COLOMBIA: Alonso Salazar, de la izquierda y la literatura al gobierno

Habla el recién posesionado Secretario de Gobierno de Medellín, autor de ‘No nacimos pa semilla’ y de un premiado libro sobre Luis Carlos Galán.

Alonso Salazar, autor del clásico sobre violencia No nacimos pa semilla y de la biografía de Luis Carlos Galán, El profeta en el desierto, ganador del Premio Planeta de Periodismo este año, se inaugura como funcionario público. L.D. encontró a un hombre maduro que dice que si la guerrilla es de izquierda, él ya no lo es y que “las urgencias del país nos han colocado en un lugar pragmático: seguridad, vida y pan, para luego discutir modelos sociales más completos”.

Salazar, de 42 años, recién posesionado como Secretario de Gobierno de Medellín, no es un funcionario que pase desapercibido: es autor de un libro convertido en referencia para entender la violencia colombiana: No nacimos pa semilla abrió los ojos del país sobre qué estaba ocurriendo con los jóvenes de la Comuna Nororiental de Medellín. Acaba de publicar otro libro importante, El profeta en el desierto, que reconstruye los últimos días de Luis Carlos Galán intercalando, en fluida narración periodística, citas en las que habla de la familia del caudillo, de la militancia política y esotérica de su padre, de su paso por EL TIEMPO, del nacimiento y desaparición del Nuevo Liberalismo, de cómo fue el romance con el amor de su vida, su esposa Gloria, de la forma como educaba a sus hijos. Salazar logra poner todas las piezas del rompecabezas de Galán y mostrar un hombre de carne y hueso con pasiones y temores, con virtudes y debilidades, con cavilaciones y dudas.

Este hombre, que viene de la izquierda, de los movimientos estudiantiles de los ochenta –muchos de sus amigos terminaron en la guerrilla– tiene algo de lo que carecen muchos de su generación y perfil ideológico: pragmatismo político. Sin pena afirma: “Todo trabajo social sin cambio del Estado es inútil”. Hoy tiene un discurso que dista mucho del lenguaje contestatario y radical que debió practicar hace dos décadas: cree en la necesidad de fortalecer las Fuerzas Militares y de darle a su ciudad la posibilidad de insertarse en la globalización. Habla de que “el Estado debe consolidar su autoridad en todo el territorio”. Pero no ha perdido sensibilidad social. Es una buena mezcla, al igual que Lucho Garzón, entre pasado de izquierda y presente de centro. Tiene mucho que decir del proceso con los paramilitares y una posible negociación con la guerrilla. Ha conversado con los jefes de ambos bandos. Una figura con futuro político que dará mucho que hablar.

¿Cómo llegó a ‘No nacimos pa semilla’?

El tema me escogió. Estaba en la zona nororiental de Medellín haciendo trabajo comunitario desde el 84, cuando empezó a desatarse esa vacaloca de la violencia. Esos jóvenes guerreros que desafiaban el poder pero que también se mataban entre ellos, llegando hasta límites nunca imaginados. Decidí hacer memoria de esa realidad.

¿Por qué?

Porque en Medellín vivimos repeticiones cíclicas de lo mismo. Cambiamos de nomenclaturas, narcotráfico, milicias, paramilitares, pero la mentalidad es la misma: unos desafiando la sociedad y un Estado incapaz de regular la vida social.

¿Cómo ve al Gobierno?

Le ha dado una ruta de esperanza al país. Especialmente la confianza de que puede recuperar algunos elementos de seguridad. Sin embargo, existen algunos errores demasiado notorios del Gobierno que lo han desgastado: el ministro Londoño, el Referendo, que resultó ser una herramienta poco útil.

¿Qué le falta al presidente Uribe?

Una política social clara, lo mismo que permitir mayores posibilidades de solución negociada al conflicto. Mayor claridad en los procesos que ya se están desarrollando. No ha tenido capacidad de vender el proceso con las autodefensas.

¿Qué le sobra?

Soberbia.

¿Y lo bueno?

Coherencia, unidad de mando, un Estado dispuesto a combatir la corrupción. Y el espíritu indeclinable de que, pase lo que pase, el Estado tiene que controlar el territorio.

El proceso con los paramilitares. Le va a tocar manejarlo como Secretario de Gobierno de Medellín ¿Cómo lo ve?

Ese proceso es responsabilidad del Gobierno Nacional. El municipio lo que ha ofrecido es una cooperación colateral. Desde luego, en la sociedad hay incertidumbres, hay que estar vigilantes. Falta una comisión de verificación que dé confianza y que sea un factor de control porque aquí no se da el caso de frentes regulares, sino que es un conflicto diluido en toda la ciudad. Entonces hay que hacer un seguimiento sobre el terreno, en los propios barrios. El proceso tendrá éxito si ellos se reinsertan, pero si nosotros logramos que el Estado consolide su autoridad y se convierta realmente en regulador de la vida social.

¿Perdón y olvido para los ‘paras’ que han cometido delitos atroces?

La sociedad tiene que buscar un equilibrio: optar por la lógica de no perdón o aceptar que para dar paz hay que construirla sobre algún nivel de impunidad. ¿Cuánta? Debe ser un consenso que la sociedad construya.

¿Dónde está ese punto de consenso?

Revisando tanto a los mandos de la guerrilla como a los de las autodefensas, será muy difícil encontrar quiénes no estén involucrados en crímenes de lesa humanidad. Lo que hay que empezar a trabajar es el tema de la verdad y la reparación moral y económica; y las posibilidades de aplicar sanciones dentro de las cuales no descartaría la cárcel.

¿El proceso debe tener una Comisión de la Verdad?

Sí. El propio Carlos Castaño, que era un poco renuente a eso lo ha aceptado, empezando por comisiones regionales. Es la propuesta que ha hecho y me parece interesante. En Antioquia queremos desarrollarlo, discutirlo con todos los sectores y empezar ese trabajo. Queremos hacer un recuento de ese conflicto y tratar de establecer responsabilidades.

¿Comisiones Regionales de la Verdad, para qué?

La superación de la violencia tiene dos dificultades. La primera que haya conciencia social sobre los sucedido. Desafortunadamente hemos preferido echarle tierra a todo. Creo, en cambio, que la sociedad tendría que tener una especie de monumento vivo para los muertos. Aquí en Medellín se sacrificaron 50 o 60 mil jóvenes en unos 15 años y eso no lo pude olvidar una sociedad. Los sacrificaron narcotráfico, guerrillas y grupos paramilitares. Otro problema es el perdón judicial. Si es posible depende de los sistemas que se han llamado de alternatividad penal.

Castaño, Mancuso, Don Berna haciendo política, ¿Está de acuerdo?

Sería bueno y saludable que esas posiciones de lo que se llama extrema derecha de las autodefensas puedan expresarse. Es mejor que lo hagan políticamente y no que tengan que acudir a la opción violenta. Cada caso habrá que evaluarlo. Solo los fiscales pueden, sobre la base del acuerdo que se llegue a establecer, si tal o cual quedaría o no con derechos políticos.

¿Ha hablado con los jefes paramilitares?

Sí, a lo largo de mi trabajo periodístico he hablado en distintas ocasiones con dirigentes de guerrillas y paramilitares. En este caso me ha sorprendido la claridad que manifiestan los jefes, concretamente Castaño, sobre la urgencia de desmovilizar sus hombres por dos razones que argumenta: la primera que es un fenómeno de criminalidad que puede crecer por malos caminos. Unas autodefensas que se contaminan de delincuencia o narcotráfico es un grave problema, dice. También ha dicho que en el nuevo esquema del Estado colombiano con el presidente Uribe y su vocación de autoridad, las autodefensas pueden hacer más daño que bien, porque son un factor de deslegitimación del Estado.

¿Qué sentimiento le quedó después de hablar con ellos?

La sensación de que son personas que tienen intereses genuinos de generar un espacio de paz y convivencia. Que están cansadas de este conflicto tan largo y que tienen hoy tropiezos grandes para lograr sus objetivos, como es el tema de los solicitados en extradición por E.U. Es la gran piedra en el zapato en este proceso. Pero pensaría que se les puede creer.

¿Negociación también con la guerrilla?

Claro. Desde la Alcaldía, manteniéndonos dentro de las regulaciones nacionales, estamos dispuestos a ser facilitadores en conversaciones también con la guerrilla.

¿El narcotráfico sigue vigente?

Vivito y coleando. Se cumple la ley de que los narcotraficantes son derrotables, pero el narcotráfico no.

¿No hay solución entonces?

No depende solo de Colombia. Mientras el marco jurídico internacional no evolucione, Colombia no tiene más remedio que combatir drásticamente las organizaciones del narcotráfico y toda la criminalidad a su alrededor. La solución de mediano plazo podría ser una flexibilización internacional de la legislación sobre droga.

¿Legalización?

Hay distintos modelos, pero no puede ser que Europa, por ejemplo, ande flexibilizando el mercado del consumo, que una droga sea ilegal hasta entrar en un coffe shop en Holanda, pero que al mismo tiempo mantengan a los países productores en la lógica de la represión, que ya se ha mostrado no es eficaz. La otra solución a largo plazo es que las drogas que aquí producimos, que son finalmente las perseguidas, se vuelvan inútiles porque se produzcan sustitutos y se afiance el mercado de drogas producidas en el norte: que marihuana, coca y heroína pasen a un segundo nivel.

¿A corto plazo no hay solución en Colombia?

No la veo. Hay decisiones que tomar. Que el Estado siga combatiendo el delito, que trate de buscar solución al conflicto que es el que más correlacionado está con la droga.

¿Es el narcotráfico el gran avivador de guerrillas y ‘paras’ por igual?

Sin duda. Hay dos experiencias que muestran que quienes no entraron al negocio del narcotráfico perdieron relativamente la guerra: el Eln y el Bloque Metro de las autodefensas. El Eln ha mantenido distancia con el narcotráfico y desde ahí empezó su gran debilitamiento militar. Al contrario de las Farc, que se articularon al negocio y que han tenido el mayor crecimiento militar cuando menos opinión social favorable han tenido. Y en el caso de las autodefensas, uno de los bloques que se decidió distanciarse del narcotráfico, perdió la guerra precisamente por no tener fuentes de recursos.

Conflicto armado, ¿cuándo y cómo cree que se va a solucionar?

Tengo la impresión de que en un período no mayor a 15 años Colombia podría dar un salto muy significativo en la medida en que logre consolidar un Estado más transparente y democrático y en la medida en que las Fuerzas Armadas dejen de ser un reino independiente y estén realmente al servicio de las políticas oficiales.

¿Qué debe ocurrir en estos 15 años para que se supere el conflicto?

Lo más importante es seguir avanzando en el fortalecimiento del Estado. No solo en lo militar, sino en lograr un Estado transparente que se legitime ante los ciudadanos, que la gente acate. Que se controle la corrupción. Las Fuerzas Armadas deben continuar enraizándose en la población. Deben tener conciencia de que el respeto de derechos humanos y civiles tiene ganancias. Se necesitaría también que los sectores más politizados de la guerrilla entiendan que estamos caminando hacia un laberinto sin salida que podría perdurar por décadas en las selvas, pero que la posibilidad de ser fuerza política y de cambio está en las ciudades. Por último, una sociedad que opte realmente por el Estado.

Alonso Salazar en política, ¿dónde se ubica?

Tuve mis orígenes en la izquierda, en los movimientos universitarios de los 80, en la Universidad de Antioquia.

¿Apoyó la lucha armada?

Nunca tuve ese temperamento. Muchos amigos se fueron a los movimientos armados. Sin ser del Partido Comunista, vi con buenos ojos la Unión Patriótica. Pero lo que he hecho en realidad es una militancia social en las ONG.

¿Izquierda o centro?

Veo los parámetros de izquierda o derecha muy diluidos. Veo la guerrilla que es la representante original de la izquierda en políticas tan reaccionarias que si eso es izquierda, entonces yo no lo soy. Estoy quizás por el centroizquierda. Pero las urgencias del país nos han colocado en un lugar muy pragmático. Es decir, seguridad, vida y pan, para luego discutir modelos sociales más completos.

¿Partidos o movimientos independientes?

El escenario ideal es el de partidos políticos. Pero veo la situación muy compleja. Nosotros discutimos eso. ¿Para dónde continuar luego de nuestro éxito electoral? La legislación hace cada vez más difícil que existan movimientos regionales frente a los nacionales. Pero hoy en los partidos tradicionales no hay ninguna opción. Queda el Polo Democrático. Es una mezcla interesante pero hay que esperar a que se decante. Colombia va a entrar en una fase de reagrupamientos.

¿Le gusta el Polo?

Es muy importante que el Polo se afiance y haya por fin una izquierda que toma distancia de la lucha armada. Me parece trascendental que Lucho Garzón haya ganado en Bogotá.

¿A quién le gustaría ver de Presidente?

El país va a tener un abanico interesante de candidatos: Antonio Navarro, me parece que ha demostrado mucha capacidad de conciliación, ha ayudado a madurar la izquierda. Peñalosa me parece excelente candidato. Veo a los conservadores en situación crítica. Pero no vería mal que Fernando Londoño los representara.

Por Ricardo Santamaría.

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