El rojo es el color político del momento en el mundo
El rechazado presagio de 2003
La izquierda no sólo avanza en Latinoamérica. En Italia, Romano Prodi abre las ventanas para que se renueve el aire usado por Silvio Berlusconi, y Nepal se apresta a una Asamblea Constituyente. Ésos y varios ejemplos muestran los nuevos vientos que corren en el planeta.
En octubre de 2002, el Instituto de Mercadotecnia y Opinión (IMO) de México hizo una encuesta multinacional en los ocho países con economías más fuertes del mundo para conocer por cuál de las dos tendencias, liberal o conservadora, se inclinaban en ese momento o apostarían en el futuro inmediato.
El estudio se aplicó en: Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Canadá y España, y además contemplaba que los encuestados, a partir de sus experiencias nacionales, dijeran cuáles eran las recomendaciones que hacían a Latinoamérica en general y a México en particular.
El resultado de las encuestas aplicadas por el IMO en las ocho naciones arrojó que Alemania, Francia, Gran Bretaña, España y Canadá estaban dirigiendo su visión política hacia la izquierda, es decir, hacia cambiar el orden establecido hasta ese momento.
Los consultados pedían a sus gobiernos más políticas sociales en contraposición a las de mercado, que estaban en auge desde principios de los 90.
Estados Unidos y Japón resultaron en el estudio ser sociedades que seguían ambicionando llevar aún más al extremo las políticas de mercado, es decir, que el curso de la historia se conservase como hasta entonces, hacia la derecha.
Cuando el IMO publicó el resultado de su investigación multinacional en febrero de 2003 en conferencias de prensa en la ciudad de México y en Madrid simultáneamente, la prensa casi no dio crédito a semejante conclusión del estudio: que el mundo cambiaría en los próximos años su visión de la política económica. Y ahora, la situación habla por sí sola.
¿Qué tienen en común Italia, Bolivia y Nepal? Al margen de ser países distantes entre sí y muy dispares, quizás nada más, podría decir el lector. Sin embargo, no sólo es eso, ya que los gobiernos de las tres naciones comparten un tronco ideológico común: la izquierda.
Y es que este año, las posesiones del presidente Evo Morales y del primer ministro Romano Prodi han dado el giro en Bolivia e Italia, respectivamente, hacia administraciones diferentes a sus predecesoras.
Así, en Bolivia, el Gobierno en menos de seis meses lanzó avances en materia social (con su plan de antianalfabetismo y la ampliación del Seguro Universal Materno Infantil), cerró tratos con sus pares de Venezuela y Cuba —como la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba) y el Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP)— que lo alejan de Estados Unidos, aparte de nacionalizar los hidrocarburos.
Y en Europa, Prodi inicia una serie de planteamientos ajenos a la agenda de su antecesor, Silvio Berlusconi, al punto de que ya anunció el retiro de las tropas italianas de Irak, asunto que causó malestar en la administración de George W. Bush, quien, sin embargo, aclaró que su aliado, hasta el momento, era una nación soberana. Similar decisión ya fue asumida en España, el año pasado, por el mandatario socialista José Luis Rodríguez Zapatero.
Nepal no se queda atrás y el nuevo primer ministro, el octogenario Girija Prasad Koirala, se apresta a cumplir los dos meses de gestión tras las revueltas contra el rey Gyanendra que dejaron más de una veintena de muertos. La oposición al monarca, considerado incluso una divinidad, contó con el apoyo de la guerrilla maoísta. Ahora Nepal se apresta a ingresar en una Asamblea Constituyente —uno de los pedidos de la guerrilla— que decidirá el rumbo de esa pequeña nación enclavada en el Himalaya.
El perfil progresista
La tendencia izquierdista es creciente, vasta dar un vistazo al menos en América Latina, donde si bien hay matices varios —lo recuerdan los analistas—, el asunto preocupa también a los organismos internacionales y hasta a los medios de comunicación de algunas potencias mundiales.
Cuba, con Fidel Castro, y Venezuela, con Hugo Chávez, son los emblemas de una izquierda más radical en la región, según los ojos de Washington. Evo Morales se adscribe en esta línea, al igual que el nacionalista Ollanta Humala, quien la anterior semana, en el Perú, sucumbió en las elecciones presidenciales ante el socialdemócrata Alan García, restando un aliado estatal a los intereses de Castro, Chávez y Morales.
Con un modelo más moderado están Argentina (Néstor Kirchner), Brasil (Inácio Lula da Silva), Chile (Michelle Bachelet) y Uruguay (Tabaré Vásquez).
Hace unas semanas, el Gobierno de Estados Unidos lanzó su voz de alerta y advirtió a la región de que debe elegir entre adscribirse a la izquierda chavista o a la propugnada por Kirchner, Lula o Bachelet.
Como sea, la lista sigue. Así, en México, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador está disputando voto a voto, según las encuestas, con el oficialista Felipe Calderón.
En Colombia, donde recientemente el presidente Álvaro Uribe arrasó en las nacionales, la izquierda se quedó en un segundo lugar, consiguiendo su mejor votación histórica, pues la coalición Polo Democrático obtuvo con su candidato Carlos Gaviria cerca de 2,6 millones de votos (en las presidenciales de 2002, el entonces aspirante de la izquierda y hoy alcalde de Bogotá, Luis Eduardo Garzón, obtuvo una votación de 680.000 preferencias). “Estamos muy contentos. Es una votación histórica para los sectores progresistas y de izquierda de este país”, aseguró Gaviria, un senador y ex magistrado de la Corte Constitucional de 69 años.
Y en Nicaragua, Daniel Ortega, el líder del movimiento sandinista que echó del poder y del país y de la historia a los Somoza, es candidato a la Presidencia por enésima vez. Ante esto, Estados Unidos ya se movilizó y su embajador en Managua, Paul Trivelli, se reunió con líderes de los principales partidos nicaragüenses de derecha para buscar la posibilidad de formar una alianza que se oponga al dirigente sandinista.
Argentina, con críticas de por medio
La corriente no gusta a todos y no sólo incomoda a Washington. El diario New York Times valoró, en enero de este año, el pago del Gobierno de Kirchner al Fondo Monetario Internacional (FMI), pero además relacionó esta cancelación a las supuestas ambiciones hegemónicas del Mandatario, que hace unos cuantos días recordó tres años de su administración con una popularidad que lo encamina hacia una cómoda futura reelección.
“Argentina todavía debe decenas de miles de millones a ahorristas privados pese a la reestructuración de la deuda de marzo (de 2005), pero los 9.800 millones que se pagan ahora son un mojón simbólico de importancia y uno de los varios gestos recientes que muestran que el presidente Néstor Kirchner parece estar concentrando más poder en sus manos y llevando su Gobierno hacia la izquierda”, indica un artículo del diario estadounidense.
Sustenta ese lugar de Kirchner en el escenario político a partir de “la alianza con el líder populista venezolano Hugo Chávez y, como peronista tradicional, al extender la función del Estado en la economía, el Poder Judicial y los medios (de comunicación)”.
Además, el periódico hace hincapié en los cambios en la política internacional argentina. “En los años 90, con Menem, las relaciones (con el Fondo y Estados Unidos) eran carnales. Pero Kirchner se mueve en la dirección opuesta, buscando el abrazo del líder venezolano, que ya es una espina en el corazón del Gobierno de Bush. Los dos hablaron del eje Caracas - Buenos Aires. Y la elección de Evo Morales, un acólito de Chávez, complica más las cosas.”
Sobre el papel presidencial en la economía, el diario recuerda que, ante la inflación galopante, “Kirchner respondió a la manera estatista, tratando de imponer controles de precios en productos esenciales. El primer caso fue en marzo, cuando pedía a los argentinos que compren ‘nada, ni siquiera una lata de aceite’ de la Shell luego de que la empresa ignorara su sugerencia de que no subieran los precios”.
Y es que, como lo dice el subcomandante Marcos, líder del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en América Latina “los de abajo están adquiriendo voz”. “¿Si ésta es la hora de América Latina? Nosotros creemos que sí, no es porque la gente de arriba nos esté dando señales, sino porque los de abajo están adquiriendo voz y rostros que hasta entonces no tenían”, dijo el jefe rebelde encapuchado.
En Latinoamérica “hay procesos de resistencia que se están convirtiendo en referentes de la organización de otra sociedad. En Brasil, Venezuela, Bolivia y Chile siempre ha habido gente de abajo, que ahora tiene visibilidad, pero resulta que han estado allí desde hace mucho tiempo”, apuntó.
“Ni Lula, ni Chávez, ni Kirchner, ni (el candidato izquierdista mexicano Manuel) López Obrador, ni Tabaré, ni Evo van a poder enfrentarse —si tienen la decisión de enfrentarse— al afán depredador del capital, si no hay un pueblo que los está respaldando”, señaló Marcos en referencia a gobernantes de la región y a uno de los aspirantes a la Presidencia de su país.
¿Y en el viejo continente?
En Europa, al margen de Italia, el rechazo a una Constitución Política común de parte de los franceses es considerado, según varios analistas del viejo continente, como un triunfo de la izquierda.
Preguntados por si votarían “sí” o “no” en caso de una nueva consulta, un 52 por ciento de los sondeados opta por el “no”, contra un 48 por ciento que responde afirmativamente.
En el referéndum del 29 de mayo de 2005 el texto fue rechazado con el 54,67 por ciento de los sufragios. Una encuesta publicada la semana pasada por el diario Le Parisien reveló que al igual que hace un año, el “no” arrasa entre los menores de 30 años (59 por ciento), los obreros (58 por ciento) y los empleados (61 por ciento), mientras que los mayores de 65 años, los miembros de profesiones liberales y los directivos son los más favorables al “sí”.
Políticamente, el “no” es mayoritario en la izquierda (52 por ciento) y extrema izquierda (69 por ciento), mientras que el “sí” lo es entre los simpatizantes del partido conservador gobernante UMP (65 por ciento) y de la centroliberal UDF (56 por ciento).
Mientras, según otro sondeo realizado por TNS-Sofres, un 82 por ciento se declara favorable a la construcción europea, pero aún así un 53 por ciento se siente ante todo francés y sólo un seis por ciento ante todo europeo.
El 64 por ciento considera que Francia ha quedado debilitada en el seno de la Unión Europea desde el referéndum, contra un 21 por ciento convencido de que más bien ha salido reforzada. (JEACH)
La nueva “guerra fría” en Latinoamérica
Washington, alarmado por el ascenso de regímenes de izquierda o el asentamiento de grupos terroristas en la región, ha decidido ampliar su base de espías e informantes a lo largo y ancho de América Latina, informa el diario colombiano El Tiempo.
“Estamos fortaleciéndonos en lugares en los que no hemos estado (recientemente), donde habíamos dejado que las cosas se atrofiaran desde el fin de la Guerra Fría —en América Latina y África—”, dijo el director de Inteligencia, John Negroponte, a cargo de la coordinación de las labores en esta área de las diferentes agencias como la CIA y el Pentágono.
Esta expansión al parecer fue ordenada por el presidente de EEUU, George W. Bush, y en particular se enfoca en “Inteligencia Humana”, que consiste en el reclutamiento de espías entre ciudadanos de otros países y el envío de nuevo personal estadounidense.
El diario colombiano El Tiempo estableció una expansión de las operaciones de interceptaciones de comunicaciones a través de aviones y submarinos.
Recientemente, el periódico The New London Day reportó el envío de un submarino nuclear, el USS Virginia, en una misión de espionaje en “apoyo de la guerra contra el terrorismo” por la región.
La nave, que cuenta con capacidad para lanzar misiles Tomahawk y hasta operaciones de unidades comando de los “Navy Seals”, estuvo navegando durante 90 días por el Caribe.
“Esta historia es increíble. Construimos un submarino a un costo de 2.400 millones de dólares con capacidades que hacen recordar la Guerra Fría y la primera misión que se le asigna es ir a Sudamérica para interceptar conversaciones vía celular”, criticaba poco después William Arkins en el diario estadounidense The Washington Post.
El plan de George W. Bush, que emana de los fracasos en Inteligencia previos a los ataques del 11 de septiembre y a la recolección de información falsa sobre armas de destrucción masiva en Irak, busca robustecer el aparato de Inteligencia estadounidense en el exterior durante los próximos cinco años.
Algo entendible. Pero la pregunta que muchos se hacen es de dónde surge este renovado interés de Bush por “infiltrarse”, precisamente, en América Latina.
La respuesta, según expertos, es mucho más sencilla de lo que parece. Desde la perspectiva estadounidense, en la región están confluyendo factores que han hecho prender las alarmas: petróleo, presencia de grupos terroristas islámicos en la triple frontera (Paraguay, Argentina y Brasil), el giro a la izquierda que ha tomado casi una decena de países, la creciente influencia de naciones como Irán y China y la función del presidente venezolano, Hugo Chávez.
Estados Unidos, dice Adam Isacson, del Centro para la Política Internacional, había perdido el apetito por la región luego de que su comunidad de Inteligencia se viera envuelta en una serie de escándalos en los 90.
Las relaciones con Manuel Antonio Noriega, ex hombre fuerte de Panamá, y los nexos con Vladimiro Montesinos durante el mandato de Alberto Fujimori en Perú dejaron a agencias como la CIA muy desacreditadas. Pero también estaba, especialmente, el caso de la abogada estadounidense Jennifer Harberry en Guatemala. Su esposo, un guerrillero, había sido torturado y asesinado por agentes al servicio de la CIA.
“Ese caso generó gran revuelo, pues implicaba a un ciudadano de Estados Unidos. Nadie entendía que culminada la Guerra Fría aún se tuviera ‘bajo contrato’ a este tipo de personas. Luego de varios meses de protestas y tras la intervención del Congreso, la administración de (Bill) Clinton optó por cambiar de política, cortando nexos con las redes de informantes que mantenía la CIA”, dice Isacson.
Pero en los últimos seis años, como dice Negroponte, la película cambió radicalmente.
Otra prueba de la preocupación de Washington y su interés por ganarse a América Latina para occidente es una iniciativa a través de la cual intenta vincular a países de la región, entre ellos Colombia, con la Organización del Atlántico Norte.
Por el momento se barajan diversas alternativas, como promover un asiento permanente para este grupo de países con poder de voto o una especie de vocería en la organización.