IBEROBAROMERO 2005:
Fidel Castro, Hugo Chávez y Luiz Inacio Lula da Silva, las figuras más destacadas en Iberoamérica
Los tres mandatarios de izquierda de la región destacaron en el ‘Barómetro Iberoamericano de Gobernabilidad’, que se realiza desde hace 13 años.
A la pregunta ¿Cuál considera usted que es el líder más importante de América Latina?, en los 17 países (incluyendo España y Portugal, y sin contar a Cuba y Puerto Rico), los encuestados dieron su voto por los tres presidentes. Solo en uno de los países, República Dominicana, no mencionaron a Lula.
Lo siguen Vicente Fox (México), con menciones en cinco países distintos al suyo; Álvaro Uribe (Colombia) y Ricardo Lagos (Chile), con dos cada uno, y Néstor Kirchner (Argentina), con una.
En el estudio (que se realiza cada año sobre la manera como los iberoamericanos ven a sus gobernantes), participan empresas encuestadoras de opinión de cada uno de los 18 países (incluyendo a Puerto Rico) y es coordinado en Colombia por el Centro Nacional de Consultoría.
Las explicaciones de la preferencia por los presidentes de Cuba, Venezuela y México podrían ser diversas. Van desde los rasgos que caracterizan a cada uno –la longevidad en el poder de Castro, la inmensidad del Brasil que conduce Lula y la original manera de expresarse de Chávez– hasta la posibilidad de que los hayan elegido por tratarse de tres personajes que han puesto como eje de su discurso la lucha contra la pobreza.
En un continente inundado de necesidades, ellos interpretarían la máxima del escritor argentino Jorge Luis Borges, según la cual: en América Latina la esperanza es un deber.
¿Hemisferio izquierdo?
Pero de fondo, la encuesta deja al descubierto una nueva realidad del continente: la aceptación que está teniendo la apertura de una brecha con aires izquierdistas en el otrora sólido bloque pro Estados Unidos.
El llamado por algunos ‘eje Castro-Chávez-Lula’ ha contribuido a que se produzcan acontecimientos como el bloqueo al ALCA, la irrupción y fortalecimiento de instituciones como Mercosur y la Comunidad Suramericana de Naciones y la primera reunión de los países de la región con la Liga Árabe –en mayo en Brasilia–.
El último episodio se concretó el viernes: Washington, que siempre ha llevado la batuta en la elección del secretario general de la OEA, tuvo que doblegarse ante el candidato propuesto por este ‘eje’, el chileno José Miguel Insulza (ver sección Internacional).
Hace apenas dos días Chávez viajó a Cuba para abrir una sucursal de la poderosa petrolera estatal venezolana (Pdvsa) y otra del Banco Industrial de Venezuela, en La Habana.
Esta alianza ha comenzado a ser observada por diversos actores internacionales. Algunos, como Estados Unidos, lo ven con mucha preocupación. El ex secretario de Estado Adjunto de los Estados Unidos para Latinoamérica, Otto Reich, dijo el pasado jueves en Miami que es “urgente derrotar el eje Castro-Chávez”.
La misma secretaria de Estado, Condoleezza Rice, en su visita este miércoles a Colombia, aunque reiteró su preocupación por el caso Venezuela, hizo extensivo su inquietud: “Hemos estado preocupados acerca de la estabilidad de la región”, le dijo en entrevista exclusiva a Citytv.
Al parecer mortificado de esta tendencia en el continente, el presidente Álvaro Uribe sorprendió en Medellín hace 10 días al calificar como “artificial” la división de la región: ''Pienso que a América Latina no la podemos dividir en un bloque de izquierda contra unos gobiernos de derecha (…) porque todos los países están comprometidos con las reglas de la democracia”.
El fenómeno no ha pasado desapercibido para el Fondo Monetario Internacional. “Muchos países latinoamericanos están mostrando que un cambio en el Gobierno de un lado del espectro político al otro no ha producido un cambio en la estabilidad macroeconómica básica, y ese es un gran paso hacia delante para América Latina", dijo Rodrigo Rato, su director.
Esta percepción de Rato es confirmada por las positivas cifras de crecimiento de la mayoría de las economías latinoamericanas.
No tan bien en ‘casa’
Lula tiene el mayor promedio de reconocimiento en el exterior, pero esa percepción cambia sustancialmente cuando se examina su situación interna.
Entre agosto del 2003 y mayo del 2005, el presidente brasileño perdió 16 puntos en el ‘ranking’ de apoyo de sus gobernados. Bajó del 66 al 50 por ciento.
En respaldo interno a su gestión, Lula solo supera el promedio latinoamericano en la lucha antiterrorista (43%, mientras el promedio es 33%), pero se raja con respecto a los estándares de la región en educación (11, sobre 44 que sacan en promedio los países), salud (5 sobre 39), estabilidad política (17 sobre 37), corrupción (4 sobre 28), seguridad (6 sobre 28), desempleo (7 sobre 23) y manejo de la economía (23 sobre 39).
Estas calificaciones de sus gobernados llevan al brasilero a ocupar el puesto 13 entre los 18 mandatarios.
Chávez, en cambio, es el fenómeno contrario. Entre mayo del 2004 y mayo del 2005, el presidente venezolano ganó 40 puntos en aprobación de su labor. Dio un salto del 25 al 65 por ciento. Es el caso más sorprendente de recuperación de imagen en la encuesta.
Los venezolanos le reconocen hoy a su presidente un gran acierto en el manejo de los distintos sectores (ver gráfico), que parece explicarse, entre otras razones, por el increíble crecimiento de la economía en el 2004 (18%), como resultado del aumento en los precios del petróleo –que le ha permitido girar miles de millones de bolívares a su popular programa de ‘misiones’ sociales–. El crecimiento ha sido muy evidente, teniendo en cuenta que su país venía de uno de los años más críticos en el 2003 cuando se presentó una tasa negativa (-9,7%).
En la escala de los mandatarios latinoamericanos, según el respaldo de sus gobernados, Chávez ocupa el puesto 8 entre 18.
De Castro el estudio solo refiere su reconocimiento como líder en todo el continente, pero nada dice de la situación interna de su Gobierno. No obstante se sabe de las limitaciones políticas y económicas que los cubanos padecen desde hace varias décadas como consecuencia del régimen.
Los más populares
De acuerdo con la calificación que cada país le da a su respectivo presidente, el escalafón latinoamericano es comandado por dos mandatarios elegidos este año: Leonel Fernández (83%) y Tabaré Vásquez (80%).
Los casos más llamativos por el apoyo sostenido de sus gobernados después de amplia permanencia en el poder son Néstor Kirchner, de Argentina, (con 77%, elegido en el 2003); Ricardo Lagos, de Chile, (con 76%, elegido en el 2000) y Álvaro Uribe (con 71%, elegido en el 2002), que ocupan los puestos 3, 4 y 5 de la clasificación (ver gráfico). En los tres casos se registra un alto reconocimiento a la forma de actuar de los mandatarios con respecto a los problemas de sus países y una cota positiva de fortalecimiento institucional.
Otros países que presentan un panorama positivo de gobernabilidad son España, Portugal y Puerto Rico: tanto sus líderes como sus instituciones y las respuestas a los problemas críticos de cada país sobrepasan el promedio general.
Los peores
Ecuador, Perú y Guatemala aparecen con los más bajos niveles de gobernabilidad. En todos ellos se detecta escaso liderazgo de sus gobernantes, resultados precarios en su gestión y alta desconfianza en las instituciones.
El estudio –cuyo trabajo de campo se hizo antes de la caída del presidente Lucio Gutiérrez, la semana pasada– casi vaticinaba lo que finalmente ocurrió. Apenas un 19 por ciento de los ciudadanos apoyaba a Gutiérrez y en ninguno de los principales problemas la respuesta del mandatario lograba un respaldo ciudadano que se acercara al promedio latinoamericano.
¿Y Uribe?
El caso de Álvaro Uribe es singular. El mandatario ocupa el puesto 5 entre los 18 y la calificación de los colombianos le permite ser el único que supera el promedio latinoamericano por su respuesta a los problemas del país.
Uribe, no obstante, presenta una tendencia a la baja en la aprobación de los colombianos a su gestión. Entre agosto del 2003 y mayo del 2005, perdió 9 puntos. Pasó del 80 por ciento al 71 por ciento. Pero tal vez, esto no sea tan diciente –pues Uribe ha demostrado una capacidad de recuperación de imagen en otra encuestas–, sino el hecho de que registra también una pérdida de apoyo en el manejo de los principales problemas del país.
El presidente del Centro Nacional de Consultoría, Carlos Lemoine, coordinador general del estudio, dijo que es posible que el presidente Uribe haya llegado al punto de quiebre en la aceptación de los colombianos a su gestión de Gobierno y atribuyó la tendencia a la baja al hecho de que sus propuestas han “perdido robustez”.
Más allá de los aspectos puntuales de cada país, la encuesta pone sobre la mesa, para el debate, las cifras de un momento especial de transición de América Latina que sin duda seguirá ocupando la atención del continente en general.
EDULFO PEÑA
Redactor de EL TIEMPO
http://eltiempo.terra.com.co/poli/2005-05-01/ARTICULO-WEB-_NOTA_INTERIOR-2055410.html