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ENCUESTAS
¿Por qué ganó el NO?
23 OCTUBRE 2005
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¿Por qué ganó el NO?

Los Monitores Socio-Políticos Hinterlaces revelaban, desde enero hasta julio del 2004, un crecimiento progresivo, sostenido y sólido del respaldo político al presidente Chávez. Paralelamente también se incrementaba la evaluación positiva hacia su gestión de gobierno. Diez días antes del Referendo Presidencial, las cifras anunciaban que el “No” aventajaba al “SI” en 13 puntos porcentuales (54% vs 41%), una tendencia clara, consistente e irreversible.

Por otra parte, el rechazo-desconfianza hacia la dirigencia de la Coordinadora Democrática promediaba el 79%. El 51% de quienes afirmaban que votarían por el SI pensaba que “surgiría alguien nuevo” y un 37% “no conocía”, cuando se les preguntaba acerca del liderazgo que suplantaría a Hugo Chávez una vez revocado. Apenas un 11% manifestaba sus simpatías por alguno de los “líderes presidenciables” de la oposición. Mientras que el rechazo-desconfianza hacia el líder bolivariano se mantenía alrededor del 44%.

Los resultados definitivos del Referendo Presidencial reconfirman los hallazgos de más de 50 focus group y cinco encuestas nacionales (1600 entrevistas cada una) que Hinterlaces viene realizando desde Mayo del 2003, mediante una metodología que mezcla las herramientas cualitativas y cuantitativas de investigación, así como una completa renovación de los cuestionarios aplicados.

Una nueva cultura política-electoral se abre paso en la sociedad venezolana. El discurso chavista ha logrado endosar políticamente las reivindicaciones materiales de los sectores populares, es decir, la nueva estructura motivacional de los pobres conjuga ahora sus demandas de bienestar socio-económico con las de participación, inclusión política y reconocimiento social.

En este sentido, las “gramáticas y simbologías revolucionarias” le han proporcionado a la conciencia popular: identidad, cohesión y visión, así como profundos lazos afectivos, extraordinariamente eficaces desde el punto de vista político, que han cimentado un poderoso liderazgo y un sólido respaldo popular.

Más allá del impacto material de las Misiones, está el convencimiento de que el gobierno “se preocupa por los pobres”, que “Chávez ayuda al pueblo”, “tiene buenos sentimientos” y “antes nadie nos tomaba en cuenta”. Igualmente, con Chávez “podemos participar”, “ahora nos sentimos más venezolanos”, “los pobres son quienes deciden” y “los ricos tienen que respetarnos”.

Los resultados del Referendo revelan una fuerte polarización social, con inéditos ingredientes políticos y clasistas, por ambos lados. Mientras que, por una parte, los pobres ahora reivindican su condición social y sus aspiraciones de participación e inclusión política, cuando afirmaban que el NO debía ganar porque “en Venezuela hay más pobres que ricos, y los pobres están con Chávez”, las èlites venezolanas abrieron un enorme abismo entre ellas y el resto de la sociedad, perdieron la hegemonía, mediocrizaron y descalificaron a su dirigencia política, y se incapacitaron para interpretar un país emergente, con una nueva configuración cultural. Fue así como se crearon las condiciones para el surgimiento de una fuerte rivalidad social, un comprensible resentimiento y un menú de reivindicaciones que nada tienen que ver con las bolsas de comida, las becas o la “manipulación carismática”.

ANTECEDENTES

Se ha dicho tantas veces, pero ahora la afirmación es más dramática y más contundente: EL PAIS CAMBIó y (por supuesto) LOS CIUDADANOS. Los cambios son profundos, inéditos y definitivos, alterando TODA LA VIDA de los venezolanos. En el terreno político y social, las transformaciones son particularmente más nutridas, sorprendentes y penetrantes.

Sin embargo, no hemos pasado de lo que algunos llaman la “aproximación impresionística” (intuición… olfato…) o lo que es más grave aún, seguimos evaluando la situación actual con los mismos paradigmas de otras épocas y otras crisis.

A seis años de la llegada de Hugo Chávez al poder, quienes lo adversan han aprendido muy poco o casi nada acerca del nuevo país que está emergiendo e incluso se ha erosionado el know how político acumulado durante los últimos 40 años.

Los partidos políticos opositores se han enfrascado sólo en desalojar de Miraflores al jefe de Estado y no han construido un “liderazgo vinculado socialmente a la gente”.

Hace 15 años, en 1989, comenzó a crujir el andamiaje de relaciones políticas que le daba soporte a la estabilidad de la democracia venezolana. Hubo una serie de fuertes alarmas que se encendieron y que los partidos no quisieron o no supieron ver. La dirigencia política se comportó como los violinistas del Titanic.

A medida que la crisis social y económica fue avanzando, a medida que se fue expresando la crisis de legitimidad de los partidos y, cómo dudarlo, a medida que se fue mediocrizando excesivamente la clase dirigente, la política en Venezuela llegó boqueando a 1998, cuando la sociedad se volcó –más que a la antipolítica- hacia opciones no políticas, o mejor dicho, hacia opciones no partidistas.

Ante ese vacío organizacional, y dado también el grave deterioro de las instituciones, a Chávez no le quedó sino asumir el vínculo directo entre el líder y las masas, por lo que podríamos definir a Chávez como un gran populista: un líder que sustituye a las instituciones, un carisma que sustituye a la organización y un mensaje emocional que sustituye al programa.

Las dificultades que hoy afrontamos para restablecer la política en Venezuela están más vinculadas a la debilidad de la oposición para representar a la sociedad que al propio gobierno. No hay ningún partido opositor que convoque a más del 10% de electorado. En cambio, el gobierno tiene al menos un líder, Chávez; una consigna, la revolución; un color, el rojo, que identifica al MVR, un partido que tiene el 23% de apoyo; un enemigo, la oligarquía; y una promesa, la inclusión política y económica de los desposeídos.

El reto pareciera ponerse a reconstruir o a crear una o varias opciones políticas, en vez de apostar por la salida rápida. Hoy observamos la paradoja fundamental de ver a amplios sectores de la población contrarios a Chávez y a su gobierno que necesitan urgentemente ser representados por partidos para que su oposición emocional tenga eficacia política, pero al mismo tiempo rechazan a los partidos y a los políticos.

Esa relación de representatividad entre la gente y los partidos en los que deposita su confianza no se puede improvisar. Para construirla, hace falta organización nacional, legitimidad, un liderazgo vinculado socialmente a la gente, disciplina, coherencia e inteligencia.

Oscar Schémel
Director-Gerente

HINTERLACES C.A.
Agencia de Inteligencia, Estrategias y Comunicaciones

Fuente: Hinterlaces Volver
 
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