1456, conquistan Atenas y permanecen allí cuatro siglos.

En el  1526, Solimán “El Magnífico” cae sobre Hungría y en ese mismo año llega hasta  Austria, donde encontró tenaz resistencia. En paralelo Solimán continuó su campaña por mar, convirtiendo al Mediterráneo en feudo marítimo del Islam.

En el 1565 someten la isla de Malta y en 1571 toman Chipre.  Es entonces cuando, una alianza de España, Génova, Florencia, Turín, Parma, Mantua, Lucca, Ferrara, Urbino y Malta, triunfan y conquistan el dominio del mar Mediterráneo, en la batalla de Lepanto.

En el año de 1672, habiendo transcurrido 101 años de la batalla de Lepanto, los otomanos llegan a Polonia y en 1683 asedian nuevamente a Viena. Los pueblos cristianos, unidos consiguen la victoria el 11 de Septiembre (S-11) de ese año.  A las puertas de Viena, Europa se había salvado.

La invasión a Occidente, aún hoy, no ha terminado.  Persiste en  formas alternativas.  Una de ellas, la anunció, en 1973, el presidente de Argelia Houari Boumediene ante las Naciones Unidas: “Un día, millones de hombres abandonarán el hemisferio sur para irrumpir en el hemisferio norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos otorgue la victoria”.  Hoy, 153 millones de musulmanes viven entre la costa atlántica y los Urales. 18 millones en la UE, 35 millones fuera de la UE. En Suiza son el 10% de la población, en Rusia un 10,5%, Georgia un 12%, Malta un 13%, Bulgaria un 15%, Chipre 18%, Serbia 19%, Macedonia 30% como en Bosnia-Herzegovina.  En Bruselas, la capital de la UE, son 25% y serán mayoría en 20 años y en Marsella ahora ya son el 50%.  La familia francesa tiene un promedio de 1,8 hijos y la familia musulmana francesa un promedio de 7.8 hijos. Similares índices tan dispares de natalidad se constatan en el resto de Europa.

¿Mil trescientos ochenta años de agresividad expansionista son suficientes para confirmar la hipótesis de que el Islam es, primordialmente, una ideología política? 

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